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CLAVES

Cómo paró Macron a Le Pen y qué le espera a Francia

Seguidores de Macron celebran su victoria este domingo en el Campo de Marte, París.

Amado Herrero / Raúl Sánchez

París —

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Como ya ocurrió con François Mitterrand en 1988 y con Jacques Chirac en 2002, este año no habrá ceremonia de traspaso de poderes, sino una investidura para marcar el inicio del nuevo mandato presidencial en Francia.

En esta ocasión, se apostará por la sobriedad y el acto se “reducirá al mínimo”, según ha indicado el Consejo Constitucional. Aunque Emmanuel Macron obtuvo este domingo una clara victoria (58,5%-41,5%) sobre la candidata de la Agrupación Nacional, Marine Le Pen, los tiempos no llaman a grandes celebraciones y el presidente así lo ha reconocido.

La extrema derecha ha logrado el mejor resultado en unas elecciones presidenciales y la abstención (28%) ha alcanzado el máximo desde 1969. Una encuesta de Ipsos-Steria para la radiotelevisión pública ha apuntado este lunes que un 42% de los que votaron a Macron lo hicieron precisamente contra la extrema derecha y no a favor del presidente.

“A los que me han votado, no para apoyar mis ideas, sino para bloquear las de la extrema derecha, [os digo que] vuestro voto es una obligación para mí”, dijo el líder galo ante sus seguidores que celebraban la victoria a los pies de la Torre Eiffel. “Esta noche, ya no soy el candidato de un bando, sino el presidente de todos”.

Se trata de una declaración de intenciones para reconciliar un país con importantes fracturas, como ilustra el mapa electoral. Le Pen mejora sus cifras respecto a 2017 en prácticamente todo el territorio, especialmente en el centro de la Francia metropolitana y en el suroeste; al tiempo que conserva los buenos resultados de regiones del norte y el sureste.



El presidente, por su parte, obtiene sus mejores resultados en la costa atlántica, especialmente en Bretaña –tierras tradicionales del Partido Socialista– y en la región de Burdeos, que históricamente ha favorecido al centro derecha.

La candidata ultraderechista ha logrado erigirse en la candidata de las zonas que más han sufrido por la desindustrialización. “La Francia de los olvidados”, según su propia definición.



Hay, asimismo, una fractura territorial en la que las grandes ciudades favorecen a Macron y los territorios rurales votan mayoritariamente –aunque con algunos matices– a Le Pen.

La candidata de extrema derecha ha conseguido una progresión espectacular en la isla de La Reunión y, sobre todo, en las Antillas, dos territorios que en la primera vuelta votaron mayoritariamente por el candidato de izquierdas Jean-Luc Mélenchon. En gran parte, a causa del rechazo que el pasaporte sanitario contra la COVID-19 despertó entre sus habitantes.

No obstante, la mayoría de los electores del candidato de Francia Insumisa–el 42%– han votado al presidente, solo un 17% lo ha hecho a favor de Le Pen, y un 24% se ha abstenido, según Ipsos. En 2017, el trasvase de votos 'insumisos' había sido del 52% para Macron y 7% para Le Pen.



Las elecciones confirman muchas de las tendencias que se observaron en su último duelo hace cinco años. Si se observa el perfil demográfico de los votantes elaborado por Ipsos, la división es muy clara en términos de categorías profesionales: la gran mayoría de los votos de los ejecutivos y los jubilados fueron a Macron, mientras un 57% de los votos de los trabajadores asalariados se decantaron por la candidata de la Agrupación Nacional. 

También hay diferencias en criterios más cualitativos como “satisfacción con la propia vida”: entre los votantes que dicen estar satisfechos, más de dos tercios lo hizo a favor de Macron. Entre los que están bastante insatisfechos, un 80% introdujo la papeleta de Le Pen.



“Nuevo método”

Durante la campaña, Macron ha ido esbozando algunas líneas sobre su acción para los primeros meses del segundo mandato. La primera es la renovación del Gobierno. El próximo primer ministro será nombrado a principios de mayo para que pueda dirigir la campaña de las próximas elecciones legislativas que tendrán lugar a mediados de junio. Ese nombramiento es una de las decisiones clave que marcará la nueva orientación de los próximos meses. La actual ministra de Trabajo, Élisabeth Borne, es uno de los nombres que más suenan en los medios galos, por su perfil técnico y su pasado ligado al Partido Socialista (PS).

