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EN PRIMERA PERSONA

Testimonio desde Gaza: “No sé qué queda de nuestra casa, ni tampoco si podremos volver a vivir allí”

Gaza cubierta de humo y fuego debido a los diversos ataques en la zona. Foto: EFE/EPA/MOHAMMED SABER

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He vivido las ofensivas israelíes que han tenido lugar en Gaza durante los últimos 20 años –en 2008 y 2014–, pero la operación militar que estamos viviendo actualmente es mucho más dura y aterradora que todo lo conocido anteriormente.

Los ataques son constantes, de día y de noche, no se detienen. Se ataca todo: carreteras, casas, edificios. Todo. La extensión de Gaza es de tan solo 40 kilómetros de largo, así que no importa dónde caigan las bombas, oímos explosiones continuamente.

La intensidad de los bombardeos y el grado de violencia no tienen precedentes. Los proyectiles vienen de todas partes: de los aviones en el cielo, de los tanques en la tierra, o de los barcos en el Mediterráneo. noche y día. Lo que estamos viviendo es aterrador.

El bloque de apartamentos de la ciudad de Gaza donde vivía con mi mujer, mi madre y mis hijos fue atacado en un bombardeo aéreo el pasado viernes. El conserje del edificio recibió una llamada de los israelíes diciéndole que todos los residentes del edificio tenían que evacuar porque iba a ser bombardeado. Generalmente, sabemos que este tipo de llamadas se producen entre unos minutos y una hora antes de que lleguen las bombas. Bajamos corriendo los ocho pisos de escaleras en menos de un minuto con el resto de la gente y, una vez en el exterior, intenté llevar a mi familia a un lugar seguro, lo más alejado de allí que pude. du

Recuerdo escuchar a mi mujer decir que no quería ver destruido el lugar donde había crecido, donde guardaba todos sus recuerdos. Pero pocos segundos después del estallido, todo estaba en llamas. El edificio está dañado y muchos apartamentos han quedado completamente destruidos. No sé qué queda del nuestros ni tampoco si podremos volver a vivir allí.

De momento, mi familia vive con mi suegra mientras yo duermo en la oficina, donde trabajo la mayor parte del tiempo. Me siento atrapado en una pesadilla. 

Muchas familias que viven en el este de Gaza han huido hacia el oeste por temor a una invasión terrestre israelí. Intentan refugiarse cerca de Al-Shifa, el mayor hospital de Gaza, y en las escuelas de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos.

Recuerdo que el ataque israelí que tuvo lugar durante la noche del 15 al 16 de mayo, a pocos metros de la oficina de MSF, fue uno de los que más me impactó. La ofensiva causó decenas de muertos y en mitad de la noche podían oírse los espeluznantes gritos de los hombres y mujeres allí presentes. Además, en este mismo bombardeo, resultó dañada nuestra clínica, lugar indispensable en momentos como este. 

Los heridos sufren fracturas y heridas causadas por la metralla de las bombas y los proyectiles. Ahora hay muchas necesidades, sobre todo en cirugía y cuidados intensivos. Los pacientes son mujeres, hombres y niños, nadie se salva.

Las expulsiones planificadas de familias palestinas de sus hogares en Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, y los enfrentamientos en Al Aqsa y sus alrededores fueron la chispa que dio lugar a esta nueva explosión. Yo viví la Segunda Intifada a principios de la década de 2000, pero hoy en día la violencia no tiene absolutamente ninguna relación con la de entonces, hay un uso abrumador de las armas. Se lanzan cientos de cohetes hacia Israel y Gaza ha sido arrasada.

Es el destino de los gazatíes. En pocos años hemos vivido múltiples guerras y no sabemos cuándo se acabarán. Cuándo podremos, por fin, gozar de una vida normal. 

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Entre el 10 y el 19 de mayo de 2021 los ataques aéreos y los bombardeos israelíes han matado a 227 personas, entre ellas 67 niños, y herido a más de 1400. 12 personas, entre ellas dos niños, han muerto en Israel por cohetes y misiles lanzados por grupos armados palestinos. 

Aymen al Djaroucha es actualmente el coordinador de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Traducido por Lucía Hernández

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