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Carolina Rodríguez, CEO de Enisa: “Balears tiene capacidad para impulsar empresas emergentes más allá del turismo”

Carolina Rodríguez.

Pablo Sierra del Sol

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Carolina Rodríguez Arias aterriza en son Sant Joan para pasar veinticuatro horas observando de cerca a las empresas emergentes de Mallorca. Esta gallega –que estudió Derecho en Vigo y se especializó en Comercio Exterior en Compostela– es la consejera delegada de la Empresa Nacional de Innovación (Enisa). Accedió a la dirección de esta compañía dependiente del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en julio de 2025. Antes había sido durante una década su responsable de promoción, relaciones institucionales y, también, directora de Coordinación. Entre medias (2020-2023), formó parte del Alto Comisionado del Gobierno de España. Allí contribuyó a diseñar la Estrategia España Nación Emprendedora o la Ley de Startups. 

Durante toda la charla con elDiario.es, Rodríguez insistirá en una idea: la misión del sistema público es conectar formación, talento y actividad económica.

¿Cómo son los emprendedores de las Illes Balears?

El turismo es obviamente la fortaleza de estas islas, pero desde Enisa hemos financiado empresas emergentes que demuestran que se puede hacer tecnología desde aquí. Pienso en el caso de ADNTRO [una compañía especializada en tests de ADN con sede en la Colònia de Sant Pere, Mallorca] y en el papel que juega el Parc Bit para ofrecer oportunidades al talento local: allí se está haciendo muy buen trabajo y hay un esfuerzo de coordinación con otras entidades del Govern. Eso es lo que nos gusta ver: saber que desde Enisa podemos aportar valor en el contexto de la comunidad autónoma porque nos tienen muy presentes está muy bien. Hemos invertido 15 millones de euros para financiar a 112 empresas surgidas de estas islas y nos gustaría que esa cantidad siga creciendo en el futuro. Balears tiene capacidad para impulsar empresas emergentes más allá del turismo.

En esta época de mutaciones tecnológicas tan aceleradas, ¿qué empresas se están subiendo al tren de la innovación?

Los sectores económicos tradicionales necesitan innovación para no perder competitividad: la encontramos en proyectos culturales y, por supuesto, también en empresas de ámbito rural. Lo estamos viendo con la inteligencia artificial, que es la moda del momento y lo atraviesa todo. En estos tiempos cualquier compañía necesita soluciones ágiles y flexibles. Por eso, en el ámbito de la seguridad y la defensa todo el mundo está mirando a las startups. Enisa es una empresa pública que nació en 1982 para contribuir a la reconversión industrial que se llevaba a cabo entonces en España. Aunque parezca que hemos cambiado mucho durante estas décadas, seguimos creyendo que la innovación es clave para reindustrializar el país.

¿Qué requisitos debe cumplir un emprendedor para que Enisa financie su proyecto? 

Nuestra vocación es apoyar a la pyme innovadora. No financiamos ideas ni proyectos que no estén constituidos, ni tampoco autónomos ni grandes empresas. Innovación es todo cambio –no solamente tecnológico– basado en un conocimiento –no solamente científico– que aporta un valor –no solamente económico. Es decir, no sólo la innovación está en la tecnología. Apoyamos tanto a empresas que innoven a través del packaging o que apuesten por una estructura de organización diferente. Los préstamos participativos de Enisa son uno de los instrumentos con los que cuenta el Gobierno para que ninguna compañía tenga que renunciar a desarrollar sus ideas aunque esté en una fase muy inicial y lo tenga difícil para acceder a otras fuentes de financiación.

¿Cómo funcionan los préstamos participativos?

El préstamo participativo está a medio camino entre el préstamo bancario y el capital riesgo, que es donde nos situamos realmente. No se concede por capricho. Necesitamos que la empresa interesada presente un plan de negocio que refleje las proyecciones financieras de la empresa: qué va a hacer y cómo lo va a hacer. El análisis que realizamos es exhaustivo.

Sus préstamos cubren un rango amplísimo: oscilan entre los 25.000 y el millón y medio de euros, pero llevan a rajatabla una norma que, por ejemplo, no cumplieron las cajas de ahorros que quebraron al reventar la burbuja inmobiliaria. Presumen de que nunca inyectan cantidades que superen el capital social de la sociedad que van a financiar.

La nuestra es financiación de riesgo que va a complementar la financiación que pueda movilizar el emprendedor, sea privada o pública. Tampoco pedimos avales: la garantía es el proyecto y las personas que lo lideran. Enisa es un agente que acompaña la hoja de ruta de la compañía, pero nunca seremos sus únicos financiadores. Es más, que nuestra empresa esté presente en una operación da seguridad a inversores que, por otro lado, ven que no van a perder parte del pastel. Nosotros no tomamos parte del accionariado de la sociedad. Por eso somos una referencia de calidad frente a terceros que, quizás, duden en invertir en una start up por los riesgos que conlleva. 

