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ENTREVISTA

Michelle Wu, alcaldesa de Boston: “El transporte público gratuito funciona”

La alcaldesa de Boston, Michelle Wu, durante su ceremonia de investidura.

Aliya Uteuova

Boston (EEUU) —

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Hace nueve meses, los votantes de Boston eligieron a una alcaldesa que hizo historia. Michelle Wu, hija de inmigrantes taiwaneses, se convirtió en la primera mujer, la primera persona de una minoría racial, la primera madre y la primera joven de la generación del milenio en ser elegida para dirigir la ciudad de Boston.

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Ahora, Wu ha sido noticia por otro motivo: su defensa del transporte público gratuito como parte de un plan más amplio centrado en la asequibilidad y la lucha contra las emisiones de carbono. En marzo, la ciudad suprimió la tarifa de 1,70 dólares (alrededor de 1,60 euros) en tres líneas de autobús que prestan servicio en zonas de bajos ingresos con mayoría de población de minorías.

Ante las preocupaciones presupuestarias, la ciudad utilizará un fondo de respuesta a la COVID-19 para compensar los ocho millones de dólares (7,65 millones de euros) de ingresos perdidos. El número de usuarios de la primera línea de autobús gratuita se ha disparado un 48%, pasando de 47.000 a 70.000 pasajeros semanales.

Desde su entrada en la política municipal como concejala en 2013, Wu ha destacado por ser una persona que se centra en los detalles de las políticas públicas. La licenciada en Derecho en la Universidad de Harvard estuvo al frente de medidas como las seis semanas de permiso de paternidad remuneradas para los empleados de la ciudad, la prohibición de las bolsas de plástico y la restricción de los alquileres de corta duración, lo que la convirtió en el blanco de Airbnb.

Las experiencias personales de Wu la han hecho consciente de las carencias de los servicios municipales. A los 22 años, aparcó su trabajo como consultora en Boston y se marchó a Illinois para cuidar de su madre, diagnosticada de esquizofrenia, y de sus dos hermanas pequeñas. Recién graduada de la universidad, se convirtió en cabeza de familia. Trasladó a sus seres queridos a Boston y matriculó a su hermana en el sistema de enseñanza pública.

Durante una entrevista en el Ayuntamiento de Boston, Wu, de 37 años, despliega su visión de la ciudad centrada en la lucha contra la crisis climática.

¿Qué la empujó a defender el transporte público gratuito?

Me tomo muy en serio la responsabilidad de ser la primera madre elegida para este cargo, lo que también me ha permitido comprobar de primera mano hasta qué punto el transporte puede suponer una barrera ya sea por los costes, la fiabilidad o la accesibilidad de los servicios.

Durante varios años, antes de que mis hijos tuvieran edad suficiente para empezar a ir al colegio, ambos venían conmigo a la guardería del Ayuntamiento. Nos subíamos al autobús, y después del autobús a la línea de metro naranja, con un gran cochecito doble con dos bebés dentro. Y todas las decisiones que tenía que tomar —entre esperar al autobús y no saber cuándo podría llegar, y que después estuviera muy lleno, o ir en tren de cercanías, que era mucho más fiable, pero tres veces más caro— me influyeron en la forma en que hoy tomo decisiones sobre los servicios públicos.

¿Cuál es el objetivo a largo plazo?

Nuestro plan es seguir demostrando que esto funciona y que es una inversión en la que los beneficios se ven rápidamente. He hablado con muchas familias que me han dicho que les ha cambiado la vida el no tener que preocuparse de tener las monedas suficientes en el bolsillo para ir a clase ese día, al igual que saber que es un servicio que está realmente disponible para todos.

Por ello, hemos elegido tres rutas que prestan servicio a comunidades minoritarias en nuestros barrios de menores ingresos, pero que también se conectan con mejoras de infraestructura previstas o ya ejecutadas. Para demostrar que podemos ofrecer un servicio más rápido y realmente asequible para todos.

¿Qué la lleva a gobernar la ciudad centrándose en la emergencia climática?

Mi hijo mayor, Blaise, nació durante mi primer año como concejala y había todo tipo de titulares sobre cómo era el año más caluroso jamás registrado. Fue todo un peso pensar en lo que aquello significaba mientras traía una nueva vida al mundo.

