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"El clientelismo ha hecho verdaderos estragos en el sector cultural"

Entrevista al exdirector del Cendeac, Javier Fuentes, tras la sentencia de un juzgado de Murcia que ha declarado su despido como improcedente

Javier Fuentes, exdirector del Cendeac de Murcia

Javier Fuentes, exdirector del Cendeac de Murcia

El pasado mes de octubre Javier Fuentes Feo (Las Palmas de Gran Canaria, 1976) fue despedido como director del CENDEAC por el consejero de Educación, Cultura y Universidades, Pedro Antonio Sánchez, y por la Directora General del ICA, Marta López Briones. Los motivos que se adujeron entonces desde la Consejería apuntaban a la finalización de su contrato. Sin embargo, miles de personas organizaron una plataforma ciudadana que denunciaba su salida como una represalia política por haber organizado el congreso “España sin (un) franco”, y por haber invitado a Íñigo Errejón a participar en el mismo. Seis meses después, una sentencia del juzgado número 7 de lo Social de Murcia le da ha dado la razón al antiguo director del Cendeac y condena al ICA a readmitirlo o a llevar a cabo un despido improcedente con la consiguiente indemnización económica.  

Marta López-Briones, directora del ICA, declaró que su destitución se debía a que quería cambiar el rumbo del centro. Siete meses después de lo ocurrido, el Cendeac se encuentra prácticamente parado. ¿Qué opinión le merece esto?

Siempre pongo el mismo ejemplo. Si estuviésemos hablando de un centro de salud, de un hospital o de un instituto público, ¿qué consideración nos merecería semejante desmantelamiento? Quienes nos dedicamos a la gestión cultural pública debemos tener muy clara nuestra responsabilidad concreta, y no podemos permitir que estas cosas sucedan porque destruyen de un golpe lo que se había tardado años en construir. El hecho de que el Cendeac se encuentre ahora mismo prácticamente parado resulta gravísimo. ¿Qué ha sido de proyectos como Fisuras Fílmicas, D.Nuevo Ensayo, Conversaciones en torno al fotolibro, Memorias celuloides? No sólo costaron dinero, sino que para ponerlos en marcha se requirió un gran esfuerzo. Muchos ciudadanos los aprovechamos, los disfrutamos y aprendimos con ellos. En este sentido, no puedo más que expresar mi máximo desacuerdo con la deriva del Cendeac, y una enorme tristeza.

A siete meses vista, ¿cuál considera como la verdadera causa de su destitución?

El Congreso “España sin (un) franco” y la invitación de Íñigo Errejón fueron las gotas que colmaron el vaso, lo tengo claro. No obstante, también considero que llevábamos mucho tiempo luchando para que se implementase otro tipo de gestión pública. Por ejemplo, en 2013 realizamos un informe anual en el que detallábamos todas las cuentas del centro; tras mi salida éste nunca más se llevó a cabo. Parece que se habla mucho de transparencia, pero todo se queda en palabras. Otro ejemplo: En los años que estuve al frente del Cendeac, el ochenta por ciento de los proyectos los realizamos en colaboración con otras instituciones públicas, colectivos y asociaciones. Tras mi salida esas colaboraciones han desaparecido por completo. En definitiva, creo que teníamos formas muy diferentes de entender la gestión cultural pública.

Tras su despido, se puso en marcha un movimiento y un manifiesto que fue secundado por más de 2500 personas ¿cómo interpreta usted estas muestras de apoyo?

El apoyo ciudadano a un trabajador público es la mayor muestra de respeto y reconocimiento que uno puede obtener; es un reflejo de que la ciudadanía considera que estás haciendo una buena labor. Para mí, como defensor del sector público, resultó, por eso mismo, muy emocionante y tranquilizador. Que los ciudadanos se organicen y exijan que se les escuche es siempre un motivo de esperanza.

Qué representa esta sentencia judicial para usted.

