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Conocer cuesta más que disculparse

Altar de muertos en Casa México, en octubre de 2025, en Madrid.
19 de marzo de 2026 22:03 h

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La escritora y filósofa Lea Ypi describe al final de su libro Indignidad un diálogo con su abuela Leman sobre cómo se marchó sola a Albania en 1936 y cómo acabó siendo víctima de la represión comunista. Pese a las advertencias de sus amigos británicos, el único que le ofreció una alternativa en un momento crucial fue un antiguo novio de su hermana llamado Gustav, alemán y nazi. 

En la reconstrucción novelada de la vida de Leman, su nieta le pregunta por ese momento, qué hubiera pasado si hubiera aceptado la oferta, y hasta qué punto fue un error su empeño en dejar Grecia y empezar con 18 años una nueva vida en Albania en tiempos turbulentos. “La culpa es barata. El punto no es culpar. Es entender”, contesta Leman. 

Entender es el objetivo también del libro de Ypi, sobre su abuela, la memoria y la historia europea tras el colapso de los imperios. Del deseo de “entender” hablamos hace unos días en Londres, en particular en las sociedades que buscan la reconciliación y el resarcimiento de las culpas después de un conflicto, sea una dictadura o una guerra. Ella está más interesada en saber cómo pasó que en quién puede ser identificado como culpable: por qué un espía en la Albania estalinista llega a ser espía más que quién es y cómo se le puede castigar.

Pienso en las reflexiones de Ypi al contemplar el debate, casi siempre superficial e histriónico, sobre la historia de México y el papel de lo que Felipe VI llamó eufemísticamente “abuso” y “controversias éticas” de los españoles hace cinco siglos. Entre sus palabras, tal vez pasó desapercibido otro comentario sobre el pasado: “Hay que conocerlo”, dijo. También añadió, “en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso”.

Los políticos en este caso, tanto españoles como mexicanos, suelen detenerse en los gestos bastante vacíos, como pedir “perdón” y si hay que pronunciar esa palabra u otra parecida y quién frente a quién. En cambio, parece importarles menos la parte de “conocer”. Eso requiere descubrir tal vez lazos incómodos con gobernantes e instituciones actuales, y en general más esfuerzo que decir unas palabritas que se las lleva el viento. 

Ya dar el paso que propone Lea Ypi de “entender” es una hazaña que parece ajena a nuestra esfera pública actual y que España tampoco ha conseguido en conflictos mucho más recientes. Pero al menos centrarse en el paso de “conocer” ya sería un gran avance. 

Enseñar la historia de manera crítica, con detalles y contexto, y hacer un mayor esfuerzo pedagógico no solo en los colegios, sino también en los museos y en la esfera pública en general es un proceso que otros países en Europa o en América tienen mucho más avanzado que España. Hay mucho que aprender de Alemania, Eslovenia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Brasil o Argentina. Esto requiere más curiosidad y más trabajo de políticos, de educadores y también de periodistas. 

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