Así que, cuando pienso en lo que significa este tiempo que nos queda para dar a nuestros hijos y a sus hijos la oportunidad de heredar una ciudad y un mundo que se merecen, todo se reduce a los pequeños detalles. Porque lo que sabemos en el Gobierno de la ciudad es que se pueden hacer grandes cosas si se hacen bien las pequeñas.

La planificación para el frío extremo en ciudades del norte como Boston es un hecho, y Boston tiene una norma para la calefacción: se exige que los edificios tengan calefacción en invierno. Pero, como el clima es cada vez más caluroso, ¿se está estudiando la posibilidad de imponer también una norma de refrigeración?

De los aproximadamente 120 edificios escolares de Boston, la gran mayoría son estructuras anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Apenas una treintena de ellos disponen de sistemas modernos de calefacción, ventilación y aire acondicionado por lo que el control de la temperatura, no solo en invierno, sino también a medida que la ciudad se va calentando y se adelanta el curso escolar, ha supuesto un tremendo desafío.

Estamos viendo que las formas tradicionales en las que el Gobierno de la ciudad solía proporcionar alivio en tiempos de olas de calor tiene que cambiar. Antes, durante una emergencia de calor, nos enfocábamos en gran medida en los centros de refrigeración abiertos en los centros comunitarios o pabellones de baloncesto y en tener aire acondicionado allí. Vimos que la gente no acudía a esos lugares y estoy segura de que la pandemia tuvo algo que ver.

Pero, incluso antes de eso, las cifras iban en descenso. Estamos observando las temperaturas con mucha atención y estamos en constante comunicación con nuestros líderes comunitarios para entender cuáles son las necesidades, para proporcionar ayuda inmediata pero también para incorporarla a los cambios estructurales que la ciudad está atravesando.

Algunos barrios —como Chinatown, Dorchester, East Boston, Mattapan y Roxbury— se ven más afectados que otros por problemas como el calor extremo.

Sí, se ha documentado la diferencia de temperaturas entre algunos de nuestros barrios más ricos y algunos de nuestros barrios con menos árboles. El dosel arbóreo es realmente importante para crear barrios habitables. Existe un racismo ambiental generacional en lo que respecta a qué zonas tenían acceso directo al transporte y cuáles fueron obviadas, y los efectos siguen notándose.

A menudo hablamos del Green New Deal, pero el Blue New Deal, cuyo objetivo es promover la prosperidad de los océanos, no ha tenido el mismo nivel de publicidad. Forma parte de su agenda climática, ¿qué significa para Boston?

Somos una ciudad costera y hoy en día se habla mucho de ello en sentido negativo: que tenemos que preocuparnos por las inundaciones, o que la subida del nivel del mar es una amenaza y tenemos que encontrar formas de alejarnos del océano.

Pero qué tesoro y qué fuente de recursos es, para nosotros, tener una conexión directa con los posibles puestos de trabajo que hay allí. Estamos viendo cómo Boston y Massachusetts avanzan hacia la energía eólica y la agricultura oceánica regenerativa. Massachusetts tiene una historia de la que enorgullecerse y una industria pesquera dinámica y sostenida, por lo que hay muchas ciudades a lo largo de nuestras costas que se sienten mucho más conectadas con el océano, el agua y el litoral. Se puede lograr mucho aprovechando los beneficios de ser una ciudad costera en lugar de limitarse a intentar mitigar los daños.

¿Adónde llevarán todos estos cambios a Boston en el futuro?

Tengo la esperanza y la convicción de que Boston sea la ciudad más verde de Estados Unidos, una ciudad para todos.

¿Qué significa para usted ser la primera alcaldesa no blanca de Boston?

Paso cierto tiempo en nuestros colegios cada semana. Es algo que hago independientemente de lo que ocurra en la ciudad: volvemos a visitar al menos una, o varias, escuelas. [Cuando tenía la edad de los estudiantes] ni siquiera consideraba que podría ocupar este puesto, mucho menos aspirar a ello, así que espero que el hecho de sea yo quien esté desempeñando este papel abra el abanico de posibilidades para cualquier cosa que ellos sueñen ser.

¿Podrá descansar este verano?

¿A qué se refiere con “descansar”?

Traducción de Julián Cnochaert.

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