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Gracias, Jordi Cuixart

Extracto de la carta de Jordi Cuixart

Neus Tomàs

Conocí a Jordi Cuixart cuando llevaba ya unos meses al frente de Òmnium Cultural. Quedamos para comer. Me explicó que su propósito era acercar esta asociación a sectores de la población hasta ese momento alejados de una entidad con más de medio siglo de historia y que nació en pleno franquismo para defender la cultura y lengua catalanas. Ahora tiene más de 100.000 socios.

En esa primera conversación, hace más de dos años, Cuixart me insistió en que el catalanismo no es una cuestión de estirpe y que no puede dividirse el país entre la Catalunya metropolitana y el ‘rerepaís’, la Catalunya interior. Un discurso que poco o nada tiene que ver con el supremacismo que impregna algunos de los mensajes que una parte del independentismo, en especial el que se esconde tras pseudónimos virtuales en la red, ha cultivado para desgracia de este movimiento.

El presidente de Òmnium lleva cinco meses encerrado en Soto del Real y su estancia en la cárcel no ha hecho más que reafirmarle en su tesis. Así me lo ha hecho saber en una carta en la que reitera la defensa de la “diversidad y pluralidad de la sociedad catalana”.

Si desvelo el contenido de una carta personal es porque entiendo que tiene también un interés informativo. Porque entre tanto titular de trinchera, de artículos de opinión preñados de bilis o mensajes nacidos de la intransigencia porque dan votos o clicks, se agradecen los discursos templados que abogan por una solución.

“En un momento en el que parece que los matices molestan a lado y lado, tejer complicidades y puentes de diálogo en el Estado es un reto colectivo de primera magnitud”, escribe el presidente de Òmnium.

Cuixart defiende lo mismo ahora dentro de la cárcel que antes de entrar en prisión. Sería también legítimo que hubiese cambiado el discurso como parte de su estrategia de defensa. Pero no es el caso. Doy fe. Rechazó formar parte de ninguna lista y no ha escrito ningún libro para justificarse.

“La empatía es uno de los principales instrumentos para preservar la democracia, que también significa libertad”, insiste Cuixart en esta carta.

Empatía imprescindible para no caer en la revancha, podría añadirse. Recuperar el Govern, acabar con el cainismo en el que se han instalado los partidos independentistas y tender los puentes que reclama Cuixart dentro y fuera de Catalunya se antoja imprescindible para recoser una sociedad que necesita mirar hacia adelante.

Este era y es el propósito de Òmnium y por eso son inaceptables los ataques que recibió Marcel Mauri, mano derecha de Cuixart, por defender el sábado por la noche en el primer time de TV-3 que hay que dialogar con las fuerzas no independentistas, empezando por los 'comuns' y el PSC. En una Catalunya partida electoralmente por la mitad, que alguien sea víctima de un linchamiento virtual por querer tender puentes es tan reprochable como preocupante. Hablar o al menos intentarlo con quien piensa distinto debería ser la premisa para buscar una solución.

Solo aquellos partidos que no fundamenten su estrategia en la venganza podrán favorecer la reconciliación. Y hay que empezar por los de casa, si me permiten la expresión coloquial.

Gracias, Jordi. Por tu carta, por tus puentes y por tus matices.

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