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Samuel Miller McDonald, geógrafo: “La tecnología se ha divorciado del bien público”

Samuel Miller McDonald, autor del libro 'Progreso'

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
7 de marzo de 2026 22:37 h

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Samuel Miller McDonald creció en Traverse City, en el norte de Michigan, en un entorno que describe como “progresista” y donde la idea del “progreso” como bien económico y social era un referente intelectual continuo. Cuando el geógrafo y experto en ecología humana empezó a estudiar en la Universidad de Oxford, le sorprendió que apenas había investigación reciente sobre la historia de la idea del progreso. 

Se encontró con los académicos europeos apenas la estudiaban. “Encontré cierta resistencia a analizar el progreso, como si no hubiera ni necesidad ni ganas. Era un punto ciego interesante por la idea errónea de que el progreso es un asunto resuelto y no es muy importante”, explica. 

Su libro Progreso, que se acaba de publicar en España, es, en parte, resultado de aquellos estudios. En la versión española y en la británica, el ensayo tiene el provocador subtítulo de: 'Historia de la peor idea de la humanidad'. Miller McDonald, que vive desde hace una década en el Reino Unido, reconoce que se siente más identificado con el subtítulo de la versión estadounidense, más matizada, de: 'Cómo una idea construyó una civilización y ahora amenaza con destruirla'. Pero, aunque no sea “la peor”, su libro sí desafía la idea del progreso –sobre todo ligado a la tecnología y el crecimiento económico– como algo siempre positivo, y alerta de la catástrofe medioambiental que puede hacer imposible cualquier tipo de sociedad. 

Esta es parte de nuestra conversación, editada por extensión y claridad.

En Europa no es tan radical ser escéptico sobre el progreso como en Estados Unidos. ¿Hay una diferencia cultural?

Es cierto: la ideología del progreso es más fuerte en Estados Unidos y, probablemente, también en el Reino Unido que en Europa en general. Por eso, gran parte del libro se centra en Estados Unidos y el Reino Unido, y critica esa ideología en esos lugares. Quizás una debilidad del libro es que es un poco estadounidense y anglocéntrico. Estos países son menos radicales en ciertos aspectos y se sienten menos cómodos con esta crítica del progreso, que aquí es casi una religión secular.

¿Cuál cree que es el mayor malentendido sobre la idea de progreso?

Lo que critico en el libro es la forma de vincular la idea de progreso con el crecimiento en un sentido político y económico, donde todo se orienta en un objetivo de economías en crecimiento como único indicador del progreso. El ejemplo claro es el impulso para unir la tecnología de la inteligencia artificial a los mensajes de progreso, porque al menos en Estados Unidos es uno de los mayores impulsores del nuevo crecimiento. Este ejemplo refuta la idea de que el progreso y el crecimiento van de la mano, ya que la IA ha generado efectos principalmente negativos, desde el robo de agua potable hasta el aumento de las tasas de cáncer en los centros de datos, que contaminan el aire, pasando por el plagio masivo, el impacto negativo en los sectores creativos y su uso con fines militares, de vigilancia. El mayor error sobre el progreso es que se puede medir y que es esencialmente sinónimo de la idea del crecimiento económico.

La IA ha generado efectos principalmente negativos, desde el robo de agua potable hasta el aumento de las tasas de cáncer en los centros de datos, que contaminan el aire, pasando por el plagio masivo, el impacto negativo en los sectores creativos y su uso con fines militares, de vigilancia

¿Es más fácil de entender su argumento considerando la tecnología actual que los avances del pasado que ayudaron a mejorar la salud y resolvieron otros problemas?

Desde luego. Ha habido períodos en los se encuentran ejemplos de tecnología utilizada para fines esencialmente públicos. Por ejemplo, en el saneamiento público, la tecnología que permite evacuar los residuos de una ciudad de forma más higiénica, o tratar el agua para que sea potable: es muy fácil ver cómo ese tipo de tecnología tiene un impacto público positivo y puede encajar en un mensaje de progreso. Una ciudad pasa de estar más plagada de enfermedades y ser menos hospitalaria a una con agua y calles más limpias: eso es progreso. Y existen muchas tecnologías similares. Las primeras vacunas y los primeros antibióticos se presentaron como un bien público, de distribución gratuita para mejorar la salud y el bienestar de toda la población.

