'Farmear aura' y el fin de lo humano
Lamento comunicar que el ciclo, en el fondo, es siempre el mismo: cuando algo pasa a los medios de comunicación mainstream, cuando se habla de ello en televisión, cuando ya es una broma, es que ya está llegando a su fin. Como la filosofía, lechuza que alza el vuelo a la noche, lo viral y lo memético son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir. Habrán oído en radios y en prensa hablar de eso que hacen ahora los jóvenes, farmear aura: es síntoma de que ya ha dejado de importar.
Es posible que aún nadie les haya explicado lo que farmear aura significa. En muchos videojuegos, farmear —viene de farm, granja, como quien se granjea una reputación, pero sobre todo como quien cosecha— es una tediosa y repetitiva tarea para ganar puntos de experiencia, objetos, coleccionables, lo que fuere. El aura es algo más difícil de definir; tiene que ver con el carisma, pero sobre todo con lo único, lo propio. Para Walter Benjamin, el aura es un fenómeno único de la distancia, ligado a las cosas y no a su reproducción, su existencia concreta en un tiempo y espacios determinados. Cuando se da una batalla de “farmear aura”, lo que sucede, en realidad, es la repetición de unos gestos concretos y viralizados, pero lo que importa es quién los hace y cómo los hace en un momento concretísimo.
No he dejado de pensar en la relevancia de que hablemos sobre la idea de farmear aura mientras se da un cambio de época y de mundo. Se replican por todas partes carteles con la misma estética hechos con las mismas aplicaciones, igualando la oferta aquí y al otro lado del mar, en cualquier parte del mundo, volviendo las cosas idénticas. Nuestras quejas parecen más universales, banales e impotentes. Al tiempo, hablamos de sus efectos, pero casi no hay conversación y, sobre todo, no hay debate político sobre sus consecuencias más importantes.
En las últimas semanas, modelos de prueba de distintas compañías de inteligencia artificial han transgredido las limitaciones que sus creadores les habían impuesto para acceder a internet —algo para lo que no tenían permiso— e infiltrarse en servidores y sistemas de otras empresas —lo cual tampoco les estaba permitido—; se sabe de varios casos que han trascendido, responsabilidad de OpenAI (ChatGPT), Anthropic (Claude) o Meta (Gemini), como el incidente de HuggingFace. Senadores en Estados Unidos piden una pausa en el desarrollo de la inteligencia artificial con el objetivo de proteger a la humanidad y asegurar su futuro. Suena a trama de ciencia ficción, pero es la realidad y es una propuesta de, por ejemplo, Bernie Sanders.
La inteligencia artificial parece ir en camino de ser perfectamente capaz de replicar casi todo salvo eso que llamamos aura. Lo bonito del farmeo de aura es que es algo absolutamente inútil y completamente tonto: no sirve de nada más allá de hacerse el chulo y, por eso, es radicalmente humano. Algunos de los profetas —otros dirían vendedores de crecepelo— de la IA dicen que la singularidad llegará en no mucho, cambiando radicalmente las condiciones en las que habitamos, produciendo abundancia o escasez, destruyendo trabajo o volviéndolo innecesario. Por la concentración actual de dinero, poder y recursos, encima de toda la información que han robado, no parece que la meta de la IA sea generar más igualdad en el mundo; quizá todo lo contrario. Hay a quien le parecen los últimos estertores de lo humano. No sé si queda ante eso respuesta más allá de tratar de conservar nuestro mundo y también el aura que nos queda.
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