Nunca fuimos tan aburridamente importantes

Dos chicas se sacan un selfie en Sol minutos después de las doce de la noche.

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Llega el verano y aunque todos los años te peleas contigo misma por no caer en la trampa y aceptarte tal y como eres, meses antes comienzas con la operación bikini. Que no se llame operación bañador u operación playa ya es bastante significativo, queda claro que lo de estar perfectas y espectaculares en esta época del año es cosa nuestra.

El año pasado se hizo en redes una campaña body positiv, donde miles de mujeres mostraban su cuerpo real, tal y como es, manifestando que existe diversidad de cuerpos y todos son válidos. Incluso se unieron compañeras de figuras esculturales que mostraban con esfuerzo esa zona que a ellas les desagradaba y que las demás no lográbamos entender, pero no cuestiono que lo hicieran. Lo que comprendí con ellas es la ferocidad de la presión que se ejerce hacia nuestra estética consiguiendo así que nunca nos veamos perfectas tal y como somos, incluso habiendo invertido tiempo y dinero en ello.

Llegó el invierno y nuestras carnes defectuosas las cubrimos de jerséis y abrigos y muchas nos olvidamos de esos kilos que nos fastidian, ahora nuestros rostros son los protagonistas. Las redes sociales, que se han convertido en el espejo donde nos miramos, son nuestra nueva realidad, donde buscamos las referencias, y se inundan de caras angulosas, de labios gruesos y pestañas XL. No hay manchas en la piel, ni ojeras, incluso si se nos antoja podemos tener pecas. Snapchat e Instagram han creado un sin fin de filtros donde sin necesidad de cirugía conseguimos parecernos a nuestra actriz favorita, o no, porque resulta que incluso ella también ha sucumbido a la magia de dichos efectos.

Algunas chicas manifiestan que quizás se esté haciendo un uso abusivo de estos filtros (las consultas a cirujanos aumentaron solicitando tener la belleza inalcanzable que se consigue con los filtros). Otras manifiestan que ellas en estos lares virtuales lo que quieren es verse bien, que para que las veamos mal, vayamos a buscarlas cuando bajan a hacer recados. Lo que la gente ríe y aplaude lleva detrás un mensaje peligroso. Tu yo real, lo que antes estaba bien o a lo que ni siquiera prestabas atención, ahora no es lo suficientemente bueno como para mostrarlo públicamente.

Así que es normal que cuando estemos con nuestras amistades en un bar, en el momento de hacernos la foto de turno, no nos reconozcamos en ella. No hay retoques, no hay pose, no hay filtro. No es el espejo donde nos miramos todos los días, algunas cada cinco minutos. Nunca en nuestra vida nos habíamos mirado tan continuamente. Nuestra imagen aparecía ante nuestros ojos cuando te lavabas los dientes y la cara, o al vestirte para salir de casa. Nunca fuimos tan aburridamente importantes.

Este año la campaña body positiv no aparece por ningún lado, ya no está de moda. Así que tú vuelves a la idea de poner en forma tu figura antes de tu primer día de playa, pero cada vez te cuesta más trabajo. Ya no es solo cuestión de adelgazar, tu cuerpo es otro, tu piel no se muestra tersa como antes y la grasa que se te acumula en la barriga y los muslos permanece en su lugar como si hubiera firmado un contrato indefinido con tus células, están ahí para quedarse. Te preguntas si quizás deberías haber hecho más deporte y te cargas con la responsabilidad de no haber conseguido estar mejor. Esto no lo salva ni las poses, ni los filtros. 

Me enfado conmigo misma ¡Cómo yo que soy feminista y que se supone que he aprendido la lección sigo cayendo en la trampa! Me hago mayor, mi cuerpo al igual que mi cara está cambiando. Este invierno decidí no usar los dichosos filtros. Me enfrenté a lo que las chicas de Girlygirl Magazine llaman “La señora del espejo”. Un día me miré y allí estaba, algo había cambiado. Durante mucho tiempo me había visto como alguien de veintimuchos. Pero resulta que tengo treintaitodos y no podemos luchar contra el paso inexorable del tiempo. No es la arruga, ni la cana. Es todo. Inevitablemente nos vamos transformando, la cintura ensancha, el colágeno se escapa de los poros, los huesos del rostro también parecen estar de festival.

¿Dónde está el body positiv de la madurez? Lo sabes, hay un vacío. Quiero pensar que quizás ese vacío en las redes sociales existe porque la madurez nos da la inteligencia para dar una patada al móvil y mandarlas al carajo. Pero no solo es aquí donde buscamos referentes. El cine, los libros, las series o los programas de televisión son los lugares tradicionales. ¿A partir de qué edad dejamos de existir? Muchas actrices luchan por no evaporarse, sucumben pronto a la cirugía. El público incluso aplaude cómo han mejorado sus rostros, hasta que la transformación se vuelve monstruosa, y entonces señalan cómo han perdido la cabeza y no supieron parar.

Es fácil juzgar desde la frontera, pero nuestros trabajos no dependen de la edad que aparentamos. Mientras los hombres tienen sus mejores papeles a partir de los cuarenta y muchos (Leonardo DiCaprio es ejemplo de ello), nuestras historias se diluyen y desaparecen. No es que no molemos, es que simplemente no estamos, no somos NADA.

Pero no todo es desolador, las reivindicaciones están ahí. Kate Winslet se negó a que retocaran sus arrugas y barrigas para la serie Marie Of Easttown. Hace poco Andie MacDowell aparecía con su melena plateada en el festival de Cannes causando revuelo y admiración. Nomadland, dirigida por Chloé Zhao (la segunda mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección) en mi opinión aún va más allá, tanto por lo que cuenta, como por la protagonista Francés McDormand de 64 años (maravillosa en todo lo que hace, vean la serie Olive Kitteridge, curiosamente también dirigida y guionizada por mujeres), que no solo se trata de canas la cosa, sino de mostrarnos la diversidad de los cuerpos, los rostros y sobre todo las historias que nos representan. Esto también lo hacen otras tantas directoras como Lena Dunhan, Michalea Coel o Phoebe Walter- Bridge.

Nuestra belleza no acaba con la edad, y ni mucho menos nuestras vidas. Reivindicamos así encontrar esas referentes y reclamamos que se nos escuche y se nos deje crear nuestras historias, porque no es casualidad que sea en ellas donde rompemos con los roles y estéticas que nos han sido impuestas durante demasiado tiempo. No somos nicho, somos la mitad de la población y necesitamos existir en todas nuestras edades.

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Publicado el
9 de agosto de 2021 - 22:27 h

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