Ni tanques ni misiles: Putin reduce su gran desfile militar de forma inédita en plena psicosis por los drones ucranianos
La mera idea de que Vladímir Putin pudiera prescindir de los vehículos blindados y los sistemas de misiles en el desfile del 9 de mayo en la plaza Roja de Moscú se hubiera antojado impensable antes de 2022. El Día de la Victoria soviética contra la Alemania Nazi es la festividad más importante de Rusia, el fuelle ideológico que nutre la supuesta “desnazificación” de Ucrania y el escaparate mundial de su potencial militar.
La decisión de que solo marchen columnas de soldados ante la “amenaza terrorista” de Kiev demuestra hasta qué punto se ha enquistado el conflicto y afecta a las ciudades rusas. También prueba que las tropas de Volodímir Zelenski han dado un salto en sus capacidades de ataque en poco tiempo. El Ejército ucraniano lanza más drones y misiles que nunca, usa una tecnología más sofisticada y ha multiplicado los impactos contra objetivos enemigos, mientras las defensas rusas no dan abasto a la hora de repeler los bombardeos.
Decisión inédita
Desde que el presidente ruso optó en 2008 por incorporar el equipamiento militar al desfile del Día de la Victoria, no ha habido un solo año en que no se hayan mostrado los tanques, los sistemas de defensa aérea, los misiles más destructivos y, recientemente, los drones pesados.
Hace 18 años, Putin lo justificó como una “demostración” de las “crecientes capacidades de defensa”. “No es una demostración de fuerza. No estamos amenazando a nadie. Somos capaces de defender a nuestros ciudadanos”, dijo.
Este año, tampoco desfilarán los cadetes de las academias militares y, para compensar el vacío, la retransmisión televisiva proyectará vídeos de soldados rusos en Ucrania, lanzamientos de artillería y cohetes, y buques de guerra. Sólo se mantendrá la exhibición aérea. Eso sí, el despliegue será modesto: aeronaves sobrevolarán la plaza Roja haciendo acrobacias y pilotos de aviones de ataque Su-25 pintarán la bandera rusa en el cielo.
El caso de Moscú no será único. También en San Petersburgo, la otra gran ciudad de la Rusia europea, el desfile se celebrará sin equipamiento militar. Además, según el periódico Fontanka, se reducirá el aforo previsto de 5.600 a 300 asientos y, por primera vez en la historia moderna, no se invitará a veteranos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial.
Moscú habla de “amenaza terrorista”
Inicialmente, el Ministerio de Defensa atribuyó la reducción de formato a “la situación operativa”, sin dar más detalles. La realidad es que, desde el inicio de la invasión de Ucrania, la cantidad de vehículos y aeronaves se ha ido limitando por el desgaste del frente. Si en 2015 se estableció un récord de 194 blindados y 140 aviones y helicópteros, en 2024 sólo se exhibieron 61 tanques y 15 aeronaves.
Pero en un gesto poco habitual, el Kremlin admitió horas más tarde que el verdadero motivo del recorte del desfile era el miedo a los drones ucranianos. “El régimen de Kiev, que cada día pierde territorios en el campo de batalla, ahora ha aumentado su actividad terrorista. Y en el contexto de la amenaza terrorista se toman todas las medidas para minimizar el peligro”, explicó el portavoz presidencial Dmitri Peskov.
No es casual que, en paralelo, Putin haya advertido esta semana ya dos veces de los “métodos terroristas” de Ucrania, es decir, de posibles bombardeos contra infraestructuras rusas. Primero fue en San Petersburgo, alertando del riesgo de ataques durante la campaña de las elecciones legislativas del próximo otoño. Luego, en la llamada que mantuvo con Donald Trump el miércoles, cuando trató de convencer al estadounidense de que se trata de una estrategia desesperada de Zelenski para prolongar el conflicto.
