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Derrumbe anunciado por los vecinos un año y medio después de caerse el campanario: “Nos hemos librado dos veces, a la tercera no habrá tanta suerte”

Derrumbe en Viguera

Ester Fernández García

11 de agosto de 2026 21:23 h

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La celebración de las fiestas patronales seguía en Viguera en la madrugada del domingo cuando se derrumbó la medianera de un edificio de cuatro alturas declarado en ruinas hace unos meses, pero de cuyo peligro llevan años alertando los vecinos. Un derrumbe que llega tan solo un año y medio después del colapso del campanario de la iglesia, en febrero de 2025. En ambos casos no se han registrado daños personales, pero el vecindario denuncia que desde el Ayuntamiento “han ignorado por completo” sus quejas. “Nos hemos librado ya dos veces, a la tercera no creo que haya tanta suerte”, teme una vecina.

El derrumbe de este muro ocurrió hacia las 6.30 horas de la madrugada del domingo. Minutos antes, una joven que vive en la casa colindante había acudido a casa, mientras sus amigas le esperaban debajo. Justo al salir, empezó a caer el muro y la joven tuvo que correr. Con la polvareda que provocó el derrumbe, no podía ver a sus amigas por lo que temió que les hubiera pasado algo más grave, lo que le desencadenó un ataque de ansiedad por el que tuvo que ser atendida por una ambulancia. “Es una zona muy transitada, al lado de la plaza, todavía más en fiestas, pues pasan muchos jóvenes”, explica la vecina para describir la magnitud del peligro.

Derrumbe en Viguera

Doce años de derrumbes, tres meses de la declaración de ruina

Por su parte, el alcalde de la localidad, Álvaro Manzanos, asegura estar “preocupado por la situación, intentando que se solvente lo más ágil posible siempre de cara de la máxima seguridad posible y de la legalidad posible”. En concreto, según explica el alcalde, este inmueble, de propiedad privada, fue declarado en ruina el pasado mes de mayo y se había iniciado el procedimiento administrativo para su demolición, que incluye notificaciones a los colindantes, alegaciones, posibles medidas cautelares y licitación para contratar a una empresa para que lo derribe. “Hubo un contencioso por parte de un vecino con unas medidas cautelares y se estaba esperando proceder a la licitación pública”, apunta Manzanos sobre la situación del procedimiento en el momento del derrumbe.

La familia de diez miembros residiendo en ese momento en la casa colindante, fueron desalojados. “Vivimos en el País Vasco y venimos todos los veranos al pueblo, mi padre es de aquí y hace doce años que grabaron los primeros desprendimientos”, advierte una de las personas desalojadas de la vivienda en la que tiene su segunda residencia. En su caso, acaba de llegar a casa en el momento que cayó la medianera y alertó del peligro a gritos a todos los jóvenes que se encontraban en el entorno. “Se veía que a medida que iba pasando el tiempo se iba agrietando y que iba a llegar un momento que se iba a caer”, coincide la afectada de que el desenlace era anunciado.

Todos los días veíamos cómo caían piedras al andamio de seguridad

La situación ha empeorado en los últimos dos años y medio, que es el tiempo que lleva un andamio instalado en la zona. “Ha habido derrumbes todo el tiempo, todos los días veíamos cómo caían piedras al andamio y luego de repente al día siguiente no las veías, probablemente las quitaba para que no constase que estaban”, critica una vecina. Hace unos meses, un menor que subía por esa misma cuesta para coger el autobús escolar se dejó un libro, bajó a por él y, en ese instante, cayó un cascote justo por el punto por el que acababa de pasar. Los vecinos aseguran que desde entonces han mantenido varias reuniones con el Ayuntamiento para exigirle actuaciones inmediatas que no han llegado, incluso iniciaron una recogida de firmas como medida de presión. “Las personas mayores decían que no llegaba a fiestas y de hecho temíamos que las vibraciones de la música de la plaza, a pocos metros del lugar, podrían favorecer el peligro”, señala una vecina.

Las habladurías corren por el pueblo entre las que señalan que el edificio pertenece a una empresa embargada y un dueño insolvente que no puede hacerse cargo de la demolición y quienes apuntan que el ayuntamiento no tiene capacidad económica para llevarla a cabo. El alcalde aclara que a pesar de que el inmueble no sea municipal, tras la declaración de ruina, el ayuntamiento quien pagará la demolición controlada del edificio. Descarta hacer valoraciones de las quejas vecinales y solo apunta que “el Ayuntamiento estaba siguiendo el procedimiento administrativo que no puede saltarse, hay que seguir la legislación y la burocracia que se marca”. No obstante, tras el derrumbe, la situación ha cambiado y ha pasado a ser emergencia: “Dentro de que agosto es una temporada complicada para encontrar una empresa, ahora sí se puede agilizar y vamos a poner todos los medios”.

Derrumbe en Viguera

A ello parece sumarse la dificultad técnica del propio inmueble, un entramado de dos casas antiguas unidas y llenas de recovecos cuya esquina más crítica ha continuado abriéndose tras el colapso. De hecho, este mismo lunes por la noche, la caída de otro trozo provocaba otro despliegue de efectivos. Mientras tanto, la familia desalojada se encuentra dividida entre una casa que les ha ofrecido una vecina y casas de otros familiares, donde continuarán algunos unos días mientras que otros regresarán a Bilbao. Ni ellos ni el Ayuntamiento saben poner fecha a su vuelta a la casa, que no se hará hasta que no sea totalmente seguro: “Hasta que no haya una máquina en la calle y empiece a trabajar, no nos pueden decir fechas”, ha señalado la vecina afectada. “Todavía no sabemos cuándo va a empezar la demolición por lo que no podemos saber cuándo va a terminar, los desalojados volverán en el momento en el que no haya ningún peligro”, añade el alcalde.

El colapso en plena madrugada de fiestas ha reabierto la cicatriz del pueblo que vio caer en segundos la torre de su iglesia hace solo un año y medio. Aquel domingo de febrero por la noche no dejó víctimas. Tampoco lo ha hecho ahora a pocos metros de allí, a pesar del riesgo en una calle muy transitada habitualmente pero todavía más durante las fiestas. Existe nerviosismo y hartazgo entre una parte de los vecinos mientras el consistorio busca contrata a contrarreloj para ejecutar una demolición de urgencia que el vecindario reclamaba desde hace años y que, esta vez sí, debe llegar antes de que sea demasiado tarde.

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