Los 11 testimonios de las vejaciones en las clases de arpa en Musikene y París: “Me tiró las partituras a la cara”
“Tenía miedo. Me sentía en una cárcel. Me sentía una mierda”, cuenta una arpista sobre los episodios de vejaciones, humillaciones y maltrato sufridos en las clases de la profesora C.I. en el centro superior público Musikene de Donostia. “Me tiró las partituras a la cara”, añade otra exestudiante. “Ella no era dura. Era cruel”, apostilla una exalumna más de C.I., en este caso del conservatorio Rueil-Malmaison de París, donde también hay menores de edad en las aulas.
Tras quince meses de investigación, elDiario.es/Euskadi ha reunido once testimonios que denuncian los abusos en sus estudios especializados de arpa. Se ha protegido la identidad de todos ellos, hombres y mujeres de diferentes nacionalidades. Los relatos han sido verificados con otros testigos de su entorno y con documentación escrita.
La dirección de Musikene, inicialmente, explicó que C.I. es la profesora mejor valorada de los estudios de arpa. Otras fuentes avisan de la existencia de una “campaña” contra la docente. La aludida, por el contrario, ha declinado hacer comentarios. Después de la primera entrega de estas denuncias, el centro público emitió un comunicado asegurando que analizará los posibles casos “con detenimiento” e invitando a que los afectados les hagan llegar sus consideraciones directamente. Éste es un resumen de las once entrevistas con los denunciantes:
Alumno 1 de Musikene
“Hay como una ley del silencio. Todos hemos pasado por lo mismo”, relata un exestudiante de Musikene. En su caso concreto, asegura que la pesadilla se produjo en el tercer año, cuando a la profesora “se le fue la cabeza totalmente”, y siente que tragó demasiado, que pasó más de lo razonable “por el aro”. Otros compañeros sí fueron más combativos, hasta el punto de entregar una carta a la dirección del centro. ¿Por qué? Porque todos sin excepciones vivieron situaciones similares, incluso en un caso de “clase tras clase llorando”.
“El arpa no me hacía feliz. Decidí cambiar mi rumbo”, abunda sobre su periplo vital tras dejar Musikene. Se fue al extranjero, al norte de Europa. Con los años, ha vuelto a tocar el instrumento. Ha sacado una oposición en un organismo público. Y han desaparecido las lesiones físicas. “Ahora, con otra profesora, he cambiado muchas cosas. Ella misma reconoce que la técnica le ha generado lesiones”, expone.
Este exestudiante describe como “convento” su periplo en Musikene. “No tuve pareja ni relaciones. Seguimos teniendo secuelas de esos cuatro años. Me encantaría sentarme con ella y hablarlo ahora como adulto y no como el niño que llegó a San Sebastián”, concluye.
Alumno 2 de Musikene
Este alumno fue el autor de la queja por escrito de 2024 sobre la profesora C.I. y sus métodos. “Sí, la carta existió”, confirma sobre la autenticidad del documento. En ella, igualmente, describe haber visto “llorar” a “cada uno” de los arpistas estudiantes de Musikene por el trato recibido.
Este exestudiante, originario de otro continente, ha dejado la música. Pero sigue viviendo en Donostia para recuperar la inversión que le supuso dejar su país natal para poder desplazarse a Europa a continuar con su formación. Fueron miles de euros.
En su misiva, describía claramente las situaciones vividas. “He llegado a experimentar algo que nunca había sentido en mi vida musical: el odio hacia mi instrumento”, escribió. La carta, textualmente, se cierra pidiendo que no sea interpretada como una “queja” al uso sino como un “aviso” para “cuidar a los estudiantes”. ¿Qué ocurrió con ella? Nunca recibió respuesta y su cuenta de correo electrónico corporativo fue eliminada, según indica.
Alumna 3 de Musikene
“No conozco a nadie que lo pasara bien. He vivido acoso y abuso. Mi único objetivo allí era sobrevivir”, relata una estudiante francesa sobre sus años en Musikene, iniciados hace ya más de una década. “Tenía miedo. Me sentía en una cárcel. Me sentía una mierda”, agrega. El suyo, a nivel médico, es quizás el caso más grave de todos.