Peskov también esgrimió que la reducción del formato respecto del año anterior responde al hecho de que en 2025 se conmemoraba el 80 aniversario de la Victoria. Entonces, más de una veintena de mandatarios internacionales asistieron al desfile, entre los cuales estaba el presidente chino, Xi Jinping. Un año después, el Kremlin todavía no ha comunicado la lista de líderes mundiales invitados y solo ha confirmado la presencia de Robert Fico, el primer ministro eslovaco, que el año pasado ya fue el único líder de la Unión Europea que vino a Moscú durante los festejos.
El miedo es tal que para garantizar que nadie le amargue la fiesta –incluso con una versión deslucida del desfile–, Putin aprovechó la conversación con Trump para intentar que Zelenski acepte una tregua coincidiendo con esos días.
También en 2025 el Kremlin decretó unilateralmente un alto el fuego de 72 horas con el propósito de blindar la celebración del 9 de mayo, que el presidente ucraniano se vio obligado a respetar para no contrariar a la Casa Blanca.
Zelenski ya ha expresado su escepticismo. “Aclararemos de qué se trata exactamente: ¿Unas horas de seguridad para un desfile en Moscú o algo más? Nuestra propuesta es un alto el fuego a largo plazo, seguridad fiable y garantizada para la población y una paz duradera”, ha escrito en X.
Cortes en las comunicaciones
Otro síntoma del nerviosismo en el Kremlin es que se restringirán todas las comunicaciones móviles en la capital rusa a lo largo de la próxima semana con la esperanza de dificultar los ataques de drones. Según informó el servicio ruso de la BBC, se prevé que los cortes afecten a internet, los mensajes de texto y hasta a aquellos recursos en línea que durante los bloqueos suelen estar disponibles por decisión de las autoridades.
El vicepresidente del Comité de Tecnologías de la Información de la Duma, Andréi Svintsov, también afirmó que podría cortarse parcialmente el servicio de internet por cable, pero le quitó importancia a la medida, afirmando que “la gente ya está acostumbrada”.
En cualquier caso, los expertos han señalado en varias ocasiones que estas medidas son del todo ineficaces para combatir los aparatos no tripulados ucranianos. También los blogueros cercanos al Ejército ruso las ven desproporcionadas. “Bajo el pretexto de garantizar la seguridad, se está cometiendo una locura absoluta”, dice el canal de Telegram Dva Mayora.
Esta psicosis ya se percibió a principios de mayo del año pasado, pero entonces todo indicaba que la importancia de la celebración y la presencia de numerosos dirigentes mundiales había llevado al Kremlin a extremar las precauciones.
Fue entonces cuando, por primera vez, se recurrió al corte de las comunicaciones, dando así pábulo a todos los gobernadores para hacer lo mismo hasta convertir el bloqueo de la red en el pan de cada día para muchos rusos.
Una victoria para Ucrania
Ucrania envió centenares de drones en vísperas del Día de la Victoria de 2025 para asustar a los líderes internacionales, provocó retrasos y cancelaciones en los principales aeropuertos de Moscú, se prohibió a la gente que lanzara fuegos artificiales y se posicionó estratégicamente a funcionarios públicos en las azoteas para detectar posibles amenazas procedentes del cielo.
El periodista ruso en el exilio Aleksander Pliushchev cree que esta situación “constituye en sí misma un gran éxito para Ucrania”. Mientras tanto, los corresponsales de guerra rusos se muestran comprensivos con Putin. “Parece bastante lógico. El enemigo está aumentando significativamente el uso de vehículos aéreos no tripulados y está llegando ya a zonas inaccesibles. Si quisieran, podrían perfectamente intentar atacar el desfile, sobrecargando las defensas aéreas”, escribe el oficial de las fuerzas especiales aerotransportadas Yevgueni Zhulidov en su canal de Telegram.
El mensaje de este bloguero es uno de los muchos que en las últimas semanas reconocen que Kiev ha superado a Moscú en los ataques de largo alcance, algo que no había sucedido hasta la fecha.
Durante el mes de marzo, Ucrania lanzó más de 7.000 drones contra infraestructuras rusas, unos 2.500 más que en febrero, mientras que Rusia también lanzó una cifra récord, aunque por debajo de los 6.500 drones. Solo este mes de abril, el observador militar Clément Moulin contabiliza que Ucrania ha golpeado 450 objetivos en Rusia o en los territorios ocupados por las tropas rusas, el triple que entre enero y marzo, cuando Kiev ya había incrementado significativamente su ratio de impactos.
