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De un aula de instituto a una red internacional de expertas en IA: el encuentro con las estudiantes que idearon un detector de riadas

Videoconferencia entre integrantes de la Red MIA y las estudiantes
13 de marzo de 2026 11:26 h

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El proyecto que desarrollaron en el aula, un prototipo de detector de riadas, 'Flood Detector' diseñado para alertar a la población ante crecidas repentinas, fue precisamente el motivo del encuentro. La idea nació tras la tragedia provocada por la DANA de Valencia, que dejó numerosas víctimas mortales y evidenció la urgencia de contar con sistemas de aviso más eficaces ante fenómenos meteorológicos extremos. Las alumnas explicaron que su intención era aportar una herramienta útil “para ayudar sin tener que estar allí”.

Ese trabajo no solo ha llamado la atención de la Red de Mujeres en Inteligencia Artificial, sino que además ha sido reconocido a nivel europeo. El IES Donoso Cortés, de la provincia de Badajoz, fue galardonado en la categoría Idea Challenge del certamen YouthStart de EduCaixa – European Entrepreneurship Award, celebrado en Shkodra (Albania), un premio que distingue proyectos innovadores con impacto social.

Durante la videollamada, organizada para que las estudiantes pudieran explicar su trabajo y conocer a profesionales del sector tecnológico, las jóvenes contaron cómo nació la iniciativa. “Todo empezó en el instituto”, explicaron. Su profesor, Emilio Piñeiro, les propuso participar en un concurso que exigía diseñar un invento con impacto social y, en ese contexto, decidieron abordar el problema de las inundaciones. “Como era reciente lo de la tragedia de la DANA, pensamos en intentar ayudar a las personas que lo están pasando mal por catástrofes que no se pueden controlar”, señalaron.

Un detector de riadas de bajo coste

El prototipo desarrollado por las estudiantes combina varios elementos tecnológicos sencillos: un sensor de nivel de agua colocado en el exterior, una placa programable tipo Arduino donde se procesa la información, una antena Bluetooth que permite comunicar distintos dispositivos a distancia y una batería que permite que el sistema funcione de forma autónoma en entornos naturales.

El dispositivo monitoriza en tiempo real la altura del agua y, cuando detecta un aumento brusco del caudal, envía automáticamente una alerta a los teléfonos móviles de los usuarios suscritos al sistema. La clave, explicaron, era evitar que el aviso dependiera de una intervención humana.

“Lo más complicado fue conseguir que el detector fuera autónomo, que nadie tuviera que mandar la señal”, contaron durante la reunión. En muchos sistemas actuales, explicaron, el aviso llega después de que una institución reciba la información y la comunique a la población, un proceso que puede hacer perder minutos decisivos en una emergencia.

El objetivo de su propuesta es precisamente ganar tiempo. Una alerta temprana enviada directamente al teléfono móvil puede marcar la diferencia entre evacuar una zona a tiempo o quedar atrapado por una riada repentina.

Tecnología para ayudar

La sencillez del sistema es también una de sus ventajas. Las estudiantes diseñaron el prototipo pensando en que pudiera instalarse en zonas rurales o puntos vulnerables a inundaciones con un coste reducido. El sistema, además, podría tener otros usos más cotidianos, por ejemplo en agricultura, para controlar niveles de agua en canales o zonas de cultivo.

Aprender fuera del libro de texto

Más allá de la parte técnica, las alumnas destacaron el valor del trabajo en equipo. “Lo que más hemos aprendido con este proyecto no aparece en los libros de texto”, explicaron. “Te pueden explicar cómo montar algo, pero el proceso de hacerlo realidad es otra cosa”.

La experiencia, añadieron, les ha permitido comprobar cómo una idea nacida en el instituto puede llegar mucho más lejos de lo que imaginaban. “Si alguien tiene una idea que le gusta, que tire para adelante”, aconsejaron a otras estudiantes. “Nosotras tampoco pensábamos que íbamos a conseguir todo esto”.

El encuentro con la Red de Mujeres en Inteligencia Artificial, MIA, nacida en Cáceres pero formada por mujeres expertas de todo el mundo, se planteó como una oportunidad para compartir experiencias entre generaciones. Y en la pantalla coincidieron trayectorias muy distintas: profesionales con décadas de experiencia en tecnología, empresa o derecho y cuatro estudiantes que apenas empiezan a imaginar su futuro académico. Pero la reunión evidenció algo más profundo que una simple charla sobre innovación. Las integrantes de la Red MIA quisieron escuchar, aprender y acompañar a las jóvenes, poniendo sobre la mesa la importancia de tejer redes entre mujeres que comparten un mismo impulso: usar el conocimiento para mejorar la vida de los demás. Desde sus distintos ámbitos profesionales, las expertas reivindicaron el valor de proyectos con impacto social y el compromiso de seguir apoyando iniciativas que nacen en las aulas, demostrando que la tecnología también puede ser un espacio de colaboración, referentes y sororidad.

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