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ANÁLISIS

Contra el 'establishment' desde el 'establishment': parecidos y diferencias entre Donald Trump y Boris Johnson

"Boris es bueno, le llaman el Trump británico", dijo el propio Trump sobre Johnson pero, ¿en qué se parecen y en qué se diferencian?

Las consignas contra el establishment, una vida personal poco conservadora o la adicción a la mentira unen a ambos líderes

Sin embargo, Johnson lleva en política 18 años y llega al poder mucho más preparado de lo que estaba Trump en 2017

Trump y Johnson

Trump y Johnson

Lo ha dicho el propio presidente de EEUU: "Boris es bueno, le llaman el Trump británico". Hasta esta semana los dos compartían la melena rubia y la adicción a la mentira, pero desde el miércoles les unen muchas más cosas. El botón nuclear, el asiento en el G7.... y en definitiva la capacidad de dar mucha guerra.

Los dos son impertinentes y demagogos, pero: ¿es Boris Johnson "el Trump británico"?

Contra el establishment desde el puro establishment

Tanto Donald Trump como Boris Johnson han logrado un milagro: presentarse como "la voz de la gente corriente" y los enemigos de "las élites", cuando no hay nadie que represente menos a la gente normal y más a la clase dirigente que ellos mismos.

Si Trump defiende a "los olvidados" desde su ático forrado en oro en Manhattan, Johnson ataca a esos "ricachones" que se oponen al Brexit cuando su currículum no tiene nada de humilde: su familia está emparentada con la nobleza de media Europa y hasta con la familia real. Su padre fue diputado en el Parlamento y alto funcionario, ya es casualidad, de la Unión Europea. Boris fue educado en Eton, el colegio más exclusivo del país, de donde han salido ya 20 primeros ministros, y más tarde en Oxford, donde perteneció al bicentenario Club Bullingdon, conocido por su elitismo aristocrático y sus míticas farras que solían incluir vandalismo y prostitución. 

Una vida personal poco conservadora

Como Trump, Johnson es una elección curiosa para liderar un partido conservador que presume de defender los "valores familiares tradicionales". Se divorció de su primera esposa en 1993 para casarse, 12 días después, con la mujer que estaba a pocas semanas de dar a luz a su primera hija. En 2004 la prensa reveló que Johnson tenía una relación extramatrimonial y su partido le obligó a dimitir por haber mentido al respecto, pero su matrimonio siguió adelante.

En 2013, la Justicia reveló una nueva relación extramatrimonial en la que había tenido una hija con otra mujer, una niña que al principio se negó a reconocer. Y cuando en 2018 las fotos de una nueva aventura extramatrimonial llegaron a los kioskos, el hoy primer ministro se divorció por fin y se fue a vivir con su pareja actual. Hace unas semanas, una bronca entre ambos acabó con la Policía personándose en su casa. 

Mentiras y más mentiras

Igual que Trump llegó a la presidencia gracias a ser la estrella de un reality, Boris Johnson ha llegado al 10 de Downing Street a través de décadas escribiendo columnas de opinión. Para entender al personaje, baste recordar que gracias a sus contactos consiguió su primer trabajo como periodista en el muy respetado Times de Londres y que fue despedido fulminantemente por inventarse unas declaraciones de un historiador... un historiador que era su padrino.

Después hizo carrera en Bruselas, inventando o exagerando historias que alimentaran el mito de una Unión Europea corrupta o inútil. Cuando pasó a la política, siguió teniendo una relación complicada con la verdad que le ha llevado incluso a juicio tras dar datos económicos objetivamente falsos sobre la relación con la UE y a criticar abusivas normas europeas que no existían.

Otro enemigo de "la corrección política"

Como Trump, Johnson ha hecho carrera presumiendo de "hablar claro" y cultivando una imagen de autenticidad. En sus columnas nos ha dejado insultos racistas, machistas y homófobos, y como político ha mostrado una habilidad genuinamente trumpiana para conseguir que los medios hablen de él y para decir en voz alta las cosas que muchos votantes piensan pero prefieren callar.

Aunque hay que reconocerle algo más de tacto que al ocupante de la Casa Blanca, Johnson tampoco ha dudado en atizar los peores instintos racistas de los votantes: no hace tanto que iba por las televisiones diciendo que la entrada de Turquía en la UE era inminente (no lo es) y advirtiendo de la llegada de una oleada de refugiados. Su glorificación del pasado, muy al estilo del eslogan 'Hagamos a América grande otra vez', destila supremacismo.

Y sin embargo, algunas diferencias

Por mucho que disgusten las declaraciones de Boris Johnson, es difícil no reconocer que parece más conectado a la realidad que Trump. Lleva en política 18 años y llega al poder mucho más preparado de lo que estaba el presidente de EEUU en 2017. Es una persona que habla varios idiomas, ha estado al cargo de la diplomacia británica, y basta leer sus escritos un rato para darse cuenta de que es más culto e inteligente de lo que muchos están dispuestos a reconocer. También ha condenado algunas de las peores salidas de tono de Trump en el pasado.

Por otro lado, Johnson tiene una legitimidad mucho menor que la del presidente de EEUU. A Trump le han votado 63 millones de personas y a Johnson menos de 100.000 militantes de su partido en un país de 66 millones de habitantes. Veremos si la llegada del británico al poder le acerca o le aleja de su colega rubio del otro lado del Atlántico.

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