Esto se ha traducido en bombardeos prácticamente diarios sobre puertos de exportación de petróleo ruso, refinerías y fábricas de armamento y componentes químicos. En las últimas dos semanas, la refinería y el puerto de Tuapsé, en el mar Negro, han sido alcanzados tres veces, provocando una mancha de fuel en la costa de más de 80 kilómetros y contaminación atmosférica.
Nikolai Mitrojin, historiador y analista militar ruso en el exilio, explica a elDiario.es que en los últimos meses se ha producido un punto de inflexión“ con Ucrania, que ha demostrado ”superioridad en los drones pesados“, lo cual ”es algo completamente nuevo“.
“Han aumentado el número de drones, su peso y su alcance, y han aparecido drones que pueden transportar múltiples bombas”, apunta. Y sigue: “Si antes, en una noche, Ucrania podía prender fuego a un gran tanque de petróleo o infligir algún golpe espectacular, ahora podemos hablar de tres o cuatro casos por noche. Y Rusia no tiene claro todavía cómo combatirlos”.
Rusia, por detrás en la guerra de drones
Uno de los blogueros militares más populares de Rusia, Yuri Podoliaka, afirmaba recientemente: “El enemigo nos ha empezado a superar con los drones. Somos incapaces de seguirles el ritmo. Nos estamos quedando atrás”. Según él, el Ejército ucraniano ha demostrado que puede poner en marcha “operaciones ofensivas estratégicas” en las profundidades de Rusia, mientras que el Ejército ruso no ha dado signos de estar preparado para ello.
Por eso concluye: “Estoy realmente preocupado porque el enemigo pueda llevar a cabo alguna acción este verano que convierta en insignificante lo que hizo el pasado verano –probablemente en referencia a la Operación Telaraña, con la que Ucrania golpeó aeródromos militares situados a cientos de kilómetros de su frontera–”.
Rusia también está teniendo problemas con las defensas antiaéreas. Los sistemas rusos se ven abrumados y no logran interceptar la enorme cantidad de drones ucranianos. El comentarista militar Vladímir Románov denuncia “una escasez muy grave de misiles” para proteger el territorio ruso, especialmente los que se disparan desde los sistemas móviles Pántsir —una de las últimas capas de defensa contra los aparatos ucranianos—, que “a menudo se encuentran sin munición”.
Según Mitrojin, el Ejército ruso “ha perdido una cuarta parte de los sistemas de defensa aérea que tenía antes de la guerra”. Rusia lo intenta compensar con más grupos de combate que intentan derribar drones con ametralladoras y concediendo derecho a las empresas de seguridad privada para que usen este tipo de armas.
Otra de las explicaciones del fin de la ventaja de Moscú es la desconexión de los terminales rusos de la red de satélites Starlink por decisión de Elon Musk. Ahora las tropas del Kremlin utilizan los satélites rusos Spirit-030 que, tal y como escribe el bloguero Zapiski Veterana, “proporcionan una señal retrasada y son vulnerables a la guerra electrónica”. “Nos vemos obligados a confiar en tecnología obsoleta, a veces a ciegas y sufriendo pérdidas innecesarias”, añade.
Asimismo, los drones de Kiev son más difíciles de detectar. Los pilotos ucranianos lograron impactar contra 85 radares rusos entre enero y marzo de este año, cuando en los últimos tres meses de 2025 sólo habían dejado inutilizados 25.
Según el veterano ruso Iégor Guzenko, todavía hay otro motivo: los aparatos ucranianos están dotados de una tecnología norteamericana que les da plena autonomía, les protege contra los intentos de pirateo y les facilita un vuelo sin GPS. “El momento más desagradable es el tramo final del trayecto, cuando desconectan completamente la transmisión por radio y vídeo del dron, y los detectores ordinarios no lo ven”.
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