La exalumna expone que la relación se inició con “cercanía”, la que da también el idioma común. Eso incluyó viajes o actividades fuera del aula, incluidas estancias en la casa de la profesora. “Sí, cuando lo pienso ahora lo veo raro. Ella tenía que haber puesto límites a la relación”, asume. ¿Por qué? Porque “es un peligro”. La profesora C.I. es “dominación” y “manipulación”, es “gritar” y “hablar mal”.
Llegó a estar “muy mal” en Donostia. Firmó también un escrito conjunto de protesta por este motivo. “Me llevé bien con ella durante dos años, porque tenía interés en mí. Pero hubo un momento en que no le interesé más. Tuve que ir a terapia cada semana. Tuve crisis de angustia. Nunca en mi vida he vivido algo así. ¿Qué te hace? Es muy difícil de explicar. Sentía que yo estaba loca. Quería tener un poder total sobre nuestra vida. Si queríamos sobrevivir, había que mentir”, continúa.
¿Y después? “Después de mi concierto final, corté toda relación con ella. Intentó tomar contacto conmigo, pero he cortado todo. Todo el mundo lo pasaba mal. Siempre lo hablábamos entre nosotros. El centro y otros profesores sabían lo que había”, indica. De su pasado en Donostia se queda también con algo positivo: una llamada a un amigo de las arpistas cuando “estaba muy débil” y sola hizo que la recogiera, que la llevara a su casa y que pudiera recuperarse de ese ataque de ansiedad.
Tuve que ir a terapia cada semana. Tuve crisis de angustia. Nunca en mi vida he vivido algo así. ¿Qué te hace? Es muy difícil de explicar. Sentía que yo estaba loca
Alumna 1 de París
Esta exestudiante coincidió con C.I. en Rueil-Malmaison y no en Donostia, pero sus vivencias son extremadamente similares. ¿Por qué acabó en Francia? No logró plaza en Musikene y su interés en trabajar con esa profesora en concreto le llevó a buscar una alternativa en París. “Mi experiencia desde el principio con ella puede calificarse como angustiosa, o excesivamente estresante”, resume.
A esta arpista le habían dicho que C.I. era una profesora “dura”, pero que aprendería “mucho” con ella. “Si es dura, puedo soportarlo. Soy fuerte y tengo disciplina”, se dijo al comienzo. Pero no. “Ella no era dura. Era cruel”, lamenta. Conforme avanzaba el curso, sentía que cada sesión era un “examen”. Hacía “competir” a los alumnos entre sí por su aprobación. Vinieron episodios “degradantes” y “crueles”, incluso desde el punto de vista físico. “Marcaba el tempo con la mano abierta en la espalda a veces. Lo hacía con más fuerza de la necesaria. Era algo más que marcar”, relata. Necesitó pastillas para dormir, porque era “incapaz” de conciliar el sueño en víspera de las clases.
Ella vio también a “todos” sus compañeros de París llorar en las clases o a la salida. Con un matiz, en Rueil-Malmaison son admitidos también alumnos menores de edad. “Un día había una niña de unos 12-13 años terminando su clase con C.I.. Estaba regañándola de una forma tan cruel y despiadada que la muchacha estaba padeciendo un ataque de ansiedad. No paraba de llorar mientras le decía cosas como que sus padres se estaban gastando el dinero mientras hacía un trabajo mediocre, de mierda. Me metí en medio para que la dejara en paz”, recuerda.
En su caso, cambió de profesora en París: “No podía seguir”. Lo llamativo es que, cuando C.I. se enteró, llamó a su nueva profesora y, estando ella delante en una sesión, le alertó de que no la aceptara porque era “problemática”. Sus amigos de Musikene le refirieron también quejas por las situaciones que estaban viviendo allí al mismo tiempo. Aunque ahora es una artista de prestigio, asegura que sigue teniendo secuelas.
Alumna 4 de Musikene
Durante este año académico que ahora acaba, el 2025/2026, una estudiante de segundo curso ha decidido abandonar sus estudios por sus diferencias con la profesora C.I.. Esta joven llegó a Musikene después de que la profesora la animara a presentarse y le transmitiera que la recibiría “con los brazos abiertos”. Sin embargo, sostiene que con el tiempo se encontró atrapada en una dinámica que le generó un profundo desgaste emocional.
