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Al coche eléctrico no le dejan ser proletario

Dos ejemplares del nuevo Tesla Model 3 | teslamotors.com

Tesla recibe más de un cuarto de millón de pedidos en tres días de su modelo de coche eléctrico de bajo coste. El Model 3 de Tesla: un coche eléctrico al alcance de todos los bolsillos. Así es el nuevo modelo de Tesla: el eléctrico de masas. Así anunciaba la prensa de todo el mundo el lanzamiento al mercado del último modelo de Tesla Motors, el cautivador fabricante de vehículos eléctricos de Silicon Valley. Y digo cautivador porque solo un hipnotizador tecnológico, un hechicero de garaje californiano es capaz de conseguir que la prensa internacional presente como “coche popular” un deportivo de 31.000 euros. Es acollonante.

Si los fabricantes de coches eléctricos quieren en verdad revolucionar el mercado deben poner en sus concesionarios de barrio un modelo que compita con el Corsa, el Ibiza, el Clio o el Ford Fiesta. Un eléctrico fiable, seguro, confortable, con suficiente autonomía, pero que ronde los 8.000 euros. Ahí sí. Entonces sí que estaríamos hablando de un “eléctrico de masas”.

Pero decir que la última virguería de Tesla es un coche para las masas, vamos, como si fuera el sustituto del Trabant 601 que motorizó a los alemanes del este, es una falta de respeto a todos los que anhelamos tener un coche eléctrico pero estamos esperando que se ponga al alcance de nuestros espoliados bolsillos.

Aquí lo que pasa es que ni la industria del automóvil ni sobre todo la industria del petróleo van a permitir jamás que el coche eléctrico sustituya a los modestos utilitarios que utilizamos la mayoría de los conductores.

El show mediático de Tesla coincide con un incremento en las ventas de coches eléctricos en España. El mes pasado se produjo un aumento del 154% respecto al mes anterior. Vale. Muy bien. Pero ¿de cuantas unidades estamos hablando? Pues de 559 unidades de un total de 111.512 matriculaciones. Es decir: el 0,05%. Y es que el 154% de una miseria sigue siendo una miseria.

Insisto. No necesitamos más malabaristas de la sostenibilidad. Lo que necesitamos es un fabricante de automóviles honesto, valiente y con verdadera vocación de ayudar al medio ambiente, que esté dispuesto a plantarle cara a las petroleras y ponga en el mercado un coche eléctrico barato. No a 31.000 euros como el M3 de Tesla. No por los más de 20.000 euros (alquiler de la batería aparte) que cuestan los magníficos Nissan Leaf o Renault Zoe (babeo cada vez que los veo circular).

Pongan un eléctrico a competir en precio con el Dacia Sandero (6.200 euros) y verán lo que ocurre. Venga, háganlo: atrévanse. ¿Qué pasa?, ¿que la tecnología tiene un precio? Déjense de excusas.

Creo que ya expliqué en este rincón del diario la historia en la se basó el famoso documental “Quién mató al coche eléctrico”. La triste historia del EV1 de General Motors.

En los años 90 el fabricante de Detroit, por aquel entonces líder mundial del sector del automóvil, decidió echarle un pulso a las petroleras y lanzó al mercado un modelo eléctrico con unas prestaciones muy superiores a las del resto de su gama. Con 140 cv de potencia el EV1, que fue como se llamó, tenía un diseño deportivo, resultaba cómodo y fiable, podía superar los 130 km/h y ofrecía una autonomía de carga de más de 200 kilómetros. Y todo a un precio muy competitivo. Resultado: se convirtió en un espectacular éxito de ventas.

Se vendían a miles. Como consecuencia en las principales ciudades de California empezaron a florecer centenares de postes de carga rápida en los aparcamientos de centros comerciales, estadios deportivos, cines y restaurantes. En poco más de media hora y por unos centavos de dólar podías recargar las baterías de tu EV1 hasta el 80% de su capacidad.

Ya lo tenían. El coche eléctrico estaba inventado. Era bueno, bonito, barato y además conducirlo resultaba de lo más “fashion”. Las perspectivas de General Motors con el EV1 eran muy superiores a las del resto de su gama. Pero de repente desapareció del mapa. La compañía llamó a revisión a los propietarios, les ofreció la recompra del vehículo por más de lo que habían pagado y se deshizo de todos ellos. Como si nunca hubiera existido.

¿Qué pasó con el coche eléctrico de General Motors? ¿Porque lo hicieron desaparecer de una manera tan rápida si estaba resultando un éxito de ventas? El documental demuestra que fueron los fuertes intereses de las petroleras quienes, presionando a la administración y a la propia compañía automovilística, arruinaron la salida al mercado de aquel desleal competidor.

Desde entonces las compañías petroleras permanecen alerta. Mientras el coche eléctrico siga ahí arriba, al alcance de unos pocos, no saltarán las alarmas. Mientras sean fabricantes como Tesla quienes anuncien un “eléctrico para todos” a 31.000 euros o BMW quien “sorprenda al mercado” con su fascinante i3 por 40.000, todo seguirá bajo control. Hasta que el coche eléctrico no se haga proletario seguirá en esa barrera del 0,05% de cuota de mercado. Y tranquilos, ahí no hace daño.

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Publicado el
8 de abril de 2016 - 20:07 h

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