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El discurso de Feijóo en política exterior cabe en una galleta de la suerte

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a su salida de una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 26 de marzo de 2026, en Madrid (España). El Congreso celebra hoy un pleno extra para acoger el debate de convalidación del decr
12 de abril de 2026 22:33 h

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En 1988, un Tribunal de Revisión Histórica de San Francisco dictaminó que el origen de las galletas de la fortuna se encontraba en esa ciudad estadounidense. Aunque las asociamos automáticamente con China, lo cierto es que estas galletas, estadounidenses en su popularización y con raíces japonesas, comenzaron a servirse masivamente en restaurantes chinos estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. De ahí que se haya consolidado la idea errónea de que las frases aparentemente profundas y siempre inofensivas de las galletitas forman parte de la tradición china: Un corazón alegre es el mejor compañero de viaje. Confía en tu buen juicio y verás que este te lleva al triunfo. El mañana empieza hoy. Nada es imposible para un corazón dispuesto. Un suceso fortuito revelará tu destino. Cambia tus horizontes si quieres cambiar tu suerte.

Cuento todo esto porque siempre que escucho recientemente a Alberto Núñez Feijóo recuerdo esta historia. Los discursos de Feijóo en política exterior están siendo estos días un híbrido entre ChatGPT y las frases de las galletas de la suerte: expresiones vacías, deliberadamente ambiguas, de una aquiescencia impactante, sin referencias concretas ni responsables identificables. 

El mismo día en que Donald Trump amenazaba con destruir “una civilización entera” con un lenguaje de una crudeza bien explícita, y mientras Israel continuaba sus bombardeos sobre Líbano con decenas de víctimas diarias, el líder del PP se limitaba a pedir en X “sensatez, no brutalidad”, añadiendo que “Occidente no es esto”. Quien sabe si esta profunda invocación a la sensatez fue fundamental para que Donald Trump deshiciese sus pasos en su proyecto de aniquilación, quien sabe si semejante apelación genérica tendrá algún efecto sobre los acontecimientos venideros. 

Días después, en una nueva muestra de este deshabitado estilo discursivo, Feijóo expresó su “condena inequívoca a la deriva belicista que recorre el mundo” y apeló a que “la mesura restituya la barbarie”. Pareciese que el mundo hubiese entrado él solo en una deriva belicista por un movimiento espontáneo de las plazas tectónicas. La expresión arroja tal nivel de nadería que Feijóo podría estar hablando de las Guerras Médicas, las Púnicas, las Napoleónicas o incluso algún conflicto del Call of Duty. La deriva belicista hay que detenerla como sea. ¡Que paren la guerra tanto los que las hacen como los que la sufren! Por favor, mesura. 

Sin embargo, sí hay que reconocerle a Feijóo un cambio de rumbo estratégico en cuanto a la equiparación de los derechos humanos con el derecho internacional. Si bien al comienzo de la guerra instaba a derrocar al régimen iraní porque los derechos humanos están por encima del derecho internacional, el pasado viernes durante su intervención en el European Pulse Forum afirmó que “no hay derecho internacional sin derechos humanos”. Algo es algo.

Existe una necesidad casi ansiolítica de creer que el caos desatado por Trump responde a un arrebato puntual, pero lo cierto es que es parte de su estrategia política constante, y también lo cierto es que el caos y la flagrante violación del derecho internacional por parte de Israel lleva años instaurado con una aberrante normalización. Y no ha habido aún ni una sola expresión de condena medianamente contundente por parte del partido que aspira a gobernar España contra la barbarie acometida por Netanyahu.

Una vez más, el principal problema del Partido Popular está en esa lógica de oposición interna que condiciona toda su política, incluso su mirada internacional. La ceguera antisanchista no solo limita su capacidad en política exterior, incluso lo está empujando a frivolizar sobre cuestiones graves como la retención de un soldado español por parte del ejército israelí en el sur del Líbano.

Así que a falta de una línea discursiva clara en política exterior o de un portavoz de Exteriores en el partido, siempre le quedarán a Feijóo los vaporosos mensajes de postre. 

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