“Parece que espera que le leas la mente”, resume. Según relata, las indicaciones cambiaban constantemente y nunca conseguía encontrar la respuesta correcta. “Nos reprochaba que no tomáramos decisiones, pero cuando las tomábamos nunca eran las correctas”, comparte. “La gente le tiene miedo y siente que hablar no sirve de nada”, por lo que simplemente “le siguen la corriente”.
Uno de los episodios que más le marcó se produjo en 2025, durante su primer curso y cuando se ausentó durante dos semanas para viajar a Japón a visitar a su abuela, a quien le diagnosticaran una enfermedad terminal. “Me dijo que no debía estar triste porque es normal perder a los abuelos a esa edad y que utilizara esa energía para estudiar mejor”, relata. Meses después, cuando finalmente falleció, volvió a recibir reproches por mostrarse afectada. Más recientemente, también le ha criticado “irse de fiesta”.
La acumulación de conflictos desembocó, según relata, en una crisis de ansiedad a finales de marzo de 2026. “Me di cuenta de que no podía soportar dos años más así”, explica. Considera que Musikene ha minimizado sus quejas. En realidad, no ha dejado el centro, solamente las clases con la profesora C.I..
Alumno 5 de Musikene
Un estudiante relata haber llegado a Musikene después de conocer a C.I. en una ‘masterclass’ en la que le animó a presentarse a las pruebas de acceso. Finalmente, ingresó al lograr una de las plazas disponibles después de que uno de los elegidos optara por continuar sus estudios en otro conservatorio. Durante su primer año, el estudiante reconoce que convivió con un fuerte síndrome del impostor y que depositó una gran confianza en la profesora. Sin embargo, con el tiempo decidió limitar esa cercanía al considerar que algunas dinámicas no eran saludables.
“Ahora me siento cómodo con la cantidad de confianza que le doy”, resume. A diferencia de otros testimonios, su valoración de C.I. está llena de matices. “Mi relación con ella es una escala de grises”, ironiza. Por un lado, destaca su nivel artístico y asegura admirar profundamente su capacidad musical. Por otro, considera que sus habilidades pedagógicas son “pobres” y cuestiona especialmente su forma de relacionarse con el alumnado. Según relata, fue testigo de “intentos fallidos” de humillar a estudiantes mediante comparaciones con otras compañeras de arpa.
El estudiante convive desde antes de entrar en Musikene con problemas de depresión y ansiedad, por los que recibe seguimiento psicológico y psiquiátrico. Explica que durante su primer curso atravesó una etapa especialmente complicada y que llegó a llorar con frecuencia en clase. En ese contexto, recuerda que la profesora le sugirió en varias ocasiones retomar o reforzar la atención psicológica. Durante el segundo curso sufrió además el fallecimiento de un familiar y la pérdida de un amigo por suicidio, circunstancias que agravaron notablemente su estado anímico y obligaron a aumentar su medicación antidepresiva. Aunque actualmente asegura encontrarse mejor, considera que el entorno académico no siempre contribuyó a facilitar la gestión de esos momentos difíciles.
Alumna 6 de Musikene
Esta estudiante de segundo año de arpa llegó a Musikene atraída por la excelencia y el prestigio que rodeaba a C.I.. Aunque conocía su fama de ser una docente “exigente y dura” 一y que algunas personas le habían desaconsejado ir一, se convenció de que era lo suficientemente fuerte para lidiar con el conflicto. Sin embargo, la realidad superó sus expectativas iniciales: “Una cosa es saber que alguien es duro y otra muy distinta es vivirlo”. Pronto comprendió que los lazos entre los alumnos se forjaban en torno al “sufrimiento y la incomprensión” derivados de la “personalidad errática” de la profesora.
La alumna describe una cotidianidad marcada por la agresividad física y verbal. En una ocasión, ante una mala posición, C.I. le agarró la mano y se la “tiró” contra el banco con tal fuerza que le causó un moratón. “Es extraño que pueda ser tan brusca cuando nuestras manos son tan valiosas”, lamenta la alumna. Los insultos también eran frecuentes. Recuerda cómo en una clase el tono cambió drásticamente cuando la profesora le soltó: “Tú tienes un sonido de mierda; tocas como una mierda”. Esto que sintió como violencia psicológica la llevaba a acudir a las sesiones con un nudo en el estómago que se manifestaba desde la víspera.
