El último amor de Lorca que no sale en 'La bola negra'
Verano de 1936. Un poeta e intelectual de renombre quiere que el hombre al que ama le acompañe en un viaje que tiene que realizar a México. Pero hay un problema. Su amante tiene 19 años. Le falta uno para la mayoría de edad y necesita el permiso de su familia para salir del país.
El joven decide escribir una carta a su padre para que se lo dé, sabiendo que no va a ser de su agrado, y que seguramente no lo va a aceptar. A punto de introducir el sobre con la petición en el buzón, es su enamorado el que le detiene. Quiere evitarle el conflicto, no quiere que le rechacen en su casa. Adiós a México. Ambos se quedan en España, y el intelectual aprovecha la tesitura para viajar a su casa, a Granada.
“No llores, dos meses se pasan volando”, le dice al joven cuando se despide de él en la estación madrileña de Atocha. Jamás volvieron a verse. El poeta era Federico García Lorca. El joven, Juan Ramírez de Lucas, su último gran amor, que conservó sus diarios y cartas, dejándolos a su familia en una caja fuerte, con la petición de que no salieran a la luz hasta después de su muerte. “No te dejes llevar por la tristeza”, le escribió el poeta en la última correspondencia suya que se conserva, del 18 de julio de 1936. Un mes después, fue fusilado tras el golpe de Estado que provocó el inicio de la Guerra Civil.
Juan Ramírez de Lucas falleció en 2010. Y ahora, alcanzado 2026, el director Manuel Menchón ha rescatado los archivos y armado con ellos el documental La voz quebrada que, tras su paso por el Festival de San Sebastián, se estrenará en salas el próximo 16 de octubre.
“La historia de Federico y Juan es una metáfora de los silencios de este país”, explica el director a elDiario.es, que descubrió la existencia de su relación investigando para su anterior película, Palabras para un fin del mundo (2020), que giraba en torno a la muerte de Miguel de Unamuno. “Juan se sentía culpable del asesinato de Lorca porque es consciente de que se tendrían que haber ido a México”, comenta sobre el motivo por el que el a la postre escritor y crítico de arte no quiso que se supiera que había mantenido una relación con el poeta hasta después de su muerte.
La bola negra, la película de Javier Ambrossi y Javier Calvo que llegó a los cines el pasado viernes, también ahonda en la figura de Lorca y en otro de sus romances, Rafael Rodríguez Repún. El ingeniero y futbolista que fue secretario del grupo teatral La Barraca, interpretado en el filme por Miguel Bernardeau.
La voz quebrada aporta más material inédito sobre el poeta, gracias a unos negativos encontrados en la casa del historiador Gonzalo Menéndez Pidal, que muestran a un Lorca sonriente, asomado a la parte trasera de una furgoneta sonriendo, y actuando con La Barraca.
La noticia de la muerte de Lorca
Manuel Menchón explica que durante el proceso de investigación que llevaron a cabo para La voz quebrada buscaron información que cotejara los testimonios de Juan Ramírez.
Así, localizaron una carta manuscrita de un amigo de Federico García Lorca, fechada en julio de 1936, hablándole sobre el escritor, así como el periódico de Albacete en el que apareció por primera vez la noticia del entonces supuesto asesinato del poeta. Todavía no estaba confirmado, pero en sus escritos, Juan explica que fue su hermano el que se lo dijo: “Creo que han matado a Lorca”, tras leer el titular del diario. Desde entonces, le aprisionó un intenso dolor que tuvo que sufrir en silencio.
“Murió mezclado con los revoltosos”, terminaría diciendo Franco después de que H.G. Wells, que había conocido al poeta granadino en Argentina en un congreso celebrado en 1933, escribiera un telegrama preguntando por él. El periodista y escritor británico presidía en ese momento la PEN International, una organización de poetas, ensayistas y novelistas fundada en 1921 con el objetivo de estrechar lazos entre autores tras el final de la I Guerra Mundial.
Tras la muerte de Lorca, Juan Ramírez de Lucas se fue al frente junto a su hermano, que era sanitario, para ayudar al ejército republicano. Concluida la guerra, se alistó como voluntario de la División Azul, antes de desarrollar su carrera como escritor y crítico de arte. En especial sobre arquitectura, en ABC y en la revista Arte y Cemento de Bilbao.
Uno de los episodios más conmovedores de los que se revelan en el documental es que, años después de la muerte de Lorca, Juan Ramírez de Lucas acabaría visitando como periodista su residencia, la misma desde la que el poeta escribió su última carta. Era 1978, tenía 61 años. Nadie supo aquel día que él no era un visitante 'más'.
Lorca, un mito con sexualidad e ideología
Manuel Menchón ha tomado en su documental prestadas las voces de Álvaro Morte, Francesco Carrill, Pedro Casablanc, Verónica Sánchez, Víctor Clavijo, María Galiana y Alberto San Juan, para dar vida tanto a Lorca y a Juan, como a las distintas figuras cuyos textos también aparecen en la película.
También ha querido dar importancia dentro del largometraje al posicionamiento político del poeta que, si bien no militó en ningún partido, escribió sobre ello en sus obras, lideró cartas de intelectuales intentando evitar el auge del fascismo como el Manifiesto del Frente Popular en 1936. “Lorca no era equidistante. A menudo se le ha retratado como a un niño pequeño, y él sabía qué tenía que apoyar y de qué parte estaba”, defiende el cineasta, “él decía que no quería estar en ningún partido, pero porque tenía que estar con el débil”.
Otro de sus discursos más relevantes es el que emitió en 1931 a propósito de la apertura de la primera biblioteca pública de su pueblo, Fuente Vaqueros. “Contra un libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas ignoráis dónde están”, pronunció.
Manuel Menchón considera que en la construcción del mito en torno a Lorca, se ha intentado que fuera “impoluto, sin sexo y sin ideología”, y que por ello precisamente no se hablara de su sexualidad “hasta los ochenta y que no fuera aceptada a nivel académico hasta los noventa”. La película incluye el Informe de la Jefatura de Superior de Policía de 1965, que sin embargo no fue revelado hasta 2015, pero que demostró que el poeta había sido asesinado por rojo y por homosexual. En él se le acusaba de ser “socialista, masón” y de tener “prácticas de homosexualismo”.
El director explica que en el relato sobre Lorca existe una “laguna” en torno a su vertiente ideológica: “Es interesante como estatua, pero no como persona. Un fenómeno que ha pasado con más personalidades antes de la Guerra Civil”. De ahí a que siga viendo necesario “restitituir” el honor del granadino “y no sacar únicamente el cliché de alguien solo en un apartado, como un niño o icono de lo que sea; sino la visión de que era una persona con una vida y unas ideas por las que fue asesinado”.
A su vez, entiende La voz quebrada como una restitución del honor no solo de Lorca, sino también de Juan Ramírez de Lucas. “Lorca fue asesinado, pero él fue silenciado por la propia estructura del país. El armario de Juan duró, su secreto permaneció hasta su muerte. Son dos silencios por motivos diferentes, uno físico y otro moral, por eso para mí son en realidad dos voces quebradas, dos voces eliminadas”.
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