La economía española durante las décadas del ladrillazo se caracterizó por la facilidad para obtener dinero a crédito. Ese grifo se cerró tras la grave crisis financiera de 2008. Ahora los requisitos son muchos más duros y se dilatan en el tiempo. Enisa, sin embargo, otorga sus créditos en apenas un mes. ¿Esa rapidez democratiza el emprendimiento?

Después de los últimos cambios que se aplicaron en el funcionamiento de nuestra empresa, podemos manejar nuestros fondos de forma más ágil. Es decir, si un emprendedor nos solicita un crédito en enero, no tiene que esperar a que los fondos estén disponibles. Si el préstamo no supera los 300.000 euros, los interesados obtienen una respuesta en treinta o cuarenta días. Estoy segura de que una due diligence [auditoría] de un operador privado tarda más tiempo. A efectos empresariales, esa agilidad implica que los beneficiarios puedan organizarse mucho mejor y que nuestro funcionamiento sea también más eficiente. Hay que recordar que es justo después de esa crisis que mencionas cuando empieza a eclosionar el sistema de emprendimiento en España tal y como lo conocemos hoy. Unos años antes se hablaba de las .es y las .com, pero es a partir de 2008 cuando aparecen los fondos ICO o cuando en Enisa empezamos a ofrecer préstamos pensados específicamente para emprendedores menores de cuarenta años. South Summit, una de las tres citas más importantes de emprendimiento en España, también se crea en aquel momento. Fuimos testigos del cambio de panorama.

¿Qué importancia tuvo para Enisa que la Ley de Startup –hija de la pandemia: se aprobó en diciembre de 2022– reconociera el papel de Enisa a la hora de dinamizar empresas emergentes?

Fue un hito importante para nosotros, una manera de reconocer que hemos certificado más de 2.000 empresas como startups, se han concedido más de 10.000 préstamos participativos, se han invertido más de 1.500 millones… Para una empresa pública que gestiona un presupuesto de unos 100 millones de euros anuales es bastante. 

El confinamiento fue un parteaguas a la hora de entender la vida y, en consecuencia, el trabajo. La Ley de Startups ya menciona en su preámbulo a los nómadas digitales. Esta figura está muy relacionada con el emprendimiento, pero, en destinos turísticos como las Illes Balears, también a la gentrificación. ¿Son los precios del mercado inmobiliario el peor obstáculo para emprender?

Influyen, sin duda, y son una de las principales preocupaciones de muchos emprendedores. Por eso, quiero destacar la importancia de nuestros préstamos participativos. Ya que mencionas los cambios de mentalidad que trajo la pandemia: el emprendimiento, sobre todo en estos años después de la covid, es una alternativa súper válida para personas que deciden desarrollar su vida en un lugar específico. Los emprendedores van más allá de generar una alternativa empresarial sino que evalúan el impacto que su proyecto va a tener en el entorno, se cuestionan el sentido del trabajo, no quieren que sus proyectos afecten a la calidad de vida de sus vecinos. 

Dos tercios de los préstamos que concede Enisa acaban en empresas con sede en Madrid o Barcelona. ¿Cómo están tratando de evitar que los dos puntos más grandes del mapa atesoren la mayor parte del emprendimiento español?

Cuando cubrimos el máximo de presupuesto quiere decir que cada vez hay más empresas emergentes que nos conocen y vienen a Enisa. Por eso, tratamos de desplazarnos allí donde tengamos que dar a conocer nuestra labor. Somos didácticos: nos dedicamos, realmente, a hacer educación financiera. Difundiendo las ventajas del préstamo participativo, queremos, desde hace años, salirnos de Madrid y Barcelona. 

¿Es posible que un emprendedor se mude a la España vaciada y no muera en el intento?

Creo que todo el mundo ha entendido que es posible emprender desde cualquier lugar. Yo soy de Ourense: los que procedemos de zonas despobladas y con menos oportunidades, vemos en el emprendimiento una acción y una elección que permite permanecer en el lugar que quieres a través de una actividad económica que genere un impacto positivo en el entorno. Por definición, desde Enisa apoyamos compañías con capacidad de crecimiento, pero no tienen que ser de crecimiento desmesurado. Podemos apoyar a pymes más tradicionales que quieren generar un impacto positivo en su entorno y no tengan como objetivo escalar rápido para que las compre un fondo de inversión. Un ejemplo que tenemos en Galicia es Innogando, una empresa de Lugo especializada en dispositivos de control inteligente para el ganado. Con la red de universidades y centros de formación que hay repartidos por toda España, que exista la posibilidad de obtener una posibilidad de desarrollo profesional en el lugar en que te formas es clave. Estamos inmersos en una competición global para atraer talento.

Ese es uno de los caballos de batalla del empresariado balear: la falta de profesionales. Muchos jóvenes que han nacido y se han criado aquí, se marchan a estudiar a la península y el extranjero… y no regresan.

Como buena gallega, nací en París [ríe] y desde hace años el retorno es una idea que me obsesiona. Muchos españoles, grandes profesionales, que se marcharon del país tras la crisis de 2008 quieren volver si tienen un proyecto para desarrollar su talento. Queramos o no, en este país tenemos mucha calidad de vida.

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