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La formación que España necesita ya existe

Imagen de archivo de estudiantes de Formación Profesional en el IES Luis Vives de Leganés en Madrid. EFE/ Almudena González
21 de abril de 2026 21:41 h

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Hay un dato que podría estar en el centro del debate educativo español y que, sin embargo, apenas aparece en él: entre el 73% y el 79,5% de los jóvenes que finalizan con éxito sus estudios de Formación Profesional (FP) se encuentran en situación de empleo activo, frente al 66% de los universitarios. Y esto es importante, porque pone en cuestionamiento la narrativa que durante décadas ha ordenado nuestras expectativas sobre qué estudios son válidos y cuáles no.

Llevo años trabajando con jóvenes que llegaron a la Formación Profesional casi por descarte. Muchos, convencidos de que habían fallado en algo. Y lo que encuentro, en la gran mayoría de ocasiones, es lo contrario: jóvenes que aprenden a una velocidad que el sistema anterior no supo ver, que conectan con lo que hacen porque tiene sentido práctico, que en pocos meses recuperan una confianza que años de fracasos escolares habían erosionado. La FP no los rescata a pesar de ser lo que es. Los rescata precisamente porque es lo que es.

España tiene uno de los mercados laborales más exigentes de Europa. En los últimos quince años, la economía española ha dejado de crear empleos para trabajadores con bajo nivel educativo y, por el contrario, ha generado 2,5 millones de puestos que requieren de una alta cualificación. Y, en ese contexto, la FP es una respuesta directa a lo que el mercado laboral está pidiendo.

Pero este no es solo un fenómeno español. Desde Ayuda en Acción llevamos años acompañando a jóvenes en situación de vulnerabilidad también en África y América Latina. En esta última región, un informe reciente elaborado junto a la CEPAL muestra que la educación técnico-profesional mejora el acceso al empleo en toda la región y permite elevar los ingresos hasta un 41% frente a quienes solo tienen formación secundaria.

Lo que hace que la FP funcione no es únicamente su carácter práctico, aunque esto sea importante. Su verdadera fortaleza está en que obliga al sistema educativo a mantenerse en diálogo constante con la realidad: con las empresas, los sectores productivos y las necesidades concretas de cada territorio.

El reto que tenemos por delante no es convencer a nadie de que la FP es válida. Los datos ya lo hacen. El reto es que el sistema la trate como lo que es: una palanca estratégica para el empleo, la cohesión social y la reducción de la desigualdad. Que la inversión pública esté a la altura. Que los centros educativos tengan los recursos necesarios para acompañar no solo la formación técnica, sino también el itinerario personal de cada estudiante. Que los currículos incorporen las transformaciones que el mercado laboral ya está viviendo, especialmente las que trae la inteligencia artificial.

Este último punto es algo que nos preocupa mucho a Ayuda en Acción. Un informe que publicamos junto al CSIC nos avisaba de que el 90% del alumnado de FP Superior ya usa herramientas de IA generativa para tareas escolares —el 77% para preparar trabajos, el 55,7% para estudiar exámenes— pero lo hace sin una estrategia pedagógica clara. El 60% del profesorado reconoce necesitar formación urgente, no solo para manejar las herramientas, sino para enseñar a pensar críticamente ante ellas. La preocupación central no es tecnológica: es de equidad. Sin competencias para contrastar lo que genera un algoritmo, la IA puede ampliar la brecha entre quienes tienen habilidades digitales y quienes no. La FP es precisamente el espacio donde esa brecha se puede cerrar, si se actúa a tiempo.

Lo que está en juego no es solo el empleo juvenil, sino el modelo de sociedad que queremos construir: una en la que el talento no venga determinado por las circunstancias de partida, en la que la FP no sea una segunda oportunidad, sino la oportunidad, y en la que la formación que conecta teoría y práctica sea reconocida por lo que ya está demostrando: su capacidad para impulsar y transformar trayectorias, generando nuevas oportunidades.

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