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Borrell: “El coronavirus ha desequilibrado el mundo, hay un desorden multipolar dominado por la rivalidad EEUU-China”

El alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell.

Andrés Gil

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“Una crisis sin precedentes”. El vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante de la UE, Josep Borrell, repite un mantra que, como él reconoce, verbalizan todos los líderes europeos cada vez que hablan de las consecuencias de la pandemia del coronavirus. 

“Este miércoles, en la cumbre de la UE con los Balcanes, todos los líderes decían lo mismo: 'Una crisis sin precedentes'. Y es que es así, no ha habido nunca antes una caída del PIB como la que se está produciendo en estos momentos, con una dimensión de internacional de la crisis con impacto en la economía europea y mundial”, explica Borrell en un encuentro por videoconferencia con los corresponsales españoles en Bruselas.  “Es una época extraordinariamente interesante, la más apasionante en 40 años de vida política, es una tormenta de las de verdad, la tormenta perfecta”.

Borrell, al día siguiente de publicarse las previsiones económicas de la UE, que conceden a España una caída del 9,4% del PIB para 2020, alerta: “Es difícil hacer previsiones, y en este momento de tanto desorden no podemos calibrar bien qué pasará. Además, quedan muchas decisiones pendientes de ser tomadas [como el fondo de recuperación europea, por ejemplo] y hacer previsiones es imposible. Las hipótesis se pueden cumplir o no, está todo muy abierto”.

En este sentido, el vicepresidente de la Comisión Europea reconoce que “el margen de error es enorme: la Comisión Europea se sitúa en la banda optimista de lo que puede ocurrir. ¿Quién sabe las medidas que se van a tomar en la controversia entre EEUU y China, por ejemplo? Depende todo mucho de escenarios futuros”.

El jefe de la diplomacia europea insiste en que “las cosas económicamente no van a ser fáciles, porque es una crisis agravada por el desorden geopolítico mundial. La epidemia del coronavirus ha acabado de reventar el modo de gobernanza multilateral que mal que bien iba renqueando en los últimos años. El coronavirus ha terminado de desequilibrar un mundo que pivotaba en torno al liderazgo de EEUU, y ahora hay un desorden multipolar con un factor dominante: la rivalidad EEUU-China que la epidemia ha exacerbado. No podemos participar en el blame game de Washington y Pekín”.

Borrell subraya que en esta crisis no hay colaboración entre las dos potencias: “Hay un juego de invectivas mutuas para decir quién es el responsable del origen del virus y ambas potencias están desplegando la batalla de las narrativas y la diplomacia de la generosidad. La batalla de narrativas está en una densidad muy fuerte y un despliegue de actividad de la diplomacia pública basada en las actuaciones que cada país hace con el coronavirus”.

Borrell lamenta que Washington no haya “ejercido el rol que había sido el suyo desde finales del siglo pasado, de liderazgo mundial, que se ha debilitado por voluntad propia”.

“Su participación n las reuniones internacionales es escasa, el consejo de seguridad de la ONU está paralizado, no ha tomado resolución”, se lamenta el Alto Representante europeo.

En la Unión Europea, el vicepresidente de la Comisión Europea sostiene: “Estamos discutiendo de nuevo como organizar la solidaridad de los Estados miembros, han vuelto las fronteras, y los dos pilares de la Unión, Schengen y el euro, vuelven a tener problemas. La parte positiva es que, en el nuevo orden mundial que hay que construir, Europa puede tener un papel”.

En ese papel geopolítico internacional, Borrell ve clave “tener primero unidad y fortaleza interna”. Y, en ese sentido, la sentencia del Tribunal Constitucional alemán es un revés: “Su gravedad no se puede ocultar: cuestiona el principio hasta ahora aceptado de que en el ordenamiento jurídico europeo hay una cadena, instancias, que culminan en el TJUE. Pero si un Constitucional dice que las sentencias de Luxemburgo no son aplicables en Alemania, como resulta que Alemania no es el único que tiene un TC, los demás pueden tener la misma opinión, lo que terminará en una desestructuración del orden jurídico europeo”.

Borrell ha explicado que “los servicios jurídicos de la Comisión Europea están estudiando el fallo, pero de entrada choca con el célebre whatever it takes..., pone límites al whatever it takes., a hacer todo lo que haga falta ante una crisis”.

“Son tiempos difíciles, donde lo peor puede ocurrir”, relata Borrell, “estamos debatiendo todo, cuán flexible puede se la compra de deuda pública, cuán importantes pueden ser las acciones de intervención a través de un fondo de rescate europeo y cuánta barra libre hay para las ayudas de Estado a las empresas nacionales. Nos podemos cargar el mercado único: depende de que no se distorsione la competencia a través de ayudas públicas. Europa no puede pretender ser fuerte en el mundo sin unidad interna. No tengo respuesta para todas esas cosas”.

Después de la última cumbre de líderes, el 23 de abril, se esperaba que la Comisión Europea presentara su plan de recuperación este 6 de mayo. La fecha ha pasado y aún no está el plan. “Siempre pensé que el 6 era una fecha imposible”, reconoce Borrell: “Era muy optimista y voluntarista, no se escapa la dificultad de diseñar unas perspectivas financieras [MFF, presupuesto de la UE 2021-2027] con más recursos propios que sirvan de garantía para ir a los mercados. No puedo dar una fecha porque no la sé. Además, no se puede tomar una decisión sin saber las necesidades de reestructuración que van a depender de la intensidad de la crisis internacional. Europa es la región que se va a ver más afectada de una crisis de comercio, va a depender de cómo les vaya a los demás”.

¿De cuánto dinero debe ser el fondo? “Es una enorme discusión y estamos esperando las evaluaciones de Breton [comisario de Mercado Interior] y Gentiloni [comisario de Finanzas] sobre los ecosistemas de cada sector de la economía europea. –turismo, coches...–”.

En cuanto al aprovechamiento por parte del soberanismo populista de extrema derecha de la crisis, Borrell afirma: “Han tratado de minimizar el peligro del virus, y han lanzado mensajes contradictorios. Tendríamos más muertos en todas partes si les hubiéramos hecho caso”.

“Los nacionalismos también pueden revivir”, reconoce el vicepresidente de la Comisión: “Al final, los europeos juzgarán a Europa en base a si Europa les ha protegido de la crisis, si ha ayudado, si lo que se ha hecho ha sido positivo, si habría sido peor sin la Unión Europea, si debería tener más competencias en materia de sanidad, por ejemplo”.

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