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La defensa europea sigue sin estar preparada: cuellos de botella industriales, fragmentación y dependencia de EEUU

Tanques de combate Leopard 2 realizan maniobras en Finlandia.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
3 de septiembre de 2026 17:00 h

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Con las amenazas híbridas de Rusia asumidas en Europa como la nueva normalidad, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, destacó el esfuerzo inversor en la Unión Europea para responder a los nuevos retos de defensa que han surgido tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Sin embargo, un informe elaborado por el Tribunal de Cuentas Europeo, bajo el título La política de defensa de la UE en el punto de mira, que se ha hecho público este jueves, pone sobre la mesa la incapacidad europea para conseguir una “verdadera preparación militar para 2030” debido a “sistemas nacionales fragmentados, cuellos de botella industriales, coordinación política lenta y una dependencia continuada de EEUU”.

Con la invasión de Ucrania por parte de Rusia se vislumbró las “graves vulnerabilidades resultantes de décadas de desinversión” en Defensa por parte de Europa. El conocido como “dividendo de la paz” reveló insuficiencia de reservas de municiones y misiles, largos plazos de fabricación de productos de defensa, fuerte dependencia de proveedores de fuera de la UE y cuellos de botella logísticos en las redes de transporte. Estas insuficiencias se han visto potenciadas ante el anuncio de EEUU de abandonar su papel de defensor de Europa para centrarse en otras zonas del mundo.

Para hacer frente a estas deficiencias, el gasto conjunto en defensa de los Estados miembros de la UE creció un 78,6% entre 2020 y 2025. Paralelamente, la UE ha incrementado notablemente su apoyo mediante programas que buscan la cooperación transfronteriza y la adquisición conjunta de capacidades en el bloque. A pesar de que los estados miembros han pasado de dedicar en sus presupuestos anuales colectivos de defensa de 262.000 millones de euros en 2022 a 418.000 millones en 2025 (todos los aliados de la OTAN en la UE cumplieron o superaron el objetivo de gasto en defensa del 2% del PIB), el desafío de la autonomía estratégica para 2030 no se va a conseguir, según los auditores europeos.

Inversión desordenada: duplicidades y lagunas

Entre los problemas que se observan está la “inversión desordenada por planificación ascendente”, es decir, dirigida por cada Estado miembro de forma soberana. Esta falta de un proceso armonizado europeo perpetúa la fragmentación de inversiones, duplicidades de equipamiento militar y lagunas persistentes en las capacidades militares críticas. El informe apunta que se debería seguir el modelo de planificación de la OTAN, caracterizado por un enfoque descendente (“de arriba abajo”) con escenarios estructurados.

Otro de los problemas que se apuntan es el dilema de las cláusulas de preferencia de la UE, que países como Francia defienden, frente a la posición de adquirir armamento fuera de Europa de Alemania. Los instrumentos de financiación europeos obligan de forma estricta a priorizar componentes y diseño originados en la UE, con un máximo del 35% de componentes extracomunitarios.

El problema es que la industrial de defensa europea carece de capacidad de entrega inmediata y presentaba plazos de fabricación muy largos. Exigir de forma acelerada la preferencia europea puede retrasar las entregas operativas críticas en un momento de urgencia extrema. Los auditores ponen como ejemplo que entre el inicio de la guerra en Ucrania y junio de 2023, el 78% de las adquisiciones militares de los Estados miembros se realizaran fuera de la UE, destinándose el 63% de estas compras únicamente a Estados Unidos.

“Falta de materias primas estratégicas y personal cualificado”

A esto hay que añadir que los “cuellos de botella de personal y seguridad de suministro”. La base industrial de defensa europea se enfrenta a la “incapacidad para absorber de forma eficiente los nuevos flujos financieros por falta de materias primas estratégicas, componentes intermedios y personal técnico cualificado”. La captación de talento global se ve además gravemente obstaculizada por los procedimientos nacionales de habilitación de seguridad (como los estrictos requisitos de ciudadanía nacional), que restringen la libre circulación de profesionales incluso dentro de la propia UE.

En el mismo sentido, el informe critica que el acceso a la documentación militar para evaluar el rendimiento de los programas europeos se ve limitado de forma rutinaria por leyes nacionales de secretos de estado, confidencialidad industrial e información clasificada. Esta restricción impide a los auditores externos publicar información detallada o ejemplos ilustrativos, lo que merma de forma directa la claridad de la información y restringe la precisión de los informes de auditoría accesibles para la ciudadanía y el control democrático.

Gestión de la defensa de la UE: “Híbrida e inestable”

Por otro lado, la gestión de la defensa de la UE es “híbrida e inestable” entre la soberanía nacional intergubernamental y la política industrial supranacional de la Comisión Europea. Esto genera “superposición institucional y fricción de coordinación”, con un marco institucional complejo con riesgos sustanciales de “duplicación de funciones y responsabilidades difusas” entre los diferentes organismos.

Además los auditores señalan que la rapidez con la que los Estados miembros han aumentado su gasto en defensa responde principalmente a objetivos políticos basados en “insumos” (como el porcentaje del PIB nacional de la meta de la OTAN), de manera que estos compromisos de gasto “carecen de requisitos claros de rendimiento y no garantizan que se cumplan los principios de economía, eficiencia y eficacia, lo que limita su utilidad real en el campo de batalla”.

También añaden que la alta competencia en innovación tecnológica del sector defensa provoca que la inflación de los costes de equipamiento militar supere de forma habitual a la tasa de inflación general, la falta de persona en la Comisión Europea para gestionar los programas de Defensa o los riesgos macroeconómicos del uso masivo de préstamos emitidos mediante deuda europea: 150.000 millones de euros del programa SAFE (ayuda financiera para armamento, munición, sistemas de defensa aérea, ciberseguridad y protección de infraestructuras críticas) o los 60.000 millones de euros destinados a ayudar militarmente a Ucrania.

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