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Sobre este blog

Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

El calor de las llamas

Federico Montalbán López

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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

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Nuevo cuento de la serie “Mari contra la pobreza”. Mari vive en un barrio murciano, trabaja de camarera, tiene dos hijos (Jaime y Jorge) y un dinosaurio. El dinosaurio (que podría ser el mismo que sale en el cuento de Augusto Monterroso) representa la fuerza interior de Mari, la fuente de energía que le permite enfrentarse a todos los problemas cotidianos que provoca vivir en situación de pobreza. Mari comparte el protagonismo de estas historias con sus amigas Tamara y Henriette. Ellas representan a todas aquellas mujeres que pelean a diario contra la pobreza y queremos que sea el reconocimiento de la EAPN-RM a su valor y esfuerzo. Este cuento vuelve a contar con una ilustración original de la artista Laia Domènech.

Puedes leer el resto de cuentos de Mari aquí.

Mari no lo reconocerá nunca pero cuando Jaime era pequeño, estaba deseando que se pusiera malo. Desear quizás sea algo injusto. Sería mejor decir que no le importaba demasiado. No hay mal que por bien no venga. Jaime, de pequeño, estaba muy ocupado, siempre de acá para allá, siempre con las manos llenas de cosas, subiendo, bajando, corriendo, corriendo más, conejito blanco que llega siempre tarde, niño sobre cuyos hombros descansa la responsabilidad de mil cosas por hacer, juguetes que ordenar en fila, árboles que trepar, piedras que tirar, aparatos que destripar, pájaros que perseguir… Solo mirarlo resultaba agotador. El abuelo de Mari contaba siempre la historia de un reo al que condenaron a seguir día y noche a un niño y hacer todo lo que él hiciera. Mari no se imagina ese castigo para ella. Con tanta tarea a medio, Jaime no tenía tiempo para que su madre lo abrazara o le diera besos. Salvo cuando se ponía malico. Entonces la fiebre aceleraba el corazón y la respiración del enfermo al tiempo que lo adormecía y Mari aprovechaba para ponerse al día en cuanto a caricias y achuchones.