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REGIÓN DE MURCIA

Ayudando a los animales que viven en el `mundo salvaje´

Tradicionalmente se ha mantenido una consideración de la `naturaleza´ idealizada, como fuente benevolente proveedora de bienestar para aquellos animales no humanos que habitan en ella en `estado salvaje´

Hay una enorme cantidad de animales no humanos que se han visto obligados a modificar sus hábitos y salir de noche debido al miedo que les produce el encuentro con miembros de nuestra especie

Sin embargo, sería gracias a la toma de partido de la ciudadanía que el problema fuera tomado en la consideración debida para poder ser resuelto

Robert Seneko (PhotosForClass.com) / Creative Commons

Robert Seneko (PhotosForClass.com) / Creative Commons

Tradicionalmente se ha mantenido una consideración de la `naturaleza´ idealizada, como fuente benevolente proveedora de bienestar para aquellos animales no humanos que habitan en ella en `estado salvaje´. Partiendo de esta visión se promovió como correcta la no injerencia en la misma.

En la actualidad ha quedado ampliamente demostrado el error de dicha premisa, por ser precisamente ésta el origen de la mayor cantidad de sufrimiento y muerte padecida por los mismos, tanto al evaluar el número de animales implicados como al realizar un seguimiento utilizando la dinámica de poblaciones. Resulta clarificadora a este respecto la charla `Naturaleza y ética post-Darwiniana´, impartida por Catia Faria, en el CENDEAC de Murcia.

A la gran la dificultad existente para sobrevivir en dicho entorno tenemos que añadir las enormes consecuencias de nuestra intervención en el mismo. En este sentido en abril de 2017, se publicaba en la revista Science `The impact of hunting on tropical mammal and birds populations´, artículo en el que se hace referencia a la cantidad de animales no humanos que se han visto obligados a modificar sus hábitos y salir de noche debido al miedo que les produce el encuentro con miembros de nuestra especie.

Las consecuencias detectadas en este estudio a gran escala, llevado a cabo por investigadores dirigidos desde la universidad de Berkeley, se manifiestan de múltiples formas, como pudiera ser el caso de un descenso en las tasas de reproducción.

Es indudable que nuestra influencia, también en el caso de aquellos animales que intentan subsistir en dichos hábitats, es crucial. El hecho de que 30 años después del desastre nuclear de Chernóbil (periodo al que corresponde el vídeo), y como consecuencia de la falta de actividad humana, se haya experimentado un aumento muy notable de la vegetación y de las poblaciones de animales en esa zona, ahora salvaje, no deja la más mínima duda al respecto.

Sin embargo, los efectos más dramáticos de nuestra huella también se reflejan en las mutaciones sufridas por animales no humanos debido a la radioactividad; así como en la realidad padecida por aquellos otros que vivían recluidos y explotados, quienes fueron completamente ignorados tras el desastre (comportamiento habitual, por otro lado). Incluso quienes convivían con humanos y lograron sobrevivir a sus ataques fueron estigmatizados, viéndose obligados a subsistir en un entorno hostil.

Hoy en día contamos con numerosos ejemplos de programas de intervención en el mundo natural cuyos objetivos consisten en satisfacer intereses humanos, que desconsideran los de los demás animales. Incluso actuaciones que pudieran parecer banales, a priori, pueden conllevar resultados catastróficos para ellos.

En este sentido y gracias a la difusión a nivel social, el vídeo mostrando la muerte de aves tras chocar con unas mamparas acústicas transparentes instaladas en una carretera de Ojén, se hacía viral llegando a alcanzar los dos millones de visitas en apenas dos días. Las posibles soluciones eran bien sencillas y la tragedia fácilmente evitable, aún incluso en el caso de no haber tenido en cuenta el riesgo previamente.

Sin embargo, sería gracias a la toma de partido de la ciudadanía que el problema fuera tomado en la consideración debida para poder ser resuelto. Tal y como se resaltaba en el post de El Observador: “Es la era de las redes sociales, de los ciudadanos”. Desgraciadamente a principios de agosto la muerte de 51 cigüeñas electrocutadas al hacer un alto en el camino en su migración a Africa, volvía a ser noticia. Tan sólo el número de rapaces electrocutadas al año en España es de como mínimo 33.000.

Si bien es cierto, que dichas actuaciones y otras muchas son llevadas a cabo desconsiderando a los demás animales, también lo es el hecho de que cada vez son más las personas que son conscientes de la relevancia de intervenir de forma positiva en la naturaleza, para socorrer a los animales que se encuentran en ella, tal y como propone Ética Animal. En su artículo “Entre la no intervención y la intervención negativa: crítica a la posición ecologista”, Eze Páez, tomaba como referencia para hacerlo precisamente los intereses de los propios animales.

Resulta evidente que los demás animales necesitan de nuestra ayuda. Las actuaciones que podemos llevar a cabo para no dañarles, e incluso para beneficiarles, son múltiples. Si todavía no has tomado partido, quizás haya llegado el momento de hacerlo.

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