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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Que la solidaridad no decaiga

Escombros en Catia La Mar (Venezuela) tras el terremoto

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Han transcurrido casi dos semanas desde que el 24 de junio dos terremotos sacudieran la zona norte de Venezuela, provocando una catástrofe humana y social de enorme magnitud. Los últimos balances hablan ya de más de tres mil personas fallecidas, más de dieciséis mil heridas y miles de familias que han perdido su vivienda, sus medios de vida o sus espacios cotidianos de seguridad.

Las cifras ayudan a comprender la dimensión del desastre, pero no alcanzan a decirlo todo. Detrás de cada número hay una vida interrumpida, una familia rota, una casa convertida en escombros, una comunidad que intenta reconocerse de nuevo entre el miedo, el duelo y la incertidumbre. Son los rostros, las historias y los testimonios personales los que nos acercan verdaderamente al sufrimiento vivido por tantas familias venezolanas.

Los medios de comunicación han recogido relatos que permiten intuir la hondura de lo ocurrido. La publicista Migdalia Carros fue rescatada bajo los escombros del edificio en el que residía, en el municipio de Chacao. Tras el rescate explicaba que había bajado al infierno en apenas 39 segundos, el tiempo que duró el temblor. Sobrevivió, pero perdió a su padre en el derrumbe. En una sola vida se concentra así la paradoja de tantas catástrofes: la alegría inmensa de seguir con vida y el dolor irreparable de la pérdida.

También es necesario reconocer la respuesta solidaria ofrecida desde distintos países, con el envío de equipos de rescate, bomberos, personal sanitario y ayuda humanitaria. A esta respuesta se suma el trabajo de muchas entidades sociales y humanitarias presentes en el propio territorio, entre ellas Cáritas Venezuela, cuya cercanía a las comunidades afectadas resulta especialmente importante.

En los primeros días, la urgencia se mide en horas: rescatar, atender heridas y asegurar agua, alimentos, refugio y medicamentos. Pero, como ocurre en los grandes desastres, con el paso del tiempo las esperanzas de rescate se reducen, los equipos internacionales comienzan a retirarse y los medios de comunicación desplazan su atención hacia otros acontecimientos.

Sin embargo, para las personas damnificadas, la emergencia no termina cuando desaparece de los titulares. En ese momento comienza una etapa más larga, silenciosa y menos visible: la reconstrucción de viviendas, la recuperación de medios de vida, la atención sanitaria y emocional, el acompañamiento del duelo y la protección de quienes han quedado en una situación de mayor desamparo. Cuando el ruido informativo se apaga, sostener la vida sigue siendo necesario.

Como recuerda el papa Francisco, “el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día”. Por eso, el área de Cooperación Internacional de Caritas Gipuzkoa mantiene activa su campaña de emergencia a favor de las personas y familias venezolanas damnificadas. Esta llamada se inscribe en la dimensión universal de la caridad, en el compromiso con la justicia global y en la comunicación cristiana de bienes. La solidaridad cristiana no se limita a una reacción inmediata ante el impacto de la tragedia; busca sostener procesos, acompañar comunidades y afirmar que ninguna vida queda fuera de nuestra responsabilidad común.

Desde esta mirada, la cooperación no se entiende como una ayuda distante, sino como una relación fraterna entre comunidades. Caritas acompaña a través de las Caritas hermanas y de las Iglesias locales, reconociendo su presencia, su conocimiento del territorio y su capacidad para estar junto a las personas afectadas antes, durante y después de la emergencia. Esa cercanía permite que la ayuda no sea solo respuesta puntual, sino también reconstrucción de vínculos, fortalecimiento comunitario y esperanza compartida.

En 2025, Caritas Gipuzkoa destinó más de 600.000 euros a proyectos de cooperación internacional en nueve países, orientados especialmente a la seguridad alimentaria, la educación, la promoción de las mujeres y el fortalecimiento de comunidades locales. Esta trayectoria expresa una convicción profunda: la caridad, cuando está unida a la justicia, no conoce fronteras y se hace concreta allí donde la vida está más amenazada.

Que la solidaridad con Venezuela no decaiga significa no pasar página demasiado pronto. Significa permanecer cerca cuando la urgencia deja paso a la reconstrucción. Significa acompañar el duelo, sostener la esperanza y ayudar a que las familias puedan recuperar, poco a poco, un lugar seguro donde vivir.

Porque cada gesto de apoyo, por pequeño que parezca, puede convertirse en una forma concreta de esperanza para quienes han perdido casi todo. Y porque, ante el sufrimiento de un pueblo hermano, la distancia nunca puede ser excusa para la indiferencia.

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