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Las nuevas restricciones de Feijóo facilitan el acceso a los ERTE de los empresarios urbanos y lo dificultan a los del rural

Terrazas en el centro del casco histórico de Santiago

El nuevo plan contra el coronavirus impulsado por la Xunta trae consigo una novedad de importantes efectos económicos. La decisión de Feijóo sitúa a 250 ayuntamientos en el nivel medio-alto de restricciones. Muchos de ellos estaban en niveles mucho más laxos y ahora tendrán que someterse a nuevos límites horarios para la hostelería y el comercio, un toque de queda que se adelanta y una llamada general a los ciudadanos para no salgan de sus casas. Todo ello sin que la Xunta haya impuesto el cierre perimetral de sus territorios. 

Galicia entra esta noche en el nuevo nivel de restricciones: hostelería cerrada a las 18.00 y toque de queda a las 22.00

Galicia pide limitar las reuniones a cuatro personas, adelanta el toque de queda a las 22.00 y pone a todos sus ayuntamientos en alerta

Hasta la fecha, el Ejecutivo gallego consideraba que el paso al nivel medio-alto de restricciones iba necesariamente acompañado de límites a la movilidad. De cumplir su criterio general y tras la decisión adoptada este martes, el Gobierno gallego debería haber cerrado todos los ayuntamientos de Galicia. No lo ha hecho y eso supone un perjuicio para la economía del rural, frente a la de las áreas urbanas. Los empresarios de los ayuntamientos cerrados podrán optar a los ERTE rápidos y beneficiarse de bonificaciones empresariales alegando causa de "fuerza mayor". Sin cierre perimetral, el resto verá como las ayudas se alejan. En criterios estrictamente económicos la decisión beneficia al entorno urbano y a las grandes empresas, en detrimento de la hostelería, pymes y pequeños comercios de villas y pueblos. 

El 64,3% de la población gallega, residente en 63 ayuntamientos -incluidas las siete ciudades-, tendrá restringida su movilidad y sólo podrá salir de su municipio para actividades consideradas esenciales, como laborales o atención a personas dependientes. Los negocios en esos municipios podrán entonces pedir y obtener un ERTE para sus trabajadores ya que el cierre perimetral es motivo suficiente para que se acepte la suspensión de un contrato o la reducción de jornada laboral por causa de "fuerza mayor". Ese tipo de ERTE, a diferencia del que invoca razones económicas, conlleva bonificaciones ya que es el Estado, y no el empresario, el que pagará el grueso de las cuotas de la Seguridad Social de los empleados afectados. 

Un comercio, un hostelero o una gran empresa del cinturón metropolitano de alguna de las ciudades gallegas tendrán así, a partir de este viernes, mucho más facilidades para reducir sus costes laborales durante la pandemia. Podrán enviar temporalmente al paro o reducir la jornada a sus empleados y ahorrarse gran parte de las cuotas. Pero, por el contrario, una casa de turismo rural situada en uno de los 250 municipios gallegos que pasan a nivel medio-alto de incidencia del COVID, con restricciones en aforo y actividades sociales, pero sin cierre perimetral, no podrá acogerse a esa figura de un ERTE por causa de fuerza mayor. 

"A un comercio o un hotel le afecta muchísimo el cierre perimetral porque está claro que merma su clentela si no puede venir de otro municipio que el suyo", corrobora el secretario general de UGT A Coruña, Ángel Iglesias. Y eso a medio plazo, tendrá consecuencias: "dificultará la recuperación de la economía en el medio rural". Los ERTE por causa de fuerza mayor están pensados para favorecer la recuperación económica tras la pandemia. "Cuando un empresario hace un ERTE lo hace por necesidad, para reducir costes, y evitar el cierre de su negocio", explica Iglesias. El peligro al prolongarse la pandemia es que muchos pequeños empresarios "no salgan del ERTE y acabe por echar el cierre al quedarse sin capacidad financiera suficiente para afrontar gastos". Al quedar sin cierre perimetral, y por lo tanto sin motivo para invocar "causa de fuerza mayor" para hacer un ERTE, los empresarios del rural están perjudicados para recuperarse en el futuro. "El gran problema es la crisis de consumo interno de enorme calibre que todo esto genera. No es una crisis económica o financiera", destaca el dirigente sindical, "esto es una cadena: si cierra un negocio, cierran los proveedores, se reduce el consumo y el empleo". Y la reactivación económica se hará mucho más difícil.

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Publicado el
14 de enero de 2021 - 06:00 h

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