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Funerarias desbordadas en la zona cero de Italia: “Nunca hemos visto nada parecido”

Funeral en Roma / Claudio Furlan

Angela Giuffrida y Lorenzo Tondo

The Guardian —

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En la provincia italiana de Bérgamo, la más afectada por la pandemia de coronavirus, las funerarias están desbordadas por el gran número de muertes. Los ataúdes se amontonan en las iglesias a la espera de un entierro y los cuerpos de quienes murieron en sus hogares se mantienen en habitaciones cerradas durante días.

Hasta el jueves, el COVID-19 había dejado un balance de 3.405 muertos en el país, y están siendo enterrados o incinerados sin rituales de despedida. Los que mueren en el hospital lo hacen solos y sus pertenencias son guardadas en bolsas de plástico que se colocan al lado de los ataúdes, a la espera de que los servicios funerarios se lleven el cuerpo.

Bérgamo es una provincia de 1,2 millones de habitantes situada en la región de Lombardía, donde 2.168 personas han muerto como consecuencia del virus, según el balance de este jueves. Se estima que 3.993 personas de la provincia habían contraído el virus el martes. Se desconoce el balance de muertos de Bérgamo, pero CFB, la mayor empresa funeraria de la zona, ha gestionado casi 600 entierros o incineraciones desde el 1 de marzo.

“En un mes normal gestionaríamos unos 120 funerales o incineraciones”, indica Antonio Ricciardi, el presidente de CFB. “Una generación entera ha muerto en poco más de dos semanas. Nunca hemos visto nada parecido y te hace llorar”.

Bérgamo tiene unas 80 funerarias. Todas reciben decenas de llamadas por hora. La escasez de ataúdes es un problema añadido ya que los proveedores tienen dificultades para atender la demanda y, además, los trabajadores de las funerarias también están enfermando.

Los hospitales han empezado a imponer normas más estrictas en cuanto a la forma de conservar los cadáveres. Deben ser colocados en un ataúd, sin el ritual de vestirlos, debido al riesgo de infección que presentan sus cuerpos. “Las familias no pueden ver a sus seres queridos u organizar el funeral deseado, lo que representa un grave problema desde un punto de vista psicológico”, explica Ricciardi: “Muchos de nuestros empleados están enfermos y no disponemos de tantos trabajadores para transportar y preparar los cuerpos”.

Para los que mueren en casa, los trámites burocráticos son más complejos, ya que dos médicos deben certificar la muerte. El segundo es un especialista que en condiciones normales tendría que certificar la muerte a más tardar 30 horas después del fallecimiento.

“Así que hay que esperar a que vengan los dos médicos y en este momento, muchos también están enfermos”, puntualiza Ricciardi.

Stella, una profesora de Bérgamo, ha compartido con The Guardian la historia de uno de los fallecidos. “Ayer murió un hombre de 88 años”, explica. “Tenía fiebre desde hacía unos días. No había forma de conseguir una ambulancia porque la línea estaba siempre ocupada. Murió solo en su habitación. La ambulancia llegó una hora más tarde. Obviamente, ya no se podía hacer nada. Y como no había ataúdes disponibles en Bérgamo, lo dejaron en la cama y sellaron su habitación para evitar que sus familiares entraran hasta que hubiera un ataúd disponible”.

A este tormento se añade el hecho de que los familiares no pueden visitar a sus seres queridos en el hospital, u organizarles el funeral que consideren apropiado.

“Por lo general, a los muertos se los viste y se organiza un velatorio en casa. Ahora mismo no es posible hacerlo”, señala Alessandro, cuyo tío de 74 años murió en Codogno, la ciudad de Lombardía donde comenzó el brote. “Ni siquiera puedes verlos para despedirte, esta es la parte más devastadora”.

La sección de necrológicas del periódico local L'Eco di Bergamo evidencia el terrible impacto del virus en Bérgamo. El viernes, el lector Giovanni Locatelli compartió en la red unas imágenes que permiten comparar la sección de obituarios del periódico del 9 de febrero, cuando ocupaban solo una página, con una copia fechada el 13 de marzo, en la que fueron necesarias 10 páginas para honrar a los muertos. El domingo, Il Messaggero publicó unas imágenes de ataúdes alineados en una iglesia.

“Hemos hecho un llamamiento nacional para pedir a las empresas funerarias de todo el país que nos ayuden, ya que las muertes han aumentado exponencialmente”, indica Pietro Bonaldi, el director de Lia, una asociación empresarial de Bérgamo. “Hemos sobrepasado nuestra capacidad. Y desafortunadamente, en los últimos días muchos trabajadores de funerarias han enfermado y por lo tanto no pueden trabajar”.

En otras partes de Italia se han dado casos de empresas funerarias que se han negado a hacerse cargo de los cuerpos de muertos por coronavirus, por ejemplo en Nápoles, donde el cuerpo de Teresa Franzese, de 47 años, permaneció dos días en su domicilio antes de ser recogido.

Desde que el gobierno decretó el confinamiento de la población, se han prohibido las ceremonias religiosas, incluidos los funerales, las misas y las bodas. Sin embargo, dos sacerdotes, uno cerca de Venecia y otro en la región sur de Campania, han sido acusados de oficiar un funeral.

Traducido por Emma Reverter

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