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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Dioxinas y furanos en el oasis vasco

Progresa la extinción del fuego y el acceso a la zona de búsqueda en Zaldibar

El derrumbe del vertedero de Zaldibar aumenta el número de afectados en la misma proporción en que aumenta el número de personas en la mesa técnica. Además de los dos fallecidos directamente en el accidente, los riesgos sobre la población en general siguen sin aclararse correctamente.

Una vez que se inicia el fuego en el vertedero, un fuego con compuestos orgánicos y clorados siempre producirá dioxinas y furanos. De hecho es el peor de los escenarios (Informe “Standardized Toolkit for Identification and Quantification of Dioxin and Furan Releases” de la UNEP). En estos casos el factor de emisión al aire es de 1000 µg TEQ/tonelada quemada, y la emisión al suelo de 600 µg TEQ/tonelada quemada.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las dioxinas son contaminantes ambientales que forman parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP). Las dioxinas son preocupantes por su elevado potencial tóxico y está demostrado que afectan a varios órganos y sistemas.

Una vez que penetran en el organismo, persisten en él durante mucho tiempo gracias a su estabilidad química y a su fijación al tejido graso, donde quedan almacenadas. Se calcula que su semivida en el organismo oscila entre 7 y 11 años. En el medio ambiente, tienden a acumularse en la cadena alimentaria. Cuanto más arriba se encuentre un animal en dicha cadena, mayor será su concentración de dioxinas.

No sabemos cuántas dioxinas se han producido estos días en Zaldibar. La administración sólo tiene un dato y no lo ha hecho aún público. Se ha comprometido a que el jueves 20 estarán los datos correspondientes a mediciones de la semana del 10 al 17 de febrero.

Sabemos que han dicho que el valor es entre unas 40 y 50 veces superior al normal, sin establecer qué concentración consideran normal, ni dónde se ha realizado esta medición. Es decir, a qué distancia del vertedero.

Por ejemplo un estudio catalán de 2017 medía los niveles en Sant Adrià (en el entorno de una incineradora) en 0,044 pg TEQ/m3, mientras que en Tarragona los niveles eran de 0,010 pg TEQ/m³. Para situar las dioxinas en su contexto, los datos analíticos de los 17 congéneres que son las dioxinas se expresan en equivalentes tóxicos (TEQ).

Sin embargo, el dato de concentración de dioxinas y furanos ha servido para que el fin de semana del 16-17 de febrero se prohibiera el deporte escolar, dar una serie de recomendaciones a la población sobre ventilación y no se celebrase el partido de fútbol profesional en Eibar.

Recordar que en reposo respiramos una media de 6 – 7,5 litros/minuto y en intensidad máxima deportiva 120-200 litros/minuto. Considerando que en el partido de fútbol profesional los 90 minutos fueran en intensidad máxima, un jugador hubiera respirado el equivalente a 30 – 40 horas en reposo.

También hay que tener en cuenta que las dioxinas se han ido extendiendo, dispersando desde el vertedero. La administración tiene que presentar los mapas de dispersión de contaminantes. Es posible modelizarlo.

Es decir, hay programas donde se introducen los datos geográficos y meteorológicos de estos días y nos dicen hasta dónde están llegando las dioxinas. Así, por ejemplo, los vecinos de Elgeta o Elgoibar podrán saber en qué medida están afectados, y los municipios de Zaldibar, Eibar y Ermua sabrán dónde deben medir la contaminación.

Esto es muy importante porque para esas zonas deberán plantearse medidas de control y seguimiento.

Porque las dioxinas pasan del aire al agua en una pequeña parte, y la mayor parte al suelo y vegetación. La lluvia es un agente activo en este proceso, ‘limpia’ la atmósfera y traslada las dioxinas al suelo y sedimentos. Por eso se necesitan los mapas de dispersión, para delimitar la zona geográfica sobre la que hay que actuar. Tanto para medir en suelos, como alimentos.

Porque las dioxinas entran en nuestro cuerpo por inhalación del aire, por ingestión de alimentos y suelo y por absorción dérmica.

La gran pregunta es cuál es el umbral admisible. Para adultos la OMS establece 70 pg/kg corporal por mes, la EFSA los establece para alimentos en 2 pg/kg corporal por semana.

Sin embargo, el grupo más sensible a la exposición de dioxinas son los fetos y los recién nacidos porque sus órganos se encuentran en fase de desarrollo rápido. Y por eso mismo otro grupo sensible son las madres gestantes y lactantes.

Entonces, ¿qué hay que hacer?

Necesitamos que se hagan públicos todos los datos. Los informes de medidas y análisis de dioxinas y de otros contaminantes orgánicos que pueden ser precursores de más compuestos orgánicos. Los datos darán la dimensión real del problema.Son necesarios los estudios de dispersión de contaminantes para ver el área sobre el que hay que actuar.En esas zonas hay que establecer un plan de actuación. Analíticas de aire, suelos y alimentos. Así como análisis de dioxinas en leche materna. Y después planes de recuperación de suelos contaminados con dioxinas y seguimientos de la salud pública de la población. Así como la actuación pendiente en el entorno del vertedero.

El desastre de Zaldibar llega a una sociedad que ha tenido tiempo de reflexionar sobre la gestión de desastres tanto ficcionados, como en la serie Chernobyl o reales, como la propagación del coronavirus en China. Una sociedad muy consciente de que los responsables se debaten entre su propio instinto de supervivencia política frente a actuaciones rápidas y eficaces de salud pública.

Por eso la primera reflexión general es que la gestión pública del accidente ha sido irresponsable. Una sociedad madura quiere que se le trate de esa manera y mide la gestión de esta tragedia en términos de transparencia de la información, aplicación del principio de precaución y la protección de la población más sensible.

Un ejemplo muy sencillo: si vamos al médico con un problema y manda hacer varias analíticas, a falta de recibir una, ¿nos diría que no tenemos nada, o esperaría a tener todas las analíticas para hacer el diagnóstico?

Este Gobierno nos ha dicho que todo estaba bien, hasta que ha tenido que decir que no, y suspender actividades en esas poblaciones. Y seguimos sin acceder a la información.

Este desastre deberá tener, sin duda, unas responsabilidades penales que toca investigar, responsabilidades administrativas que habrá que aclarar y responsabilidades políticas que se deben asumir.

Pero fundamentalmente tiene que exigir otro modelo de gestionar lo público, porque los gobiernos debieran ser servidores de la ciudadanía por encima de todo.

*Miren Larrion, ingeniera ambiental y concejala de EH Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria

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