La portada de mañana
Acceder
La falta de acuerdo sobre el pacto de rentas castiga a la economía española
Guía de las elecciones que pueden encumbrar a la ultraderecha en Italia
OPINIÓN | 'Lesmes nombra heredero', por Elisa Beni

Piscinas de heces, moscas y depresión: sobrevivir a 35 metros de una granja porcina en Lorca

Ana Belén y Melchora en su casa, observando el cebadero con 1.500 cerdos de su vecino

Ana Belén y su madre, Melchora, descansan en la terraza de su casa, situada en el corazón de la huerta de Lorca. Febrero acaba de despuntar, pero hace un día primaveral: el sol quema en la piel, algunos cerezos se han adelantado semanas a florecer y las moscas sobrevuelan el campo. Muchas, difíciles de estimar. Corretean entre las tazas de café que ha preparado Ana Belén, acosan a los animales, lo inundan todo. Aunque han pasado seis años, las dos mujeres no pueden evitar sentirse también inundadas: desde 2016 conviven con 1.500 cerdos, 300 toros y dos balsas de purines a 35 metros de su vivienda.

“No puedes vivir, es el olor. Tienes que estar en casa encerrada. Han dejado de venir mis amigos a visitarme por esto”, suspira Ana Belén.

De acuerdo con la ordenación urbanística vigente en Lorca, cebaderos como el que las dos mujeres tienen junto a su casa se pueden construir a cinco metros del límite de la propiedad: “Tiene su explicación, hace décadas cada familia estaba asentada en una finca y tenía su pequeño cebadero pegado a casa”, explica José García, portavoz y fundador de Stop Cebaderos. “El problema es que las ampliaciones han sido en el mismo terreno, donde ya no caben. Este tipo de expansiones corresponden a terrenos que no tienen viviendas alrededor”.

Lorca no cuenta con un problema de espacio. Con una superficie de más de 1.600 kilómetros cuadrados y 100.000 habitantes repartidos en 39 pedanías, es el segundo municipio más extenso de España, solo después de Cáceres, que roza los 1.800 kilómetros cuadrados: “¿Por qué no pusieron la balsa de purines pegada a su casa? Su suegro tiene terreno. Lo hicieron pegada a la mía no porque no hubiera sitio, sino porque podían”, reflexiona Melchora.

En 2016, Ana Belén y Melchora fueron notificadas de que la granja de su vecino pasaría de tener 200 cerdos al millar y medio que acoge actualmente: “Éramos familia. Cuando fuimos a hablar con él sus padres se hicieron los tontos y él dijo que lo hacía por sus cojones”, recuerda Melchora.

Para su hija, esta situación ha sido “devastadora”: “He estado años de baja por depresión y sigo en tratamiento”, comparte Ana Belén. “Antes nos manifestábamos -con autorización- a las puertas del ayuntamiento de Lorca grupos de mujeres y jubilados para luchar contra las ampliaciones de cebaderos, pero un día el por aquel entonces alcalde nos trajo a los GEOS. El médico me recomendó que no fuera más”.

Ana Belén asegura sentirse maltratada no solo por su vecino, también por las instituciones: “Nos tuvimos que enfrentar a la policía porque éramos mujeres solas. Una vez los vimos echando purines a las aguas de riego antes de cosechar, avisamos a la policía. Nos dijeron que llamásemos a un notario para que levantásemos un acta, que ellos no podían hacer nada. Luego vimos como uno de los policías le pasaba a mi vecino el brazo por el hombro”.

Desde Stop Cebadero denuncian las “circunstancias irregulares” en las que se amplió esta instalación: “Demostramos al Ayuntamiento que no cumplía los requisitos para hacerse antes incluso de que tuviera la licencia. Me presenté a la concejala de Urbanismo de Lorca en esa época, se echó hacia atrás en el asiento y me retó a ponerle un contencioso. La indefensión de los afectados es máxima”.

Cuando el cebadero aún era un proyecto, Melchora y Ana Belén recibieron del candidato socialista a alcaldía: “Me dijo que era imposible que me lo hicieran a esa distancia de mi casa. Vio las irregularidades como yo, y me prometió que si algún día llegaba a gobernar, ese cebadero iba fuera. Ahora que gobierna, no puede hacer nada. Si tiene que cerrar este cebadero, imagínate todos los que tienen que desaparecer en Lorca”, reflexiona Ana Belén.

“Jamás asaltaría un pleno”

Ana Belén confiesa no creerse el discurso de “ganadero arrepentido” que ha visto días después del ataque al pleno del lunes: “A mi me pueden malmeter, pero no me meto en un ayuntamiento pegando y tirando a policías al suelo como hicieron ellos”, reflexiona.

El pasado lunes, entre 40 o 50 individuos asaltaron el pleno de Lorca, donde se iba a aprobar la nueva ordenación urbanística que regla las granjas porcinas.

Yo no puedo estar más enfadada. Han llegado agentes medioambientales del SEPRONA a mi casa y me han chuleado diciendo que los purines no olían. He tenido unas ganas tremendas de cagarme en su puta madre y me he callado. Con la lucha que llevo, jamás se me ocurriría meterme en el ayuntamiento o coger a un policía del cuello”.

“La mujer de mi vecino una vez vino a decirnos que iba a enterrarnos a nosotros con su dinero. La eché, pero después me tuve que ir a urgencias con el oxígeno puesto de la ansiedad”, destaca Ana Belén entre las numerosas amenazas que sus vecinos han lanzado contra ella.

“Nos amenazan por el mismo motivo por el que invadieron el pleno del lunes. Temen que se destape todo. Van con la impunidad por delante porque saben que soy una pobretona. Los vecinos afectados nos juntamos cuatro o cinco para pagar a un abogado, porque uno solo no puede. Aunque tenga que vender mi casa para vivir debajo de un puente, quiero sentir la satisfacción de ver ese cebadero tirado. Es mi orgullo. Se han reído tanto de mí: la Administración, la policía, SEPRONA. ¿A quién acudo?”, concluye.

Etiquetas

Descubre nuestras apps

stats