A partir de ahí comenzarán las grandes reformas que planea el presidente. De entrada, un paquete de medidas para mejorar el poder adquisitivo de los franceses, que espera que se someta a votación en la Asamblea Nacional tan pronto se inaugure la nueva legislatura. En cuanto a la reforma más delicada, la de las pensiones –con la que pretende aumentar progresivamente la edad de jubilación hasta los 65 años– Macron ha asegurado que espera ponerla en marcha “el próximo otoño”, dando prioridad “a la concertación con los actores sociales”.

“Esta nueva era no será una continuación del mandato que termina, sino la invención colectiva de un nuevo método”, dijo Macron el domingo por la noche durante su discurso en el Campo de Marte. Con este método de gobernanza más participativo pretende evitar el estallido de grandes movimientos sociales como el de los 'chalecos amarillos'. Otras promesas en este sentido incluyen la apertura de grandes consultas sobre Educación, Sanidad y Justicia, además de una convención ciudadana para tratar la cuestión del final de la vida o una comisión “transparente” sobre la reforma de las instituciones.

Las elecciones legislativas en el horizonte

Ausentes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por segunda vez consecutiva, los candidatos y los partidos de izquierda ya preparan la recomposición del panorama político. Mélenchon, que logró el 21,95% de los votos en la primera ronda y rozó entrar en la segunda, quiere liderar una unión de fuerzas progresistas de cara a las próximas citas electorales. De momento, comunistas, anticapitalistas y una parte de los ecologistas se muestran favorables a apoyar al líder de Francia Insumisa y a su proyecto.

“Pido a los franceses que me elijan primer ministro votando a una mayoría de diputados insumisos”, dijo la semana pasada en una entrevista en televisión. En realidad, la propuesta de Mélenchon es extraordinariamente compleja: además de lograr la unión de fuerzas de izquierda, necesitaría conseguir un apoyo popular aún mayor del que logró en la primera vuelta para alcanzar los escaños suficientes. Por otro lado, en Francia la elección del primer ministro es potestad del presidente. Y en el caso de que una mayoría de izquierda saliese de esos comicios, Macron podría buscar otra figura progresista para trabajar con el Parlamento –el primer ministro tiene que poder gestionar la mayoría de diputados para gobernar–.

En cualquier caso, el anuncio de Mélenchon es un movimiento hábil, según analistas políticos: por un lado, proporciona a sus votantes una nueva posibilidad de movilizarse; por otro, divide a ecologistas y socialistas, que habían iniciado procesos de reconstrucción después de sus malos resultados. De hecho, el Partido Socialista se ha quedado, de momento, fuera de las negociaciones, pese a que su secretario general, Olivier Faure, consiguió un acuerdo preliminar para discutir una alianza con los 'insumisos' y las demás fuerzas.

Pero mientras se concretan esas negociaciones, el PS está envuelto en un debate que puede provocar una nueva fractura. Una parte de las figuras del partido, como la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, o la presidenta de Occitania, Carole Delga, se oponen de manera frontal a cualquier acercamiento a Mélenchon.

Nuevos actores en la extrema derecha

A pesar de su clasificación para la segunda vuelta y de su mejor resultado histórico, Marine Le Pen tiene complicado erigirse en líder de la oposición. La elección de los diputados por un sistema a doble vuelta favorece el cordón sanitario contra la extrema derecha.

Actualmente, su partido dispone de solo ocho escaños (entre ellos el de la propia Le Pen) en la Asamblea Nacional, insuficientes para tener grupo parlamentario. Los dirigentes de la Agrupación Nacional tratarán de aprovechar el impulso de las presidenciales para construir un grupo electoral, pero de nuevo el mecanismo de elección puede jugar en su contra. Además, Le Pen había declarado que esta sería “probablemente” su última campaña presidencial.

La noche electoral la diputada salió rápidamente para calmar a sus tropas y reafirmar que “continuará su compromiso” político con los franceses. Sin embargo, su presencia en las listas electorales para mantener su escaño no es segura. Mientras, el tertuliano Éric Zemmour, que obtuvo el 7% de los votos en su primera participación electoral, utilizó la noche del domingo para pisar el terreno de su rival en la extrema derecha: “Es la octava vez que la derrota golpea el nombre de Le Pen”.

Entre la derecha moderada de Los Republicanos, las divisiones también aparecieron durante la misma noche electoral: los partidarios de una línea más dura, con una posible alianza con Zemmour, se desmarcan de aquellos que proponen un acercamiento con Macron y de los que intentan mantener la independencia del partido. Entre estos últimos, Christian Jacob, su presidente, que insistió este domingo en las diferencias entre su partido y la mayoría presidencial.

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