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OPINIÓN

Boris Johnson y yo nos pusimos de acuerdo sobre Irlanda del Norte: ¿qué fue de aquella buena fe?

Boris Johnson (izquierda) y Leo Varadkar en 2019.

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En octubre de 2019 me reuní a Boris Johnson en Wirral. Era un lugar apropiadamente “neutral” y me alegró reunirme con el primer ministro en el noroeste de Inglaterra. En esa época, había controversias alrededor del backstop, la salvaguarda que la Unión Europea había negociado con la anterior primera ministra, Theresa May. Este mecanismo fue diseñado para evitar una frontera dura en la isla de Irlanda y para proteger la posición de Irlanda en el mercado único de la UE, mientras se respetaba la de Irlanda del Norte en el mercado interno de Reino Unido. Habría mantenido a todo Reino Unido cerca del mercado único europeo en cuanto a regulaciones y aduanas, eliminando así la necesidad de muchos de los controles entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte que se requieren hoy. 

El compromiso de May con la unión era tan fuerte y genuino que estaba dispuesta a optar por un Brexit suave con tal de protegerla. Yo estaba deseoso de saber si Johnson tenía alguna sugerencia para resolver el callejón sin salida y quizás desarrollar una alternativa al backstop. Tuvimos una muy buena reunión cada a cara y, la mayor parte del tiempo, en privado. Ambos queríamos llegar a un acuerdo. Sentí que cada uno entendía las necesidades y límites del otro. Un punto clave era el consenso democrático: ambos estuvimos de acuerdo en que solo la asamblea de Irlanda del Norte tendría la capacidad de revocar cualquier solución que acordáramos. 

Inmediatamente después de la reunión, ambos declaramos en público haber alcanzado una “senda hacia un acuerdo”. Esta senda finalmente condujo al protocolo sobre Irlanda e Irlanda del Norte, un componente vital en el acuerdo del Brexit “listo para el horno” que el primer ministro usó para asegurar su mayoría de 80 escaños en las elecciones generales de después

Luego ocurrió el Brexit, y el protocolo es ahora parte de un acuerdo internacional legalmente vinculante. Es una ley internacional. En su forma final, fue diseñado en conjunto por Reino Unido y la Unión Europea. Fue adoptado por el Parlamento británico, europeo e irlandés, al igual que por los gobiernos de los otros 26 estados miembros. Eso no es algo fácil de conseguir. 

El protocolo funciona. No hay una frontera dura entre el norte y el sur de Irlanda. El mercado único europeo está protegido, al igual que la posición de la República de Irlanda en él. La economía de Irlanda del Norte está teniendo mejores resultados que el resto del Reino Unido y el comercio entre el sur y el norte de la isla de Irlanda ha crecido. 

El protocolo incluso empezaba a ganar aceptación, aunque sin entusiasmo, entre algunos políticos unionistas. Lo apoya sobre todo la comunidad comercial de Irlanda del Norte, que tiene acceso al mercado británico y también al de la Unión Europea y a sus 450 millones de consumidores. 

Pero el Gobierno de Reino Unido ha cambiado de rumbo, amenazando con suspender partes del protocolo de manera unilateral. La incertidumbre acerca de si el protocolo sobrevivirá y bajo qué forma es hoy la preocupación principal del comercio de Irlanda del Norte y, como consecuencia de esto, el país está perdiendo inversiones. 

Mayoría a favor de mantenerlo

Lo que es crucial es que una gran mayoría de miembros de la recientemente electa asamblea de Irlanda del Norte, y cuatro de los cinco partidos políticos, están a favor de mantener el protocolo, ya sea tal y como está o con modificaciones. Quizás quieren mejoras, cambios, la eliminación de alguna barrera o control, pero no quieren descartarlo ni anularlo, y se oponen a cualquier decisión unilateral por parte de Londres. 

Los MLAs (Miembros de la Asamblea Legislativa, por sus siglas en inglés) que quieren descartar el protocolo son una minoría. Muchos miembros de la comunidad unionista tienen preocupaciones acerca del protocolo que no pueden ser ignoradas. Son cuestiones relacionadas al tránsito de bienes desde Gran Bretaña hasta Irlanda del Norte que son destinados a la provincia. Puedo entender estas preocupaciones. Nadie quiere controles en el comercio de su propio país, aunque fuera una consecuencia inevitable y prevista del Brexit que muchos apoyaron. 

El protocolo se puede mejorar y modificar. La UE ya ha sido muy flexible. La Comisión Europea trabajó con esmero con el Gobierno británico para resolver estos conflictos durante años. Esto quedó demostrado en los cambios que hicimos en relación a los medicamentos y la tolerancia al hecho de que algunos controles requeridos por el protocolo aún no han sido aplicados. La UE seguirá hablando a Reino Unido siempre que Reino Unido esté dispuesto a hacerlo. Pero negociar con un socio que está dispuesto a romper acuerdos y cambiar de opinión sobre lo que quiere no es fácil. La flexibilidad y la buena fe de la UE no han sido correspondidas por el Gobierno de Reino Unido. Y esto está cultivando una desconfianza en las capitales de la UE. 

El hecho de que el Gobierno de Reino Unido haya hablado abiertamente de infringir una ley internacional es preocupante, y contrasta con el liderazgo que ha demostrado con Ucrania, apoyando al país contra la invasión de Rusia, quien ha violado el derecho internacional de manera muy grave. 

Mejorar, no desechar

Irlanda siempre ha estado abierta a otras soluciones, incluyendo una unión aduanera, una relación más cercana con el mercado único, una área de libre comercio europeo y el backstop. Estas habrían eliminado la necesidad de controles entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña. Quizás en el futuro Gran Bretaña reconsidere estas alternativas, pero yo sé que en este momento no son opciones posibles. 

Cualquier Gobierno británico que se declare “pro unión” (entre Irlanda del Norte y el resto de Reino Unido) y cualquier primer ministro británico que también sea ministro de la Unión debe entender las consecuencias de imponer una política a Irlanda del Norte que no sea apoyada por la mayoría de la gente allí. Debe reconocer que esto, en mi opinión, reducirá el apoyo a la unión. El Brexit debilitó el apoyo a la unión en Irlanda del Norte. Las acciones unilaterales sobre el protocolo lo debilitarán aún más. 

Irlanda seguirá trabajando con el Gobierno británico y la Unión Europea para mejorar el protocolo y cuidar los intereses del pueblo de Irlanda del Norte. Se puede restaurar la confianza y progresar, lo que beneficiaría a todos en estas islas. 

Pero hablar de desechar el protocolo y volver a empezar es totalmente contraproducente. El voto democrático del pueblo de Irlanda del Norte debe ser respetado. Se debe reconocer que el protocolo fue aceptado libremente por el Gobierno británico, y el acuerdo fue liderado por Boris Johnson y los gobiernos de la UE. Se debe poner el foco en mejorar el protocolo, no en desecharlo. Es la única forma de proteger los beneficios que trae al pueblo de Irlanda del Norte. 

* Leo Varadkar es el tánaiste (viceprimer ministro) de Irlanda, y fue taoiseach (primer ministro) durante las negociaciones del Brexit.

Traducción de Patricio Orellana 

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