Lo que hemos visto con Internet, la IA y otros avances tecnológicos recientes es que no están al servicio del público. Atienden a un grupo muy reducido de accionistas y ejecutivos corporativos, y no tienen un beneficio público tan claro para la mayoría de la gente. Por eso, es mucho más difícil ubicar esa tecnología en un marco de progreso. Todavía hay intentos con la IA y Silicon Valley, donde todo se basa en el relato del progreso. La tecnología se ha divorciado del bien público y eso hace muy difícil verla como una fuerza positiva y de progreso. Incluso se ha separado de universidades de investigación para pasar a investigación con ánimo de lucro, como la de las farmacéuticas. 

Lo que hemos visto con Internet, la IA y otros avances tecnológicos recientes es que no están al servicio del público. Atienden a un grupo muy reducido de accionistas y ejecutivos corporativos, y no tienen un beneficio público tan claro para la mayoría de la gente

¿El problema es el progreso o quién controla el progreso?

Quién lo controla y quién se beneficia.

¿Cómo se puede redefinir la palabra progreso?

Esa es una buena pregunta que no sé responder del todo. En el libro, dudo un poco al decir, por un lado, que es una idea fácil de adoptar y muy poderosa, que está presente en la mente de la gente, y, por lo tanto, debemos tener cuidado al usarla como marco incluso para cambios positivos, para el bien público. Por otro lado, ya que tiene ese poder y atractivo para mucha gente habría una oportunidad de redefinir el significado del progreso, si, en lugar del crecimiento infinito y la expansión capitalista, nos centraremos en la expansión de la biodiversidad, la igualdad económica y la erosión de estructuras autoritarias. 

Tengo dudas al respecto porque la cuestión de si intentar recuperar el progreso como marco depende en gran medida de las particularidades de cada lugar. Incluso aquellos que son más adecuados deben tener mucho cuidado para evitar que se los instrumentalice y la idea de progreso se oriente hacia otro tipo de fines.

“Progresista” es una idea asociada a la izquierda. ¿Cómo deberían adaptar esta idea los partidos de izquierda?

Lo que quería con el libro era explicar el origen de la idea del progreso en parte porque se asocia con la izquierda o el centroizquierda. Muchos de los círculos políticos de los que vengo y en los que he estado han usado “progresista” como etiqueta de identidad en lugar de “demócrata”.

Con este análisis histórico de la idea del progreso y su origen quería mostrar que no sólo han usado esta idea los movimientos de izquierda aludiendo al bien público y a un sistema igualitario: la idea de progreso también se ha usado en contextos de derecha como propaganda capitalista.

No quiero dar una receta para partidos políticos porque dependen mucho del contexto. La mejor estrategia es muy granular y específica en el tiempo y el espacio.

La idea de progreso también se ha usado en contextos de derecha como propaganda capitalista

¿Se puede convencer a los votantes con una agenda del decrecimiento en lugar de una agenda del progreso o de “la abundancia", como dice el libro de Ezra Klein?

Tampoco creo que el progreso deba ser una palabra tóxica y que los partidos de izquierda no deban usarla. Solo quiero lanzar una advertencia: esto puede ser instrumentalizado. El libro de Ezra Klein y Derek Thompson es un buen ejemplo. Al menos en Estados Unidos, ha habido una campaña demócrata para apropiarse de la idea y orientarla hacia fines que, en mi opinión, no son igualitarios ni respetuosos con el medioambiente.

La agenda de la abundancia es muy amigable con los desarrolladores y esencialmente, al menos en Estados Unidos, pide recortar las regulaciones en torno a la construcción, la supervisión medioambiental, y aboga por una gran expansión de la infraestructura humana y el tipo de necesidades humanas, la civilización material, que es contra lo que mi libro está argumentando.

