La inteligencia artificial se hace hueco en el medio rural de La Rioja: “Aunque seamos mayores, tenemos interés”
En Ojacastro viven algo menos de 200 habitantes en invierno y buena parte de ellos son personas mayores. El pueblo enclavado en la Sierra de la Demanda de La Rioja y alejado de los núcleos urbanos. En una tarde cualquiera de invierno, apenas se puede ver a nadie por la calle, menos aún si el frío aprieta desde las montañas. Sin embargo, cuarenta vecinos y vecinas han decidido apuntarse a los cursos de La Rioja Rural Conecta, un proyecto financiado con fondos Next Generation que tiene como objetivo digitalizar con capacidades básicas al medio rural.
Alrededor de una docena de personas están en clase de curso de inteligencia artificial. Hablan a sus dispositivos móviles preguntándole cuál es el pueblo de la imagen, si pueden ser beneficiarios de una ayuda o escribiendo una reclamación para la compañía de la luz. Están rompiendo así la doble brecha digital que sufren por vivir en el medio rural y como personas mayores, como son la mayoría de los asistentes a esta formación en digitalización. “Hay que estar al día, ahora todos los trámites son digitales y estas herramientas pueden facilitarte la vida”, señala Luis, un vecino todavía en activo. “Aunque seamos mayores también tenemos interés”, apunta Charo.
Para los profesores, Alberto y Marcos, el reto va más allá de enseñar a usar un programa; se trata de una cuestión de confianza. “No sé yo si es un peligro esto...”, dice precisamente Charo al valorar las tecnologías de IA. Los profesores, Alberto y Marcos, son conscientes de que sus alumnos al principio son reticentes, por lo que la clave es que entiendan que la inteligencia artificial también puede ser util para ellos. “Damos una formación muy básica para quitarles el miedo a la tecnología y que vean que la IA ya está en su día a día”, explica Alberto, que recurre a una comparación sencilla: “Les pongo el ejemplo del avance agrario: hemos pasado de ir con un burro a un tractor que prácticamente va solo”. Así, en estas clases, la IA se vuelve tangible cuando el móvil es capaz de identificar un fertilizante o de sugerir una receta de cocina con solo hacer una foto al interior de la nevera.
Esa utilidad práctica es la que ha convencido incluso al alcalde de Ojacastro, quien también se ha sentado en el pupitre como un alumno más. “Notas informativas, bandos, avisos... la IA te lo hace todo y te ofrece datos del pueblo que tú no le has dado. Te quita mucho tiempo de gestión”, reconoce entusiasmado tras ver cómo una herramienta tan avanzada puede simplificar la burocracia municipal de un ayuntamiento pequeño.
Aulas móviles para llegar a 164 pueblos
El éxito en Ojacastro no es casualidad. La Rioja Rural Conecta es una iniciativa financiada por los fondos Next Generation del Ministerio de Reto Demográfico y gestionada por la Consejería de Política Local a través de Tragsatec, con la colaboración de los grupos de acción local como captadores del alumnado. “El objetivo es llevar capacitación digital básica a 164 municipios riojanos de menos de 20.000 habitantes”, detalla Maribel García, la coordinadora, que puntualiza que se excluyen las localidades del área metropolitana de Logroño al considerarse área rural. El proyecto, que arrancó en junio de 2025 y finalizará en junio de este año, ya ha alcanzado velocidad y ha llegado a unos 80 municipios y “cada vez se están agendando más cursos”, celebra.
El programa La Rioja Rural Conecta está preparado de hecho para llegar a todos los rincones. Cuenta con aulas móviles en las que el equipamiento necesario de tablets, wifi y ordenadores se puede desplegar en cualquier lugar. El equipo de profesores cuenta además con perfiles de muchos ámbitos, sociólogos, pedagogos, trabajadores sociales, expertos en marketing, psicólogos...
A menudo, la IA está siendo el gancho con el que comenzar con los cursos, “porque funciona muy bien para todas las edades, además de que la posibilidad de hablar con el móvil permite llegar a la gente mayor”, según señala Maribel García. Pero el programa es mucho más ambicioso, e incluye uso de móvil y ordenadores y redes sociales. Y sobre todo, es personalizado según los intereses de los vecinos de cada pueblo. “Vemos para qué lo usan e intentamos ir a ese nicho, como aprender a usar la cámara o el calendario hasta borrar fotos para liberar memoria”, explica el profesor de las principales peticiones que ha recibido de su alumnado. Los cursos son de ocho horas y son presenciales con parte teórica y práctica, si bien los participantes están constantemente probando las nuevas habilidades. “Casi todo el tiempo están haciendo prácticas porque queremos que el conocimiento se quede consolidado; es el éxito de estos cursos”, apunta la coordinadora.
Entre los alumnos, los perfiles son variados. Goyo y María han acudido por pura curiosidad. Él espera divertirse ahora que está jubilado y ella quiere aprovecharlo para hacer ejercicios de matemáticas o como traductor cuando viaja. Es una visión que comparte Charo, quien a pesar de ver cierto “peligro” en lo desconocido, tiene claro que “hay que estar al corriente de todo”.
Al final de la jornada, el miedo inicial se transforma en interés. Según los formadores, muchos alumnos que empiezan por la IA acaban pidiendo cursar el resto de módulos de digitalización. “Esto rompe la brecha digital”, concluye Alberto, “a día de hoy hay muchos trámites que o los haces con la digitalización o no puedes hacerlos. Es una necesidad real”. En Ojacastro, mientras la tarde cae sobre las montañas, el silencio de las calles contrasta con el murmullo de este grupo de vecinos que ha decidido que la tecnología también tiene hueco en los pueblos y entre la población mayor y que el futuro también se escribe desde el mundo rural.
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