La cuarta ola y el sujeto del feminismo

Mujeres manifestándose en la marcha del 25N en Cibeles

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Cuando hace un par de años la conciencia feminista se extendió y el movimiento feminista fue capaz de organizar movilizaciones masivas e incluso llevó a cabo una huelga multitudinaria, se empezó a teorizar sobre si este nuevo empuje constituía una cuarta ola. Sin embargo, parecía que para establecerse como tal necesitaba un eje vector y, en aquel momento, no estaba claro cuál podría ser. Se habló de que tal vez se iba a caracterizar por la ampliación del sujeto feminista y que la interseccionalidad sería la protagonista de este nuevo impulso. No tardó en asomar el debate que parece centrar esta nueva etapa: ya en el otoño de 2018 se empezó a discutir sobre el sujeto del feminismo, es decir, quién debía estar incluido en el movimiento. En vez de ampliar el sujeto feminista, el debate esta nueva ola se centraba en restringirlo a las personas trans. 

¿Por qué se produce esta disputa ahora? Este debate se cuela por vías globales, pero queda arropado con los incentivos que se daban en el estado. En otras palabras, el debate entre las Radfem y el transfeminismo no es nuevo, existe desde los años 70. De hecho, el concepto TERF (Trans Exclusionary Radical Feminist: "feminista trans excluyente") se empieza a usar en el 2008 y, en otros países, esta corriente ha tenido su preponderancia. Pero en España, hasta ahora, no se había abierto este melón. A partir de las jornadas que se celebraron en julio del año pasado, en el marco de la Escuela Rosario Acuña de Gijón, algunas de las ponentes como Amelia Valcarcel o Alicia Miyares empezaron a poner en cuestión la inclusión de las mujeres trans en el movimiento. El peso que va adquiriendo Podemos en las instituciones, el cual tiene una tradición más posmoderna que el PSOE, parece uno de los motivos de esta obertura del debate por parte de académicas. Además, la asunción del Ministerio de Igualdad por parte de Podemos y la elaboración de la ley de Garantía Integral de la libertad sexual han provocado que la secretaría de igualdad del PSOE haya comunicado hace un par de semanas un documento titulado "argumentos contra las teorías que niegan la realidad de las mujeres".

¿Cuáles son los puntos que se discuten? 

Sexo y género: El PSOE en este documento defiende que el sexo es un hecho biológico y el género, una construcción social. Es decir, que a partir del sexo al nacer se te asigna un género determinado y, por ello, se te aplican las discriminaciones aparejadas al mismo. Esto lo argumentan porque dicen que los estudios queer niegan el sexo y, por tanto, la desigualdad que tiene este hecho biológico.  

Sin embargo, los estudios queer no defienden que el sexo no sea biológico, sino que biológicamente el espectro es más amplio que el binomio hombre-mujer. Es decir, defienden esta postura en base a que existen personas intersexuales (cuando los genes no coinciden con los genitales externos (pene o vagina) o con los internos (tejido ovárico o testículos) o bien porque el sexo no solo se limita a los genitales, sino que también se define a partir de una amalgama entre genitales y biología, como las hormonas. Lo que sí que defienden los estudios queer es que no hay una esencia natural de hombre o mujer. Por tanto, diría que los estudios queer no niegan el sexo, sino que lo amplían más allá del binomio.

Autodeterminación de género: Otro de los elementos que las defensoras de este documento han criticado es la autodeterminación de género. Es decir, critican la flexibilización del cambio de identidad de género y defienden que la situación de transexualidad debe estar bien acreditada y tiene que ser estable para que no haya inseguridad jurídica. Por ejemplo, en las redes han reprochado que con la flexibilización alguien pueda cambiar de género solo para obtener beneficios de ser mujer: como aprovecharse de las políticas de paridad o no ser juzgada por violencia de género. Este argumento asume que el cambio de identidad de género es un capricho para obtener beneficios del sistema, cuando en realidad conlleva unos costes sociales y psicológicos elevados por enfrentarse a las normas de género establecidas. Además, este tipo de legislación -como las cuotas o la ley de violencia de género- se aplica para igualar a los dos géneros y no es una norma que beneficie a la mujer por encima del hombre, por ello me parece que el cambio de identidad es difícil que se produzca por estos motivos. 

Por último, y relacionado con el punto anterior, este documento señala los riesgos de incluir a las trans como mujeres en el movimiento feminista, ya que puede afectar negativamente a algunas políticas de género concretas. Consideran que las políticas de paridad (que exista un % de mujeres en las instituciones) o la recogida de datos diferenciando a los hombres y las mujeres para, posteriormente, implementar políticas con perspectiva de género no se podrían llevar a cabo. No veo que incluir a las mujeres trans sea un problema en este aspecto ya que son mujeres, y les aplica el mismo género. Sí que puedo considerar que, asumir una nueva categoría en la elaboración de políticas públicas como puede ser el género fluido - aquellos que no se identifiquen con ninguno de los dos géneros- puede constituir un reto para llevar a cabo políticas que se han basado en las categorías binomiales de hombre-mujer. Pero, actualmente ¿este es un problema real? Porque, tal vez, se tendrían que priorizar otro tipo de problemas como la discriminación que sufren las mujeres trans en el acceso al empleo, a la reproducción o la mayor violencia, pobreza y marginación que tienen. Todas estas exclusiones que sufren son resultado de poner en tela de juicio y retar las normas de género establecidas, por eso creo que es conveniente que el movimiento feminista también las incluya. 

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Publicado el
15 de julio de 2020 - 21:41 h

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