La idea de progreso que usted considera peligrosa se remonta a milenios, hasta Mesopotamia, como destaca en su libro. ¿Estos impulsos no son parte de la humanidad?

Algo que intento mostrar en el libro es que ese momento de hace 5.000 años en Mesopotamia fue una divergencia respecto a la naturaleza humana. Fue una anomalía. La mayoría de las sociedades probablemente practicaban algo más respetuoso con el medio ambiente, lo que llamo “comensalista” [cuando en la naturaleza un organismo saca un beneficio de otro que no se ve afectado] o mutualista [cuando ambas partes se benefician]. Aún existía una gran biodiversidad en todos los continentes, incluso mientras hubo cohabitación de sociedades humanas y entornos naturales. Así que, según la evidencia, esas sociedades practicaban algo más integrado con los sistemas ecológicos.

Cuando la idea del progreso aparece en la documentación histórica hace unos 5.000 años en Mesopotamia coincide con un nuevo tipo de economía política que no está integrada con los sistemas ecológicos. Opera en una relación hostil y parasitaria con el entorno. Eso se extiende por todo el mundo y se convierte en una fuerza hegemónica que adopta diversas formas. Los relatos de progreso reflejan las culturas en las que se desarrollaron. Por lo tanto, aunque tiene una profunda presencia histórica, la idea solo se encuentra en el corto plazo como especie humana, que se estima tiene unos 300.000 años de antigüedad. Sólo en ese último período de 5.000 años vemos evidencia real del tipo de sociedad y el mensaje del progreso.

¿No es un poco arriesgado idealizar las sociedades preagrícolas, entre otras cosas porque no sabemos tanto de ellas como de nuestro pasado más reciente?

Sí, es cierto que hay un límite a lo que podemos saber sobre la prehistoria y ese tipo de sociedades. Mi forma de abordar ese problema es observar la evidencia de la biodiversidad y decir que, al menos, lo que podemos deducir es que existe una relación positiva entre los grupos humanos y esos sistemas ecológicos. Y la segunda forma de hacerlo es centrarme en las sociedades que han surgido mucho más recientemente.

Hay un capítulo que analiza el valle del río Ohio en Norteamérica y una sociedad indígena agrícola y de recolección de alimentos. Era un ejemplo de una sociedad bastante sofisticada que aún practicaba el comensalismo o el mutualismo. Ocupaba una zona que aún conservaba enormes bosques con árboles antiguos y maduros. Incluso extraía grandes cantidades de alimentos y recursos del medio ambiente.

¿Cómo se pueden aplicar las ideas de mayor integración con la naturaleza que sugiere en un contexto como el actual? Incluso en Europa ha habido un cambio de rumbo por ejemplo respecto a las políticas contra el cambio climático que eran más aceptadas hace solo unos años.

Una de las razones por las que ha habido esta frustración con muchas políticas climáticas es porque, a menudo, se han percibido, y de hecho han sido, un mecanismo corporativo más para extraer riqueza de la gente o para evitar resolver el problema. Existe un escepticismo real y legítimo sobre cómo los Estados y las empresas han abordado el cambio climático.

Por eso, hay que intentar recuperar esa batalla fuera del marco tradicional de soluciones de mercado e intervenciones de los grandes Estados. Hay que redefinirla en el marco de comensalismo contra parasitismo, y rechazar estructuras que dependen totalmente de los combustibles fósiles y de la extracción y la expansión, y, en cambio, avanzar hacia algo más igualitario y más respetuoso con el medio ambiente, algo que esté más en línea con la ciencia ambiental disponible.

Es escéptico sobre la energía nuclear y algunas soluciones tecnológicas, pero ¿lo mejor es enemigo de lo bueno?

