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Daniel Kehlmann: “Pabst tuvo más libertad artística en la Alemania nazi que en Hollywood”

Daniel Kehlmann: "Pabst tuvo más libertad artística en la Alemania nazi que en Hollywood"
Madrid —

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Magdalena Tsanis

Madrid, 19 nov (EFE).- El novelista alemán Daniel Kehlmann explora las contradicciones entre arte y moral y las pequeñas concesiones en nombre de la libertad artística en la novela 'El director' (Random House), en la que narra el regreso del cineasta G. W. Pabst desde Hollywood a la Alemania nazi, donde siguió rodando películas.

“Paradójicamente, Pabst tuvo más libertad artística trabajando para los nazis que en Hollywood”, ha dicho Kehlmann en una entrevista con EFE al referirse a quien fue uno de los grandes cineastas alemanes de los años 20, junto con Murnau o Fritz Lang, descubridor de Greta Garbo y uno de los creadores del montaje cinematográfico.

Kehlmann (Múnich, 1975) se dio a conocer en todo el mundo con su novela 'La medición del mundo' (Maeva, 2006), que llegó a superar a 'El perfume' de Patrick Süskind como la obra alemana más vendida de la historia y estuvo nominado al prestigioso premio Booker por 'Tyll' (Random House, 2019).

La historia de Pabst (1885-1967) le pareció perfecta para darle una vuelta al mito de Fausto. “En la vida real no hay un gran pacto con el diablo sino pequeños pactos con pequeños diablos”, señala.

El cine nazi, una obsesión de Goebbels

Después de filmar grandes títulos del cine mudo como 'Bajo la máscara del placer' (1925) o 'La caja de Pandora' (1929), Pabst probó suerte en Hollywood, pero las cosas no le fueron bien y decidió volver a una Europa en guerra, en un principio para rodar dos películas en Francia que no llegaron a hacerse nunca.

“No se sabe si tuvo conversaciones con el Gobierno nazi antes de regresar a Alemania”, dice Kehlmann, aunque ve probable que fuera así. En la novela recrea un delirante encuentro, ya en Alemania, con Goebbels quien, entre otras muchas cosas, era un apasionado del cine y “quería demostrar que Alemania podía hacer grandes películas y tenían dinero para ello”.

La tesis que explora el novelista es que Pabst, considerado “un comunista”, fue obligado a hacer películas para los nazis. “En realidad es lo que le apasionaba así que, en el momento en el que se ve obligado, decide que mejor hacerlas buenas que malas, y así empiezan una serie de concesiones en nombre del arte”.

El miedo en los Estados Unidos de Trump

Doctor en Filología Germánica, desde hace una década Kehlmann imparte clases en la Cátedra Eberhard Berent en la Universidad de Nueva York y vive a caballo entre Berlín y esa ciudad. Asegura que en los Estados Unidos de Trump ve a diario cómo se producen esas pequeñas concesiones para acomodarse a la situación.

Firmas de abogados y universidades que ceden a las demandas del gobierno, dice, pero sobre todo gente a su alrededor que deja de hablar de política y de lo que pasa en EE.UU. por miedo a perder su trabajo en un país con escasa protección sindical y donde el despido es muy fácil.

Él mismo reconoce haberse parado a pensar si, a la hora de hablar de la novela, debía tener ciertas precauciones por miedo a perder su visado, pero cree que su situación es privilegiada en relación con los llamados inmigrantes ilegales, que llegaron de forma ilegal pero que a menudo pagan impuestos, tienen trabajo y seguro médico.

“La sociedad les necesita, se apoya en su trabajo y ahora de repente les arrestan por la calle y les mandan a campos de concentración por todo el país, ellos sí están en peligro, yo no, como mucho puedo perder mi visado y volver a Alemania”.

Sobre la elección del nuevo alcalde de Nueva York, el demócrata y musulmán Zoran Mamdani, asegura que ha percibido mucho “entusiasmo” y “alivio” y que representa una nueva forma de hacer política y de comunicar.

El padre de Kehlmann pasó tres meses en un campo de concentración nazi cuando tenía 17 años, por lo que escribir esta novela le ha resultado algo muy cercano. Sin embargo, cree que el auge de la extrema derecha en toda Europa sugiere que se está olvidando lo que ocurrió y que hay una conexión entre ese olvido y el hecho de que estén muriendo los últimos testigos del nazismo.

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