Las empresas prevén destruir empleo en el último trimestre del año por primera vez desde el arranque de 2021

Trabajadores recogen pistachos en Ciudad Real.

Daniel Yebra


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La crisis de inflación deja ya la primera consecuencia grave para la actividad económica y los trabajadores. Las empresas prevén destruir empleo en el último trimestre del año por primera vez desde el arranque de 2021, según la encuesta que el Banco de España realiza cada tres meses a una muestra de compañías de nuestro país.

El Banco de España constata que este año solo 1 de cada 4 trabajadores está protegido de la inflación

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El sondeo publicado por la institución refleja que las empresas en conjunto prevén que su facturación ha caído ligeramente entre julio y septiembre, pese a que en el segundo trimestre estimaban que volvería a crecer, tras el frenazo del arranque del año por el último golpe de la COVID, el paro del transporte y el inicio de la invasión rusa de Ucrania.



Los sectores más dañados son la agricultura, el comercio, la construcción y la industria, al ser los que más sufren el incremento de los costes energéticos, de los fertilizantes y de las materias primas en general, sobre los que la guerra ha ejercido una presión histórica en los últimos meses.



En la situación opuesta, con expectativas de mejora de sus ingresos se encuentran los sectores relacionados con el ocio y el entretenimiento, la hostelería y el transporte. Según el Banco de España, porque “se han beneficiado del fin de las restricciones asociadas a la pandemia”. Sobre todo, gracias a la primera temporada turística completa desde 2019.

Destrucción de empleo

Con esta “heterogeneidad” entre los diferentes negocios, la conclusión más preocupante es que el conjunto de empresas preguntadas apuntan a una caída del empleo en la última parte de este 2022. Una expectativa que no era tan negativa desde el primer trimestre de 2021, todavía en los peores momentos de la pandemia para la economía.

La encuesta ofrece un dato que explica este pesimismo. Las empresas esperan que los costes sigan aumentando, y no todas están trasladándolo a los precios finales de los bienes y servicios que venden.



Hasta junio, el propio Banco de España observó recientemente que la facturación de las compañías no financieras aumentó a un ritmo muy elevado por la recuperación de la actividad y la inflación y que los beneficios superan ya a los de antes de la pandemia.

Aunque la Central de Balances Trimestral (que recoge datos 920 empresas no financieras) de la institución también detecta grandes diferencias entre sectores, refleja que esta evolución “se tradujo en una mejora de la rentabilidad media de las compañías [la capacidad de convertir los ingresos en beneficios]”.



“El desglose por sectores evidencia que, entre enero y junio de 2022, la mayoría de las ramas registraron una recuperación del beneficio (VAB), destacando los crecimientos del sector industrial (48%), del de comercio y hostelería (25,4%) y del agregado que engloba al resto de las actividades (24,5%), dentro del que destaca el buen comportamiento de las empresas de transporte”, detalla.

“En sentido contrario, la rama de energía experimentó descensos de las ganancias (VAB) de un 9,4%, evolución que recoge el comportamiento negativo de las compañías comercializadoras de energía eléctrica, que no habrían podido en muchos casos repercutir totalmente en sus precios de venta el incremento de los costes de los insumos”, añade la institución.

Estas diferencias conllevan que si, en conjunto, las 920 empresas de la Central de Balances Trimestral que estudia el Banco de España, superan ya en un 1,3% el beneficio pre Covid, por sectores sobre todo destacan la industria y el comercio y la hostelería, mientras que en el segmento concreto de la energía lo hacen “las generadoras de energía eléctrica”, con mejoras de los márgenes de hasta 25 puntos porcentuales.

Subidas de salarios

Esta información recalca la necesidad de acuerdo de subidas de salarios en nuestro país, ante la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y las familias mientras ciertas empresas están mejorando sus márgenes, lo que también se ve en la media, al estar trasladando el incremento de los costes que no son de personal (energía, materias primas, bienes intermedios) a los precios finales, al consumidor.

Es decir, las empresas están ingresando más y ganando más sin subir sueldos, motivo por el cual los sindicatos piden incrementos de los salarios y un pacto de rentas amplio, que debe incluir “contención de los beneficios empresariales, lo que implicará hablar de fiscalidad [como los impuestos a la banca y las empresas, o a las grandes fortunas], y protección de los más vulnerables, tanto en el mercado energético, como en el de las hipotecas o en el de la alimentación”, según viene reivindicando Unai Sordo, secretario general de CCOO.

La propuesta sindical de subida de salarios sigue implicado un marco de referencia para los próximos tres años y cláusulas de salvaguarda para proteger el poder adquisitivo durante ese ciclo, pero sin tener que hacerlo de golpe, para evitar la temida espiral inflacionista.

El golpe del BCE

A la destrucción de empelo y la asfixia de las familias suma que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, anunciara a principios de septiembre un aumento de los tipos de interés de referencia del 0,75%, el mayor de la historia de la eurozona, hasta el 1,25%. Otra subida tras la primera en julio del 0,5%, desde el 0%, que supone un cambio radical de la política monetaria que se se había mantenido durante años para favorecer la salida de la Gran Crisis Financiera de 2008, primero, y para superar la pandemia, después. Lagarde adelantó que seguirá incrementado los tipos en los próximos meses.

Es la estrategia adoptada por el BCE, y se basa en enfriar la economía con este encarecimiento de los préstamos e hipotecas. Eso sí, se trata de una medida que encuentra distintas críticas. La primera, que el origen de esta crisis de inflación está en la energía. La segunda es que esta misma crisis de precios del petróleo, del gas natural y de otras materias primas se exacerbó por la invasión rusa de Ucrania.

Ni el crudo ni el gas van a responder a un endurecimiento de las condiciones de financiación. En última instancia, reaccionarán al hundimiento de la demanda, si la recesión profundiza, pero ni siquiera eso evitará la amenaza de cortes del flujo de gas desde Rusia o del recorte de producción de las dictaduras que producen la mayor parte del petróleo. Mucho menos afectará una subida de tipos a la guerra, una cuestión humanitaria y geopolítica.

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