Existen muchas fuentes de energía alternativas que, en mi opinión, son mejores que otras. Por ejemplo, la energía mareomotriz tiene mucho potencial para ser una fuente positiva, como se ha visto en Francia, y hay potencial en algunos tipos de energía solar y eólica. 

Mi escepticismo sobre la energía nuclear se debe a que los mecanismos reguladores para garantizar que la energía nuclear no sea catastróficamente peligrosa se están deteriorando en todo el mundo. Por lo tanto, si se va a construir algo que tiene el potencial de ser tóxico durante cientos de miles de años, no creo que tenga sentido construirlo cuando todas las estructuras existentes para prevenir su daño se están deteriorando y nunca ha habido un ejemplo de civilización que haya existido más allá de quizás mil años. Y si nos fijamos en formas administrativas específicas, estas han tenido una vida útil mucho más corta, de tan solo un par de siglos. 

La tecnología nuclear depende de que haya un marco administrativo vigente durante decenas o cientos de miles de años para garantizar su seguridad. Y eso nunca ha sucedido. Así que llenar el mundo de residuos radiactivos en una época en la que los gobiernos son menos eficaces y los entornos menos estables es una receta para un mundo inhabitable. Y por eso soy escéptico.

La tecnología nuclear depende de que haya un marco administrativo vigente durante decenas o cientos de miles de años para garantizar su seguridad. Y eso nunca ha sucedido. Así que llenar el mundo de residuos radiactivos en una época en la que los gobiernos son menos eficaces y los entornos menos estables es una receta para un mundo inhabitable

Pero existen otras tecnologías energéticas que no presentan ese factor de riesgo, aunque tengan sí tengan algo. Eliminar los combustibles fósiles significa disminuir el gasto energético total de la humanidad. Y eso significa evitar el exceso de energía que se utiliza para coches gigantes o para centros de datos descontrolados. Y creo que significa que habrá una escasez de energía inevitable.

La cuestión es si decidimos cómo usar esa escasez de energía para el bien de la mayoría de la gente o si no hacemos nada hasta que las emisiones de carbono sean tales que no podamos respirar y no sea posible ninguna sociedad. Eso es lo que está en juego ahora mismo. Incluso las reformas y los cambios que propongo son escasos. Es inconmensurable la escala del problema y lo que está en juego y lo que realmente tendrá que suceder para diseñar algo mejor.

Usted cuestiona la famosa cita que utilizaba el presidente Obama sobre el arco del universo moral que se inclina hacia la justicia. ¿Puede que no haya arco?

Uno de los elementos que une muchos relatos de progreso a lo largo del tiempo es la idea de que la historia sigue un arco hacia la perfección. 

En la mayoría de los casos, se dirige hacia la perfección de la sociedad, la perfección del ser humano. El reverendo Parker, el primero que habló del universo moral que se inclina hacia la justicia, fue un ejemplo de cómo un abolicionista utilizó ese lenguaje con el propósito de la abolición de la esclavitud para proponer un relato de esperanza.

Pero sí critico esta idea porque si hay un arco en la historia, solo se ha debido al aumento de los seres humanos y no creo que haya un arco hacia la mejora de la vida humana. No es útil entender la historia como una especie de curso teleológico y predeterminado en el que nos encontramos.

¿Qué le da esperanza? (aunque no le guste mucho la palabra)

Lo que intento señalar en el libro hacia el final es que están ocurriendo cambios y tal vez serán suficientes para abrir nuevas oportunidades que no se hayan abierto antes o de manera reciente. 

Llegará un momento en que la hegemonía de la estructura y estilo de vida actuales se verá disminuida por los cambios ambientales y problemas en el sistema alimentario, por ejemplo en los mares, que crearán oportunidades políticas para organizar mejor la vida humana. No quiero predecir que sea lo más probable, pero existe la posibilidad. Mientras ese tipo de oportunidades se abran, el amor por la vida y la naturaleza puede producir nuevos tipos de sociedades y culturas para maximizar el bienestar humano y también el bienestar de los animales no humanos y las plantas.

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