La testigo ha presenciado también el maltrato hacia sus compañeros. Relata cómo una de sus compañeras, que atravesaba un duelo familiar, era humillada públicamente mientras C.I. criticaba sus errores en voz alta ante los demás estudiantes durante una audición. El ambiente es tal que muchos alumnos lloran semanalmente o son expulsados de clase bajo amenazas constantes, relata.
El control de C.I. se extendía fuera del aula, explica la estudiante. Intentaba vetar la participación de la alumna en orquestas a las que quería presentarse. La profesora le ha advertido en reiteradas ocasiones de que, si no confía “ciegamente” en ella, “arruinaría su carrera”.
Cuando la estudiante y su compañera intentaron buscar amparo en la dirección del centro, se toparon con lo que describe como una “torre de cristal negro”. Según relata, los responsables administrativos restaron importancia a los hechos denunciados, justificándolas como parte de la “exigencia” académica y alegando que a C.I. simplemente le costaba “gestionar sus emociones”. Al finalizar este último curso académico, la profesora le comunicó que no tenía nivel para pasar al siguiente y le instó a elegir entre cambiar de centro o repetir el año “aislada de todo” para dedicarse exclusivamente a su asignatura.
Tú tienes un sonido de mierda; tocas como una mierda
Alumna 7 de Musikene
Una exalumna de Musikene, ya en la cuarentena, conoció a C.I. en 2011. Su último año en el centro fue el primero de la profesora. La incorporación fue el inicio de una etapa especialmente dificultosa. Recuerda una relación marcada por la distancia y la frialdad en el trato.
La exestudiante describe un estilo pedagógico que considera invasivo en el ámbito personal y poco respetuoso con los límites entre una docente y su alumnado. Afirma que la profesora intentaba implicarse de forma excesiva en la vida privada de los estudiantes y que ejercía un control constante sobre su trabajo. En su relato, menciona el envío frecuente de mensajes a cualquier hora, incluidos fines de semana y noches, con recordatorios sobre el estudio y las obligaciones académicas. “No permitía descansar”, resume. También señala que percibía una dinámica de manipulación, especialmente hacia el alumnado más joven, lo que le generaba preocupación.
Durante ese mismo curso, la alumna atravesó una situación personal delicada, ya que su padre enfermó gravemente y falleció a lo largo del año. Relata que este contexto afectó de forma significativa a su rendimiento y a su participación en actividades académicas, incluido un recital que no pudo presentar en condiciones óptimas. Según su testimonio, la respuesta institucional y docente no fue de apoyo, y afirma que no sintió acompañamiento ni defensa en ese momento. Tras esa experiencia, decidió alejarse completamente del entorno de Musikene y no ha regresado desde entonces.
La exalumna afirma que le sorprende que C.I. continúe ejerciendo la docencia tantos años después y considera comprensible la existencia de “quejas” sobre su “metodología”. Actualmente, la exestudiante es profesora de arpa en un conservatorio de otra comunidad autónoma de España y no recomienda a sus propios estudiantes formarse en Musikene.
Alumna 8 de Musikene
Esta antigua estudiante guarda un recuerdo doloroso de su paso por la clase de C.I.. Su experiencia fue “muy mala” y supuso el fin de su trayectoria musical. Las exigencias de la docente resultaban inalcanzables. C.I. demandaba entre cinco y ocho horas de práctica diaria y se negaba a escuchar cualquier explicación sobre la carga lectiva de otras asignaturas, sentenciando que la joven “nunca” trabajaba lo suficiente.
La dinámica dentro del aula se basaba en sufrir “humillación” constante. Según relata la exestudiante, la profesora le repetía sistemáticamente que carecía del nivel necesario y llegaba a manifestar su desprecio mediante actos físicos, como “tirarle las partituras en la cara” durante las sesiones. La flexibilidad ante problemas de salud era inexistente. Recuerda que se veía obligada a seguir trabajando incluso sufriendo de tendinitis.
