Daniel Sánchez Arévalo reivindica el poder de unión de la música y el folclore en ‘Rondallas’
Un día, el productor Ramón Campos (responsable de éxitos como El caso Asunta y películas como Un año, una noche) le enseñó a Daniel Sánchez Arévalo (director de Azuloscurocasinegro o Primos, entre otras) un vídeo que se había hecho viral en YouTube. Ambos son amigos desde hace tiempo, pero no habían trabajado juntos. El vídeo mostraba una rondalla de Santa Eulalia de Mos. Como casi todo el mundo fuera de Galicia, el cineasta desconocía lo que era una rondalla.
En aquellos minutos, vio a decenas de músicos, con trajes tradicionales, gaitas, panderetas, percusiones e instrumentos formando y tocando. Pero lo que más le llamó la atención fue que en vez de canciones tradicionales, hicieron una versión del Thunderstruck de AC/DC. “Te juro que me quedé loco, se me puso la piel de gallina”, recuerda Sánchez Arévalo desde la redacción de elDiario.es. Cuando acabaron de ver el vídeo, Ramón Campos le lanzó el guante: “¿Por qué no hacemos una película sobre esto?”.
La hicieron y se ha estrenado en este comienzo de 2026. Rondallas es una película que bebe de la comedia social británica y que muestra ese contexto gallego de percebeiras, paro y muertes en el mar, pero siempre desde la empatía, la unión y la sonrisa que provocan esas rondallas en las personas que las conforman. Y esa era la idea del director, mostrar “esa sensación de comunidad, de sentirte parte de algo por amor a la tradición y a la música”. “Me enganchó muchísimo la energía que desprendían, el buen rollo, lo divertido que era. Y pensé: 'Hostia, me gustaría hacer una peli que transmitiera esta misma energía'”, explica Sánchez Arévalo.
Rondallas se convierte en un mensaje hasta político. La unión y la amabilidad en tiempos de malismo, como diría Mauro Entrialgo. Y además, como reivindican músicos como Rodrigo Cuevas o el director de orquesta Yannick Nézet-Séguin en el reciente Concierto de Año Nuevo, demostrando que la tradición puede mirarse desde la modernidad. Que el folclore y la tradición no son sinónimo de valores rancios o nostálgicos, sino que pueden empujarse en direcciones que abran nuevas posibilidades.
La referencia al cine social inglés no es casualidad. Sánchez Arévalo cita como claras referencias Full Monty y Tocando el viento, además de la francesa El gran baño, “películas con un carácter abiertamente popular, que son cine familiar, pero adulto a la vez”. Había en aquel vídeo otra cosa que le enganchó, y es que la actual directora de la rondalla era una chica de 19 años. Su historia se ha convertido en la de la joven a la que interpreta Judith Fernández, que junto a Fer Fraga son las revelaciones de un reparto capitaneado por Javier Gutiérrez y María Vázquez, y que tiene a un magnífico Tamar Novas como gran contrapunto cómico y robaescenas de la función.
Sánchez Arévalo ha rodado en Galicia. Con rondallas reales. Con percebeiras reales. En la auténtica lonja. Subraya que incluso fuera del montaje final han quedado partes “muy documentales con las que queríamos capturar la belleza que hay ahí”. Una decisión que también ayudó a encontrar la verdad a un director “madrileño de sangre cántabra”. Por ello “la primera decisión fue que todo el cast fuera gallego”. “Pero después el 90% del equipo son gallegos. Y yo les dije: ‘Si veis cualquier cosa que no os cuadra, por favor, decídmelo. No os cortéis, no os calléis. Decídmelo todo porque quiero que los gallegos abracen la peli y que los gallegos se sientan orgullosos, se sientan representados’”. Tras los primeros pases en Vigo, vieron que la gente sentía suya la película y se sintieron tranquilos.
Hay que estar muy en contacto con la vida, con lo que sucede alrededor, para no perder el foco. En ese sentido creo que me va a ayudar mucho ser padre de una hija de cinco años
En Rondallas juega con los tonos, como siempre le ha gustado. Podría definirse como una comedia dramática, o un drama con toques de humor. Por ello el equilibrio de tonos, pues con un personaje como el de Tamar Novas, que se va más a la comedia, era complicado, así que “había que encontrar el punto en el que este personaje te parezca tierno, divertido, gracioso, pero no pasarte de rosca”. Una “línea muy, muy delgada” que se mantiene en sus filmes, en los que intenta “no forzar la comedia y no forzar el drama”. Por eso reivindica esos géneros. “Vengo de rodar un thriller, mi primer thriller, y ya te digo yo que es mucho más fácil que rodar una comedia o un drama”, añade con humor.
Igual que hizo en Azuloscurocasinegro, donde nos descubrió a Quim Gutiérrez, Marta Etura y Raúl Arévalo, o La gran familia española, donde hizo lo mismo con Patrick Criado, aquí apuesta también por dos rostros casi desconocidos. Algo que es casi marca de la casa: “Cuando pienso en mis historias creo que hay una parte de mí que, a lo mejor no es del todo consciente, pero que sí que busca un poco esa combinación de tener actores como muy consagrados y dar el testigo a chavales, gente joven, con talento. O no tan joven, pero con un talento desbordante y que no le han dado un vehículo para poder demostrar su talento. A mí eso, efectivamente, es algo de lo que luego siempre saco mucho pecho, porque me siento muy orgulloso de que en mis cinco pelis, siempre ha habido actores nominados en la categoría de interpretación Revelación en los Goya. Espero que en esta también pase”.
Este año se cumplen 20 años desde aquel deslumbrante debut, y en estas dos décadas han pasado muchas cosas, por eso Sánchez Arévalo intenta nunca perder el pulso de lo que ocurre en la calle, para que sus historias no parezcan escritas desde una atalaya de alguien que no pisa la calle. “Es verdad que vas cumpliendo edad y hay que estar muy en contacto con la vida, con lo que sucede alrededor, para no perder el foco. En ese sentido creo que me va a ayudar mucho ser padre de una hija de cinco años y ver cómo ella va viviendo las cosas y lo que va sucediendo en su entorno. Lo peor que puede hacer un cineasta es aislarse. Ahí es donde empieza una muerte lenta del cineasta, si te aíslas en tu atalaya y no miras alrededor”, señala.
Por eso se rodea siempre de amigos a los que les pide sinceridad absoluta cuando les muestra los primeros montajes de sus filmes. Un ejercicio de sinceridad para mantenerse otros 20 años escribiendo sin perder el pulso a la sociedad.
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