Para mí supone algo muy importante. Confirma que nuestra posición era correcta. Marta López Briones me quiso despedir y así lo hizo. Pero no quiso reconocer ni hacer públicas las verdaderas razones de mi despido. En este sentido, lo que la sentencia judicial viene a confirmar es que sus declaraciones no fueron claras y que el argumento de que mi contrato había finalizado, como ella misma afirmó, no era un argumento válido.

De hecho, la plataforma ciudadana ha pedido la dimisión de Marta López Briones como máxima responsable de lo ocurrido. ¿Qué le parece esta decisión?

Uno de los síntomas más importantes de que un contexto es realmente democrático se encuentra en la participación constante, activa y vivaz de la sociedad civil. En este caso, se ha organizado como una Plataforma que ha denunciado el daño causado sobre un centro público de enorme importancia regional, nacional e internacional como el Cendeac. Y esa sociedad civil está en su derecho de solicitar la restitución o la destitución de los cargos públicos. Es un aspecto básico de cualquier democracia que la ciudadanía aspire a controlar a sus representantes y que éstos se sientan orgullosos de dicho control.

La sentencia judicial viene a confirmar que el argumento de que mi contrato había finalizado, no era válido

Estamos en un momento políticamente crucial. La mayoría de colectivos están más politizados que nunca, presionando a los partidos para que recojan sus reivindicaciones. ¿Cómo ve usted el sector cultural en este momento?

Sinceramente, creo que el sector cultural en este país ha estado tan sujeto a las concesiones de las administraciones locales, regionales y nacionales, que el miedo y el clientelismo han hecho, y hacen aún hoy, verdaderos estragos. Siempre existen colectivos, asociaciones, observatorios, artistas, etc. que logran plantear una posición crítica y autónoma, pero me temo que son prácticamente la excepción. A veces me sorprende cómo la retórica crítica imperante en el mundo de la cultura es perfectamente compatible con actitudes sumisas y profundamente conservadoras en términos prácticos. Me inquieta, por ejemplo, pensar que ha habido una marea verde por la educación, una marea blanca por la sanidad, pero no ha habido ninguna marea por la cultura. Cada cual tratando de no molestar demasiado para que no le quiten su parcelita de subvención, aunque ésta se vea cada vez más menguada. Se cita o se invita a teóricos marxistas al mismo tiempo que se saluda con una sonrisa afable al cacique de turno. Es una incongruencia que debemos afrontar y resolver cuanto antes.

En su opinión, ¿cuáles son las líneas que debe seguir un buen programa político en materia cultural?

Sería muy largo de responder. Pero para decirlo en cuatro puntos generales, defendería los procesos paulatinos de colectivización de la producción institucional, es decir, que quienes trabajan en y con la institución vayan definiendo su curso día a día. También abogaría por la trasparencia activa en los presupuestos, esto es, la posibilidad de conocer los presupuestos y analizarlos de manera conjunta y abierta cada cierto tiempo, para ir haciéndolos también más participados. Considero crucial por supuesto la colaboración constante entre las diferentes instituciones públicas para aprovechar mejor los recursos que son de todos. Y, por último, creo que es fundamental el vínculo entre la cultura y la educación en todos sus niveles.

Tras su destitución, nació también un Observatorio Ciudadano de la Cultura que pretendía llevar a cabo una auditoria pública de los centros culturales. ¿Qué le pareció este nacimiento?

Me pareció algo clave, y la propuesta de las auditorias ciudadanas es una idea extraordinaria si se articula correctamente. Seguramente fue lo mejor de cuanto sucedió tras mi salida del Cendeac. Sin embargo, y he de reconocer que me sorprendió mucho, su consolidación no fue posible porque la Consejería de Cultura y el Ayuntamiento se negaron a participar en las primeras jornadas orientadas a la realización de dichas auditorias. De hecho, según se publicó en prensa, no se dio respuesta a la solicitud del Observatorio. Una vez más, nos encontramos con lo mismo de siempre: muchas alusiones a la importancia de la transparencia y el control ciudadano, pero un desinterés absoluto a la hora de llevar todo ello a la práctica.

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