eldiario.es

9
Menú

Discreción, secretismo e inmovilismo

- PUBLICIDAD -

Ya ha pasado más de una semana del encuentro secreto en Moncloa entre Mariano Rajoy y el lehendakari Iñigo Urkullu y la sociedad vasca sigue sin conocer en detalle lo que se trató en esa reunión. Parece ser que, en líneas generales, el lehendakari planteó a Rajoy la necesidad de dejar atrás el inmovilismo y avanzar con el proceso que acabe de una vez por todas con la sombra que ha arrojado ETA sobre nuestra historia de las últimas décadas.

Claro que esto son especulaciones basadas en rumores o en filtraciones, más o menos interesadas, de personas que no estuvieron en esa reunión. Encuentro al que habría que sumar algún otro con líderes socialistas del que tampoco ha trascendido demasiado y que habría servido como preparación del que se celebró el pasado martes en Moncloa. La realidad es que, una vez más, se ha dejado al margen al conjunto de la sociedad vasca, que no ha sido informada de nada de lo que se ha tratado en esas reuniones.

¿A qué responde este secretismo? Urkullu y la cúpula del PNV hablan de discreción, como si fuese un mal inevitable para conseguir un fin necesario. Parece ser que la luz y los taquígrafos no son del agrado de los partidos mayoritarios, que no quieren arriesgar sus estrategias electorales con debates públicos en una cuestión que afecta a toda la sociedad, pero a la que se deja al margen en un supuesto acto de responsabilidad política. Los ciudadanos tendremos que esperar a que dentro de diez años alguien escriba un libro o realice un documental sobre el tema para enterarnos de todos estos movimientos en torno al final de ETA.

Lo más lamentable de la situación actual es que ni la discreción ni el secretismo de los que hace gala nuestro lehendakari van a acabar con el inmovilismo del Gobierno del Partido Popular. El tema de ETA se ha convertido en un balón por el que pugnan diversas facciones dentro del partido en el Gobierno. Voces discordantes como la de Esperanza Aguirre intentan socavar la posición, que por otra parte parece bastante firme, del equipo de Mariano Rajoy, apoyándose en las voces críticas de los colectivos de víctimas indignados por cuestiones como la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot que el gobierno no ha tenido más remedio que acatar. Tampoco ayuda a afianzar la postura oficial del PP la creación de Vox, el partido abanderado por Ortega Lara y otros ex-miembros del Partido Popular, fruto de esa indignación por la que consideran tibieza del gobierno en materia antiterrorista.

Parece ser que la luz y los taquígrafos no son del agrado de los partidos mayoritarios, que no quieren arriesgar sus estrategias electorales con debates públicos en una cuestión que afecta a toda la sociedad, pero a la que se deja al margen en un supuesto acto de responsabilidad política.


El proceso que cierre definitivamente la historia de la macabra trayectoria de ETA debería estar fuera del ámbito de los intereses partidistas. Personalmente, me importa bien poco si ETA si disuelve más pronto o más tarde. Lo importante es que ya no haya armas que empuñar y que no volvamos a ver jamás la imagen de la sangre manchando el asfalto de nuestras calles. Y la forma realmente efectiva de conseguirlo es a través de un proceso de paz y de verificación como el que valientemente propone Lokarri, abierto a toda la ciudadanía y sin secretismos de salón que no aportan nada a crear un clima de convivencia entre todos los vascos.

Debe ser la sociedad vasca en su conjunto la que decida su futuro, la que abra las puertas a un nuevo marco convivencial que le permita afrontar los retos que ahora tiene sobre la mesa con garantías de éxito. Es labor de todos, tanto de los partidos políticos como de las organizaciones sociales y la ciudadanía en general, cerrar una herida que lleva abierta demasiado tiempo. Es evidente que esta herida que no se va a cerrar jamás para las víctimas, pero eso no puede condicionar nuestro futuro para siempre jamás.  El reconocimiento del dolor y la solidaridad de toda una sociedad hacía quienes han sufrido la violencia en carne propia son imprescindibles, pero la opinión de una asociación de víctimas no puede frenar un proceso que permita a la sociedad vasca avanzar y afrontar nuevos retos, como tampoco lo puede hacer el interés electoral de un determinado partido político. Por tanto, ante el inmovilismo y el secretismo, lo que de verdad va a conseguir que restañemos las heridas del pasado son la transparencia y la participación.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha