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La yenka de EH Bildu ("dos pasos adelante")

La última operación policial contra Herrira pone de nuevo en juego la doctrina caduca del "todo es ETA" que usó el juez Garzón para desmantelar el mundo político que rodeaba a la organización terrorista.

Rajoy se resiste a flexibilizar su política penitenciaria a la espera de que Estrasburgo, previsiblemente, le obligue a modificar la 'doctrina Parot' en una resolución que lleva cierto retraso.

En Euskadi no es raro tener la sensación de que la política no pasa de ser un dejà vu. Te suenan los discursos, las situaciones, las multitudinarias movilizaciones por las calles de Bilbao, las excarcelaciones incomprensibles, las operaciones de una Guardia Civil protegida por agentes de la Ertzaintza mientras a primeras horas de la mañana llaman a la puerta y no es el lechero. "¿Dónde he visto yo esto antes?", se pregunta buena parte de una ciudadanía que parece haber amortizado ya el terrorismo, aunque no está por la labor de participar de un proceso de amnesia colectiva donde se diluyan las responsabilidades de tanto dolor causado. La misma que le lleva a la clase política y a la organización terrorista ETA varias cabezas de distancia desde que hace ahora casi dos años, el 20 de octubre la organización armada decidiera el cese definitivo de la violencia.

La última operación policial sitúa a la sociedad vasca ante un espejo que deforma la realidad interesadamente. Sobre todo porque aunque ETA no ha dado ni un solo paso más unilateral en su camino hacia el cierre definitivo de su negocio de muerte, ni el partido Sortu ha avanzado mucho más desde que aprobara sus estatutos para aceptar la legalidad vigente y tampoco el Gobierno ha dado un solo paso en la flexibilización de su política penitenciaria con los reclusos de ETA, nada puede devolver ya a la sociedad vasca a una etapa de ilegalizaciones y de "entornos políticos". Habrá que esperar a leer los autos del juez con detenimiento, analizar esos supuestos seguimientos realizados por miembros del instituto armado a dirigentes de Herria en sus viajes "al otro lado" y ver caso por caso si esos 112 actos organizados por la plataforma de apoyo a los reclusos etarras, los  "ongi etorris", como dice el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, tienen o no dosis de humillación a las victimas de ETA y, sobre todo, pueden suponer un delito de enaltecimiento del terrorismo. Porque ya hay jurisprudencia del Tribunal Supremo, la última una sentencia de mayo de este año, en la que el alto tribunal ha dejado claro que la mera exhibición de fotos de etarras de prisión (qué casualidad con la leyenda "Herrira" en el caso analizado) no supone enaltecimiento del terrorismo. Es decir, no todo es alabanza, ensalzamiento, ni justificación del terrorismo.

Tampoco ha pasado desapercibido el comunicado -con foto incluida, de un Joseba Egibar (PNV) cariacontecido junto a Laura Mintegi (EH Bildu)- con la firma de estas dos formaciones, algo inédito después de tantas instantáneas en donde socialistas y peneuvistas compartían mesa, acuerdo y firma tras haber vivido los últimos años de espalda unos a otros. Un acuerdo que tuvo su réplica un día después en el consistorio donostiarra, pero en este caso de la mano también de los socialistas vascos porque, como dice un dirigente del partido de Patxi López, "los guipuzcoanos parece que van por libre".

El lehendakari ya no está en ascuas. Ya sabe que ahí no hay nada que rascar y que solo cabe esperar un correctivo desde instancias europeas a la 'doctrina Parot' de la mano de una sentencia del Tribunal de Estrasburgo en el caso Inés del Río que se está haciendo esperar.

El Gobierno vasco ha llegado a octubre viendo cómo se cumplían sus peores pronósticos. En verano, el think tank de Lehendakaritza ya mostraba cierta preocupación por la posibilidad de que la Ponencia de Paz pudiera saltar por los aires. Y así ha sido. No las tenía todas consigo sobre una posible entrega de armas (sellado zulos, más bien). Y ni siquiera ese elemento, meramente propagandístico, ha llegado. Y esperaba, como quien espera a Godot, que Mariano Rajoy diera señales de vida en relación con la política penitenciaria. El lehendakari ya no está en ascuas. Ya sabe que ahí no hay nada que rascar y que solo cabe esperar un correctivo desde instancias europeas a la doctrina Parot de la mano de una sentencia del Tribunal de Estrasburgo en el caso Inés del Río que se está haciendo esperar. los 17 jueces que formaban la Gran Sala y que tendrán que decidir si ratifican la condena, por unanimidad, a España en julio de 2012 del tribunal formado por siete magistrados. ¿Se atreverá España, si finalmente es condenada, a activar la "ingeniería jurídica" de la que habló en su día Jorge Díaz para soslayar la aplicación inmediata de la sentencia?

El problema no es si Arnaldo Otegi debe o no estar en la calle, por mucho que sean cada vez más las personas que no entienden que aun permanezca en prisión aquel que trabajó por llevar a la izquierda abertzale que nunca a condenado la violencia a redactar unos estatutos en los que se apartaban de manera inequívoca de la estrategia político militar que ha llevado ese mundo desde su fundación en 1979 permanezca en prisión. El mismo que una aciaga mañana del 30 de diciembre de 2006, con la T-4 de Barajas aun humeante, se sentaba junto al presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, a tomar un café con gesto horrorizado, esperando que aquello no se pareciera a la bomba del IRA en 1996 en el Cannary Wharf londinense y que no hubiera ningún muerto. Pero ambos atentados fueron como una gota de agua. En ambos murieron dos personas cuyo único delito fue estar en el lugar 'equivocado'. Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, dos ecuatorianos, en Madrid. Inam Bashir y John Jeffries, en Londrés. Otegi supo desde ese día -porque así se lo habían trasladado en las conversaciones que mantenían partidos por un lado y ETA y el Gobierno (Egiguren)- que de volar por los aires el proceso, antes o después, él y muchos más acabarían con sus huesos en la cárcel.

El problema tampoco es la salida en cascada de los presos etarras (más de 50) a los que se les ha aplicado con carácter retroactivo una doctrina que agrava su condena. La cuestión es si ETA y Sortu avanzan, de manera unilateral, hacia el final definitivo de su estrategia político militar compartida durante los años de plomo. Por eso Urkullu -que se inclinó por desautorizar la operación contra Herrira, sabedor de que parte de su cuerpo estuvo ayer en la marcha de Bilbao- le ha exigido a ese mundo que dé pasos adelante y de manera unilateral. Urkullu le dijo a Julen Arzuaga en el Parlamento: "¿Qué van a hacer (...) Hay muchas tentaciones de volver al pasado. Pero la respuesta a un paso atrás [golpe a Herrira] es dar dos pasos adelante, y esos los tienen que dar ustedes". De momento la Yenka de EH Bildu es desordenada y, como el baile, se mueve más en círculos, un tímido paso hacia adelante y otros tres hacia atrás, hacia la derecha, hacia la izquierda. Como desnortada. Como esperando a que otros hablen y hagan algo en torno al próximo 20 de octubre. O en noviembre. O vaya usted a saber cuándo.

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