La historia de los blusas y 'neskak' de Vitoria, en medio millar de pegatinas

Una de las pegatinas incluidas en la obra

Según se iba acercando el verano de 2020, en el primer año de la pandemia de COVID-19, según iba avanzando la cuenta atrás y quedaban menos y menos días hasta el 25 de julio, que es cuando los blusas y las 'neskak' toman las calles de Vitoria por primera vez, se fue haciendo patente que aquella vez no iba a poder ser, que la estrategia para hacer frente al virus iban a hacer imposible que se celebrasen tanto aquel día como las fiestas de La Blanca entre el 4 y el 9 de agosto. Fue ese el momento en el que a Rafael Resines Pradera, archivero de la Fundación Sancho el Sabio, museólogo e historiador del arte, se le antojó interesante la tarea de recopilar las pegatinas que señalan de qué cuadrilla es cada blusa y cada 'neska'. Para ello, se valió primero del propio archivo de la fundación, que contaba con unas seis decenas de fotografías, y luego fue ampliando esa relación con la ayuda de coleccionistas y gente anónima. Ahora, el resultado de esa labor de recopilación, que ha dado sus frutos y le ha permitido reunir cerca de medio millar de adhesivos, ha tomado forma de libro, que se ha publicado esta semana con el título de 'Pegados a la fiesta'.

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Este verano, Celedón, el aldeano de Zalduondo que lleva la batuta de las fiestas equipado con su característico paraguas, volverá a descolgarse desde la iglesia de San Miguel y los blusas y 'neskak' bailarán y cantarán a su compás, pero la pandemia ha evitado que la fiesta se haga con las calles durante dos años consecutivos. “Cuando se vio que no iba a haber fiestas, decidí que era una buena forma de intentar mantener el espíritu. En la fundación había una barbaridad de pegatinas, unas 20.000, pero de cuadrillas de blusas no había más de sesenta. Gracias a un llamamiento, he llegado a un montón de gente que tenía algunas en el camarote o que me ha conseguido otras pidiéndoselas a amigos. He tirado de coleccionistas y de gente anónima”, relata Resines, que se confiesa exhausto después de tanto trabajo. A una de esas personas, a Itziar Gutiérrez, sí la saca del anonimato, porque asegura que le proporcionó unas doscientas pegatinas de cuadrillas de blusas.

El tiempo pasa y deja huella, y esa huella es palpable también en las pegatinas que iban bordadas al traje de cada blusa y cada 'neska'. “Las más antiguas, del año 1978 o 1979, son de la época de la Transición, que fue muy reivindicativa. La del año 1979 de Jatorrak, una cuadrilla que ya desapareció, es directamente una ikurriña. Hay que tener que la ikurriña se había legalizado hace poco”, reseña. De hecho, esa legalización se había aprobado el 19 de enero de 1977 y meses después, a las nueve de la mañana del Día de Santiago Apóstol de ese año, los concejales del Ayuntamiento María Jesús Aguirre —madre del actual alcalde, Gorka Urtaran—, Merche VIllacián y José Pérez de Valderrama, acompañados de un representante de las cuadrillas de blusas, se encargaron de izar la tela roja, verde y blanca. La siguiente etapa fue, según explica, la de “la crítica irónica a los poderes de la ciudad”. “Le tocaba al alcalde de turno a aquel concejal al que le había salido rana alguna jugada”, añade.

El sexismo de la década de 1990, hasta en las pegatinas

Luego vino la década de 1990, que fue “bastante sexista en general”, asegura Resines. Durante años, las cuadrillas de blusas —y entonces eran tan solo 'de blusas' y el día era el Día del Blusa, no el del Blusa y la Neska— no permitieron que las mujeres se adhiriesen a la fiesta. En la década pasada, tan recientemente como en 2014, todavía había tres cuadrillas que se negaban, y así figuraba en sus estatutos, a contar con 'neskak' entre sus filas. “Las pegatinas de los noventa son un reflejo de cómo eran las fiestas en el momento, sin 'neskak' en las cuadrillas. El mensaje iba por ese lado”, explica Resines, que sí nota cómo ese mensaje se va tornando integrador y conciliador con el cambio de milenio.

En 2014, sin embargo, todavía habría polémicas sexistas, y las pegatinas fueron el epicentro de una de ellas. “Yo personalmente he puesto pegatinas toda mi vida. ¿He tocado tetas por eso? Sí, pero no me han dado ninguna torta”, llegó a decir —como recogió el diario 'El Mundo'— Luis Izaga, entonces presidente de la comisión de blusas y 'neskak' y por tanto representante de las veinticinco cuadrillas que pateaban esos días las calles de Vitoria de arriba abajo de paseíllo en paseíllo. “Tetatinas, esas pegatinas mágicas que hacen que en cinco días toques más tetas que en todo el año”, se podía leer en una imagen que salió a la luz y se difundió por las redes sociales con esas palabras, acompañadas del escudo de todas y cada una de las cuadrillas, salvo la de Txirrita.

Resines, que trabaja para la Fundación Sancho el Sabio de Vitoria, confiesa que, tras estar mucho tiempo 'pegado' a esta tarea, ahora es momento de descansar, aunque no descarta otras labores de recopilación enfocadas en preservar la memoria de las fiestas de la ciudad: “Tenemos una colección muy buena que me gustaría ir adecentando para que se quede aquí, en la fundación. Sí que le había dado vueltas a alguna cosa más, quizá con las pancartas, pero es más complicado porque habría que tirar de archivo. Por ahora, descansar”.

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