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Sostenibilidad, qué bonito nombre tienes

¿Por qué invertir el dinero en repoblar y aumentar masa vegetal si esos árboles no podrán ser talados y, por tanto, no generarán ingresos?

Trabajan con la convicción de hacer bosques más sostenibles, variados, a modo de mosaicos

A estas alturas de la vida pensaba que los conceptos con los que definimos hace décadas los problemas ambientales estaban superados; que la retórica había cambiado y que teníamos claro qué tipo de terminología debíamos usar hoy en día para reflejar la situación en su dimensión actual. Estaba equivocado, muy equivocado. Seguimos cayendo en los mismos errores lingüísticos y seguimos comprando los mismos mensajes comerciales que la ciencia ya ha demostrado erróneos.

Quizás el más sangrante ejemplo, hablando en términos ecológicos, es la famosa “sostenibilidad” y su supuesta “triple dimensión”. El siglo pasado, la teoría nos afirmaba y reafirmaba que la sostenibilidad tenía una triple dimensión: la económica, la social y la ambiental. Así se nos dibujaba un diagrama con tres círculos- cada uno representando una dimensión- que convergían en el centro. En él, en letras mayúsculas, se nos dibujaba la palabra mágica: SOSTENIBILIDAD. Esta línea, completamente desfasada, sigue muy presente en ámbitos políticos y de toma de decisiones. ¿Por qué?

La primera respuesta que me viene a la mente es el desconocimiento o la falta de actualización del mismo. Si bien en la definición inicial del concepto sostenibilidad, acuñado con gran énfasis a principios de la década de los 90, incluía esta famosa triple dimensión, décadas de nuevos trabajos y comprensión de la realidad nos han llevado a desterrar este tipo de vocabulario. Pero, lógicamente, hay personas que no han sido informadas de ello y continúan perpetuando unos términos que conocieron en su día.

La segunda respuesta es más perversa, y más peligrosa: por interés. Pero, ¿quién tendría interés en mantener un concepto que la ciencia ya ha demostrado desfasado? Pues el de siempre: el capitalismo y su marketing verde. Cuando el Club de Roma alertó de los límites del crecimiento, allá por el año 1972, el mercado, alimentado por su insaciable sed de consumo, ya comenzó a preocuparse por encontrar fórmulas que permitieran sortear en la sociedad de consumo el debate del hándicap del crecimiento infinito en un planeta de recursos finitos. Para ello creo términos, tan hábiles como ficticios, tipo "crecimiento sostenible". Y junto a ellos se preocupó muy mucho de insertar en el imaginario colectivo que si un proyecto, obra, política, programa o servicio no cumplía la norma económica capitalista no podría ser viable.

Por supuesto que nunca se ha reconocido así pero, en el fondo, cuando decimos que una política no es sostenible desde el punto de vista económico nos referimos a que no produce el suficiente valor económico capitalista como para ser útil a este sistema y, por lo tanto, no es “sostenible”. Por ejemplo, ¿por qué invertir el dinero en repoblar y aumentar masa vegetal si esos árboles no podrán ser talados y, por tanto, no generarán ingresos? o ¿por qué invertir en cuidados cuando ya hay un sector poblacional, las mujeres, que lo asumen y lo ejercen sin interferir en el sistema económico?

Pero el Planeta no responde a esta lógica de mercado. Y la sostenibilidad tampoco. Por mucho que nos hayan hecho creer que estamos desconectados de la naturaleza y que los recursos naturales son un mero supermercado al que vamos a extraer las materias primas que necesitamos, lo cierto es que nunca hemos sido más eco-dependientes. Vivimos en un mundo vivo, vivimos en la naturaleza y dependemos completamente de sus procesos para sobrevivir. Y la mayoría de esos procesos han sobrepasado los puntos críticos.

Por eso debemos entender la sostenibilidad en su verdadera dimensión. Sostenibilidad es considerar el techo ambiental que nos impone la Tierra. Porque mientras no tengamos un sistema económico que incorpore los límites del planeta a la ecuación, no habrá sostenibilidad que valga. Un sistema que reconozca que las materias primas no son infinitas y, por tanto, articule todos sus procesos sobre la base de la extracción de materiales y generación de energía, y no sobre la producción de valor monetario, como sucede actualmente. Y sostenibilidad es también asegurar un suelo social para todas las personas que habitamos el planeta. Es decir, redistribuir la riqueza y poner en el centro del modelo a las personas. Sustituir el valor consumo por el valor felicidad.

La sostenibilidad no tiene varias dimensiones, la sostenibilidad es ese espacio que se encuentra entre el techo ambiental (fijado por los límites del planeta) y el suelo social (fijado por el pacto social). Mientras tanto, la supuesta “sostenibilidad” capitalista (y su triple dimensión) seguirán siendo una estafa.

*Jon Ruiz Infantees biólogo conservacionista y miembro de Equo Berdeak

 

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