Un siglo a contracorriente, o cómo Mazda se ha reinventado en cien años de historia

Mazda Cosmo, gran turismo universal. Reminiscencias del Jaguar E-Type en el frontal e inspiración del Ford Thunderbird en la zaga garantizaban estar a la moda a mediados de los sesenta.

Javier Galilea

Mazda cumple un siglo de independencia y fidelidad a sus principios, arraigados firmemente a la cultura de la innovación, la satisfacción del conductor y el compromiso con la sociedad. De su humilde origen, la perseverancia y la inspiración en el entorno, seguro que no conocías algunas curiosidades que van desde el corcho hasta la comercialización durante décadas de autos con motor rotativo.

En el origen, el alcornoque

A principios de siglo, con el inicio de los intercambios comerciales y culturales entre Japón y occidente, el oeste de la isla de Honshu empezaba a dotarse de ciudades propiamente dichas. Unas 150.000 almas constituían la ciudad de Hiroshima, volcada en el sector primario y la Tokyo Cork Kogyo Company, era lo más innovador de la prefectura. Dedicada a la transformación del corcho.

El detonante, 7,8 grados en la escala de Richter

El gran terremoto de Kanto, dos minutos antes del mediodía del 1 de septiembre de 1923, cambiaría para siempre el destino de la compañía. Urgido por las nuevas necesidades de reconstrucción del país, con las principales ciudades arrasadas (Tokyo y su puerto natural, Yokohama), Jujiro Matsuda empezó a montar equipos de obras públicas Curtis importados desde Estados Unidos. A finales de la década, la motorización lejos de ser un lujo, era ya una necesidad imperiosa. Y un sencillo motocarro, el Tipo NA (distribuido por Mitsubishi, cuyos tres diamantes lucían en el depósito), la solución: en 1931, nacía Mazda-GO!

La primera campaña de publicidad, una ruta

Para 1936, la gama de motocarros de Mazda contenía modelos de hasta una tonelada de carga útil. Su popularidad en el boca oreja, se reforzaría en 1936 con la primera actividad publicitaria de envergadura para una marca de automoción: la ruta Kagoshima-Tokyo. Cuatro vehículos Mazda-GO del tipo KC y DC, recorrían en 25 días los casi 3.000 kilómetros entre la sede de Mazda y la capital de Japón, en una caravana popular destinada a demostrar la fiabilidad de estos vehículos de tres ruedas.

La bomba que lo cambió todo

Resguardado tras el monte Hijiyama, el complejo industrial de de Mazda en el distrito de Mukainada no sufrió daños en la mañana del 6 de agosto de 1945, cuando detonó la primera de las bombas atómicas lanzadas por las fuerzas aliadas y que marcarían de forma triste el fin de la Segunda Guerra Mundial en el frente asiático. Una cuarta parte de su plantilla, fallecería por la explosión, y en las semanas posteriores al suceso, la planta se convirtió en hospital, las oficinas en sede del gobierno de la prefectura de Hiroshima, y todos los Mazda-GO disponibles, en mulas de carga para el desescombro de la ciudad. El compromiso social de Mazda con su territorio, había quedado instaurado en lo que se ha venido a llamar el “Espíritu de Mukainada”, motor de muchas de las decisiones en tiempos difíciles de la marca.

1964: Japón como centro del mundo

Los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna que se celebraban en Asia, tenían una doble importancia: abrir de forma definitiva una economía enormemente autárquica en los quince años posteriores a la guerra, y demostrar al mundo que Japón iba a ser la potencia indiscutible en innovación tecnológica. Al tren bala (Shinkansen) y la mágica electrónica en miniatura, se sumaba la Shuto Kousoku. La autopista rápida japonesa pedía a gritos un automóvil igual de moderno, y un mes antes se presentaba el extraordinario y rompedor Mazda Cosmo 110S. El primer deportivo con motor rotativo, seña única de identidad de Mazda para los siguientes cincuenta años, llegaba al mercado.

La conexión americana

La década de los setenta supuso en cierta manera la invasión de las marcas japonesas en los mercados occidentales, particularmente en el americano, demandante de vehículos compactos y de calidad. Los productos de Mazda fueron recibidos con los brazos abiertos en norteamérica en 1970, hasta el punto de ser la primera marca japonesa en abrir una planta…¡En Detroit!. Con productos de imagen deportiva, Mazda North America Operations decidió consolidar el aspecto con las sensaciones. Y el concurso de diseño internacional para el biplaza deportivo ligero, se convertiría en el espaldarazo definitivo al modesto estudio de diseño abierto en el sur de California en 1983. Para 1989, Bob Hall y Mark Jordan, amantes de los deportivos británicos, crearían en América el deportivo japonés por antonomasia: el MX-5. Más de un millón de unidades después, confirman la apuesta.

Hombres de casa

La fidelidad de los empleados y los clientes de Mazda, andan a la par. Pero el caso de su presidente, es único. Takashi Yamanouchi nació, cómo no, en Hiroshima hace 75 años. Se marchó a estudiar comercio a Tokyo y regresó licenciado por la Universidad de Keio a los 22 años, con el puño listo para tocar a la puerta de Mazda en busca de su primer empleo. En 1996, se convirtió en jefe de ventas. Y al final de la década más complicada del joint venture con Ford, le tocó ponerse al mando supremo de la compañía cuando en 2008, cuando el amigo americano se deshizo de su 20%. Tarea de valientes, porque dos meses antes, había caído Lehman Brothers y con el Yen más caro de la historia y la producción localizada en Japón, Mazda perdía dinero con cada coche vendido en Europa. Conduciendo como cada día, Yamanouchi San cabalgó la independencia hacia los beneficios en 2012, doblando en 2013 y triplicando en 2014, cuando se retiró después de 47 años en la casa.

Sostenibles por principio

Un Mazda está hecho para perdurar, al igual que las decisiones que anteceden su lanzamiento al mercado. A principios de la pasada década, Mazda decidió embarcar a todos los departamentos que intervienen en la conceptualización y producción de sus automóviles, en un marco tecnológico único: Skyactiv. La evolución hasta el extremo de los dos grandes grupos de elementos que lo componen: la cadena cinemática (motor y transmisión) y el chasis (carrocería, transmisión, suspensión, frenos y dirección), abordado desde un punto de vista honesto, consistente y con mirada a largo plazo.

Por ello no verás motores de cilindrada ridícula ni una prevalencia clara del diésel o la gasolina, puesto que ambos aún no han dado su última palabra e incluso pueden combinarse de forma inédita como el caso del motor Skyactiv-X, que toma lo mejor de los dos combustibles. Tampoco una hibridación de todo o nada, cuando desde 2012 la retención del motor se gestiona con la recuperación de energía hacia la batería a través del alternador (i-Eloop), ni la electrificación sin más ambición que la de poner baterías a un modelo conocido. O tampoco con una electrónica invasiva durante la conducción, cuya precisión se ve reforzada por la intervención de los frenos a la entrada de una curva (G-Vectoring), en función de 27 parámetros que se interpretan con objetivos de seguridad, pero también de efectividad y placer de conducción.

Convencidos de que el binomio movilidad eficiente no tiene por qué sacar de la escena al motor de combustión, Mazda lanza este año el eléctrico Mazda MX-30, que ha sido también consecuente con los principios de la marca. Es un coche eléctrico, sí, pero la compañía no se ha olvidado de que quien lo conduce busca el placer de la conducción… y de que los trayectos en Europa son de 48 kilómetros al día, de media.

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