El Prado, un escenario político desde los Austrias hasta la OTAN

Las Meninas de Velázquez, flanqueadas por los líderes de la OTAN y sus acompañantes

Peio H. Riaño


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El próximo 24 de agosto, en Praga, el Comité Permanente del Consejo Internacional de Museos (ICOM) se reunirá para votar una nueva definición de “museo” . El texto alternativo ha sido seleccionado por el Consejo Consultivo de esta organización, que es capital en la gestión y conservación del patrimonio mundial y asesora a la UNESCO.

Noche en el museo de los líderes de la OTAN: el guía Boris Johnson, el solitario Draghi y Sánchez como anfitrión del Prado

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La actual definición de museo fue redactada en 1974 y ratificada en 2007. Casi cinco décadas con la misma idea: “Un museo es una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad”. Los fines son la educación, el estudio y el recreo.

En 2019 los más de 500 miembros con capacidad de voto del ICOM no se pusieron de acuerdo y votaron en contra de una definición más acorde a los tiempos. Se aplazó y este verano volverán a intentarlo. La propuesta de definición para que sea aprobada en 2022 es mucho menos ambiciosa que la presentada en 2019 y apenas difiere de la de 1974: “Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad”. Han añadido el verbo “interpretar”. La misión es similar a la de 1974: la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.

Con los museos ocurre como con el arte: no existe una definición universal. Por eso, la cena celebrada en las salas del Museo del Prado este miércoles, durante la cumbre de la OTAN, desvela otros intereses que los expertos en museos no tienen en cuenta. Su esfuerzo por encontrar la fórmula que acabe con la exclusión (de género y raza fundamentalmente) en estas instituciones culturales es relegado ante el propósito de acordar un refuerzo militar en Suecia y Finlandia, rearmar Europa ante cualquier eventualidad y exigir a Vladímir Putin el final inmediato de la invasión.

Vuelven las armaduras

En ninguna de las definiciones propuestas por los expertos del ICOM se advierte que un museo es un objeto político. En él se perpetúa la narrativa nacionalista de la España heroica, que ha encargado y pagado al arte para ilustrar sus virtudes. Para retratarlos enfundados en armaduras, con petos con la Inmaculada Concepción protegiéndoles, con el bastón de general de los ejércitos, con las espadas y los brazos protegidos por mangas de mallas, con sus botas enceradas con espuelas doradas, recién bajados de los caballos que les traen de vuelta de la batalla…

La solemnidad, la gala, la pompa son atributos que cuelgan de las paredes del Museo del Prado, como espacio dedicado al homenaje político desde los retratos a las alegorías y hasta en las referencias religiosas. Hoy miramos el lienzo de Corrado Giaquinto, titulado España rinde homenaje a la Religión y a la Fe (1759), en la sala 21 del Prado, como un espectacular ejercicio compositivo en el que se reivindican las virtudes españolas: la verdad, la fortaleza, la razón, la fama, la constancia, la prudencia, el consejo, la verdad o la vigilancia. Cualquiera sabe que estos son los valores y las victorias de la monarquía.

El pintor italiano trabajó al servicio del rey Fernando VI, que justificó con esta pintura –pintada también en la bóveda de la escalera principal del Palacio Real– el nuevo orden político inaugurado por los Borbones. La propaganda evangélica y militar necesitaba al arte para demostrar al mundo la grandeza de España, por su defensa de la Iglesia Católica en África, Asia y América. Otra OTAN.

La gloria de los monarcas, desde los Austrias a los Borbones, ha sido el motivo con el que los artistas han evitado su precariedad durante quince siglos en este país. Los poderosos han invertido abundantes recursos en la cultura que les interesa. Para hacer de sus intereses el interés general. Los museos como el Prado, auténtico depositario de las colecciones reales, son depositarios del arte interesado, del arte político que puede activarse en cualquier momento.

Un objeto político

Un museo es un instrumento político que nunca ha sido desactivado, a pesar de los intentos de la sociedad civil. En la cena del miércoles el arte volvió a su esencia: acompañar a la élite, que lo recuperó para interrumpir la misión pública de la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos que propone el ICOM.

El Museo del Prado ha sido desde Fernando VII hasta ahora, con el presidente Pedro Sánchez, un objeto político. También lo ha sido de la Primera y Segunda República y la dictadura de Francisco Franco. En el acceso por la conocida como Puerta de Velázquez, se encuentra el friso dedicado a Fernando VII recibiendo los tributos de Minerva y las Bellas Artes (1831), donde queda claro que el espacio al que se accede está dedicado a la gloria del rey.

La idea de entregar el museo a la celebración de la velada de la Alianza es de Javier Solana. Es una figura diplomática que se ha relacionado a lo largo de su carrera profesional con la cultura y la cultura de la seguridad. Es el actual presidente del Patronato del Prado y fue secretario general de la OTAN entre 1995 y 1999, además de alto representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea y comandante en jefe de la EUFOR. En su currículo destaca como ministro de Cultura con el gobierno de Felipe González, entre 1982 y 1988. Solana inició, por ejemplo, la compra de la colección del barón Thyssen, que Jordi Solé Tura firmó en 1993.

“La capital española volverá a ser el escenario de un nuevo capítulo en la historia de la seguridad europea. En gran medida, ese capítulo lo tendrá que protagonizar Europa”, ha escrito estos días Solana. Ha reivindicado el rearme desde el Museo del Prado, en un país donde la cantidad invertida en el Ministerio de Cultura para 2022 es el 0,35% del total de los Presupuestos Generales del Estado. El museo ha servido de marco incomparable para que el presidente Pedro Sánchez anuncie que el gasto en Defensa crecerá hasta el 2% en los próximos años .

La apropiación de la pinacoteca por parte de la Alianza es un punto de inflexión en la misión del museo que se inauguró el 19 de noviembre de 1819, con el aviso de que cerraría los días lluviosos y en los que hubiera lodos. Con la cena de la cumbre de la OTAN en el Prado, el poder ha recuperado al arte como lo concibió hace siglos, como un instrumento legitimador de la grandeza nacional, como un decorado de una historia intachable. Un poder patriarcal en el que ellos degustan el menú en la parte alta, en el antiguo claustro de Los Jerónimos, y ellas (las esposas de los gobernantes) lo hacen en la sala de Las musas.

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