El milagro de la reconversión
Entre bombardeos y bombardeos, muertos y más muertos, invasiones terrestres, subidas de precios del petróleo, de la gasolina, el gasoil, los fertilizantes y los alimentos…“ esta guerra que no es nuestra” nos ofrece destellos luminosos en nuestra zona de confort.
Es un gusto comprobar como en la Universidad de La Rioja, las alumnas y alumnos son curso a curso más diversos. Los estudiantes de origen extranjero no solo están accediendo a estudios superiores, sino que sus calificaciones son brillantes.
Escuchar a estos jóvenes de origen pakistaní y marroquí, entre otros, exponer sus trabajos ante profesores y compañeros, conversar e interesarse por asuntos de los más variado, incluida la actualidad, de la que nosotros huimos para no ver la parte fea de nuestro mundo occidental, es una actividad gratificante.
Convendría que los logroñeses acudieran a esos seminarios en los que quienes tienen todo el futuro por delante se forman en lo académico y también en lo personal.
Estos actos son abiertos al público en general, aunque suelen pasar desapercibidos. Quizás por desconocimiento. ¡Una pena!, porque podríamos comprobar que no todos los jóvenes, son una banda de mal educados, enganchados a las redes sociales y capaces de abusar, robar y maltratar, con el único objetivo de colgar esas escenas deplorables en X o en Tik Tok.
Además de las guerras y genocidios, además de las declaraciones irracionales de algunos políticos, también nos asusta el número creciente de niños y adolescentes que están enganchados a las pantallas y que cada vez a edades más tempranas acceden a la pornografía. “Esta sí es nuestra guerra”.
Los últimos datos oficiales destacan que: “uno de cada cuatro niños accede al porno antes de los doce años, con una edad de inicio que ya es a los ocho. La mitad de los menores de entre doce y quince y el 70 por ciento de los que tienen entre quince y diecisiete años lo consumen con regularidad”.
Son cifras que han llevado al gobierno a poner en marcha: “una estrategia para regular el acceso de los niños y adolescentes a los contenidos pornográficos y frenar la creciente influencia de estos en la educación afectivo-sexual”. Este párrafo entrecomillado, lo suscriben profesores, psicólogos y psiquiatras en general. Es una afirmación en la que todos coinciden.
De la misma manera quienes trabajan con menores afirman que: “entre las consecuencias de esta mala educación, está la normalización de la violencia contra las mujeres a las que la pornografía cosifica y deshumaniza.
Evidentemente algo hemos hecho mal en los últimos años, para que nuestros menores actúen así y algo seguimos haciendo mal cuando esas mismas estadísticas oficiales, en este último mes de bombardeos muestran que los adolescentes utilizan cada vez más la inteligencia artificial para estudiar fuera del control de padres y profesores. Familias y expertos reclaman que se regule esta herramienta con riesgo para niños y adolescentes y aseguran que, con la IA les está pasando lo mismo que con las redes sociales.
Quiero contraponer las dos cuestiones: la de los jóvenes de origen inmigrante que saben aprovechar las oportunidades que nuestra sociedad les brinda, frente al desencanto de nuestros adolescentes y jóvenes que no encuentran satisfacción en lo que sus familias y la sociedad les ofrecemos. Han tenido todo desde el primer momento, sin dar nada a cambio y el esfuerzo, la paciencia y la reflexión son términos que desconocen. Quieren seguir teniéndolo todo y de forma inmediata.
La educación, “la mala educación” es una las asignaturas pendientes de la democracia. Hay ejemplos palmarios: las despedidas de solteros en la calle Laurel de Logroño y el comportamiento antisocial de esas cuadrillas. Los insultos y gritos de unos cuantos, en los campos de fútbol, que no van a disfrutar del deporte y del juego, sino a dar rienda suelta al odio que llevan dentro.
Odio, a los que no son como ellos, ni como sus hijos, pero son mejores futbolistas y ganan más dinero que ellos y sus hijos. Ni la policía local de esta ciudad se gana el sueldo, cuando permite a los bárbaros destrozar los lugares por los que pasan. Ni se ganan el sueldo los altos mandos de las federaciones de fútbol, sean la española o la que corresponda según la categoría del partido.
Si el último martes de marzo, la Federación española de fútbol, los árbitros y los responsables del campo, hubieran suspendido el España-Egipto, cuando los bestias empezaron a abuchear el himno de los jugadores visitantes, no hubiéramos tenido que avergonzarnos al día siguiente, cuando todo el mundo supo como somos en este país. Evidentemente no somos todos, pero meten tanto ruido que parecen mayoría. La fuerza bruta, la testosterona, del macho ibérico, necesita del mensaje fácil, del capricho inmediato del me das o lo cojo por la fuerza. Necesitan de “abascales”,“matamoros”, “acaballo” que les griten lo que quieren oír y de “derechistas” “joseantonianos” y “franquistas” que se quedan en aquella España en blanco y negro que nos hundió en la miseria, aunque a unos más que a otros.
Ojalá que entre procesión y procesión haya habido tiempo para la reflexión y para que el milagro de la resurrección sea también el milagro de la reconversión.
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