Más allá de lo estrictamente académico, la relación estaba condicionada por intereses personales de la profesora hacia ella. Siempre se le asignaba el último turno de clase de la jornada, pero no por criterios pedagógicos. Era por una cuestión de logística privada: la joven debía llevar a C.I. al aeropuerto de Biarritz (a 52 kilómetros) justo después de terminar la sesión. Este ‘servicio’ de transporte se convirtió en una rutina impuesta.
El desenlace de esta etapa llegó de forma tajante cuando C.I. decidió que no quería seguir dándole clase, alegando que continuar con su formación era “perder el tiempo” y que sus esfuerzos “no servían de nada”. Esto tuvo un efecto devastador en la vocación de la arpista. “Dejé la música”, resume.
Alumna 9 de Musikene
A través de un testimonio indirecto, una estudiante de máster describe la atmósfera en la clase de C.I. como un entorno donde la incomodidad es la norma. Menciona, por ejemplo, la metodología de evaluación. Cuenta que obligaba a las alumnas a sentarse en círculo para señalar aspectos positivos y negativos de sus compañeros ante todo el grupo, llegando a momentos “un poco violentos”, especialmente para los estudiantes de primer año.
La tensión entre la exalumna y C.I. escaló tras un conflicto relacionado con una beca que necesitaba para costear su matrícula. C.I. le impuso interpretar una obra en específico y desdeñó sus peticiones para cambiar el repertorio. Tras ganar la beca tocando la pieza de su elección, la profesora le realizó un comentario despectivo delante de toda la clase. No era la primera vez que cuestionaba sus méritos: había llegado a decir anteriormente que no entendía por qué le daban ciertos reconocimientos.
El episodio más grave para la exalumna ocurrió cuando C.I. lanzó una advertencia directa sobre su futuro académico tras el incidente del repertorio. Delante de otros, la docente le comentó: “Tú verás, porque al final tienes que aprobar el máster y ya veremos si lo apruebas”. Para la estudiante, estas palabras no fueron un consejo pedagógico, sino una “amenaza” clara y una forma de “humillación” pública.
Según la exalumna, el trato degradante es “algo constante” que C.I. lleva ejerciendo durante años con diferentes alumnos. Describe la situación como un “machaque” psicológico que ha tenido consecuencias devastadoras. Asegura conocer casos de personas que ya no tocan el instrumento debido a los problemas sufridos con esta docente: “Hay gente que lo está pasando fatal”. Las clases de arpa tienen un ambiente “peligroso” para la salud mental. Y critica la pasividad de la dirección de Musikene por algo que “lleva pasando desde hace mogollón de tiempo”.
Alumna 10 de Musikene
Esta exalumna de Musikene se graduó en 2012 y conoció a C.I. durante sus últimos años. Su primera impresión fue positiva. Afirma que la relación pedagógica inicial resultó motivadora y que llegó a sentirse respaldada en su formación musical. Tras finalizar el grado, decidió continuar formándose con ella en París, prolongando un vínculo que fue evolucionando hacia una relación de amistad.
Según su relato, la dinámica con la profesora se volvió progresivamente inestable. Describe un patrón de comportamientos cambiantes. Alternaba el reconocimiento del trabajo con críticas muy duras. “Un día me aplaudía y al siguiente me destrozaba”, explica.
El deterioro definitivo, según explica, se produjo en 2019, durante la preparación de un concierto conjunto. La situación se tensó a raíz de un encuentro en casa de la docente al que la exalumna acudió tras un largo desplazamiento. A través de correo electrónico, se le advertía de posibles acciones legales si se repetía un conflicto personal que tuvieron.
Ese concierto se celebró y fue un episodio de “alta tensión emocional”. Afirma haber sufrido un ataque de ansiedad durante los ensayos y, según su testimonio, C.I. reaccionó desde la incomprensión y la burla. “Se reía mientras yo estaba derrumbada”, sostiene. Tras ese episodio decidió cortar definitivamente la relación y no volvió a tener contacto con ella. Actualmente trabaja como concertista especializada en arpas antiguas, pero asegura que aquella experiencia le “marcó”.
Lleva pasando desde hace mogollón de tiempo
Si tienes alguna información adicional sobre este caso o quieres denunciar cualquier situación similar, puedes enviar un mensaje al canal confidencial pistas.euskadi@eldiario.es. Eskerrik asko!
0