Instrucciones para odiar a Fernando Simón

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Estoy harto, estoy cabreado, estoy asustado, y necesito yo también un chivo expiatorio en el que volcar las emociones negativas del confinamiento. Así que he decidido apostar sobre seguro: me sumo a la corriente de odio que en las últimas semanas recorre la vida política y mediática: el odio a Fernando Simón.

Ojo, que hablo de "odio", no de críticas, reproches u objeciones. Así que no se me den por aludidos los críticos razonables de la labor del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Hablo de ODIAR, con todas las letras, y respetando la definición precisa del diccionario: "antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea".

No sé si te ha llegado la onda, pero los odiadores de Fernando Simón se multiplican en la política, los medios y las redes. Sí, a mí también me parecía sorprendente tanta inquina, hasta que me he unido a ellos. Si como yo, también tú quieres odiarlo aunque sea por un rato, te ofrezco un método rápido. Quizás piensas que es difícil odiar a Simón, pero con estos sencillos pasos lo conseguirás:

1.- No sigas las comparecencias de Fernando Simón. Desconecta desde ahora mismo, o no conseguirás odiarlo. El tipo lleva dos meses dando la cara a diario, explicando con paciencia, sencillez y pedagogía asuntos complejos y controvertidos a una audiencia en shock, dando la cara por el equipo al que pertenece, asumiendo errores propios y ajenos, y respondiendo preguntas de la prensa. Si lo ves a diario, caerás en su hechizo, te parecerá un tipo agradable, cercano, incluso simpático. ¡Aléjate de él! Puedes acabar pensando que, aun con todas sus equivocaciones, está haciendo un buen trabajo en un momento tan difícil. Así que deja de verlo. Sustituye las largas comparecencias por cortes de vídeo sacados de contexto: ¡Fernando Simón riéndose de los muertos! ¡Fernando Simón asegurándonos que esto sería una gripecilla! ¡Fernando Simón diciendo una cosa y la contraria! ¡Fernando Simón tosiendo sin taparse con el codo! Cuando hayas completado los siguientes puntos, podrás volver a ver sus comparecencias, que entonces te servirán para consolidar y acrecentar tu desprecio.

2.- Olvida quién es Fernando Simón y de dónde viene. Olvida su currículum, sus servicios prestados, su prestigio. Olvida los años que lleva en el cargo, y los gobiernos para los que ha trabajado. Olvida quién le nombró. Piensa mejor que es un incapaz, un inepto, una catástrofe con patas. Si no lo consigues, no pasa nada: reconoce que es un tipo preparado, pero servil. Un títere al servicio del gobierno. Las dos opciones valen. Win-win.

3.- Aplícale un buen sesgo retrospectivo: todos sabían lo que iba a pasar, menos él. Más aún: todos sabíamos lo que iba a pasar, menos él. Todos los expertos vieron venir la pandemia, menos Fernando Simón, que infravaloró las señales. Todos los epidemiólogos alertaron de millones de contagiados y miles de muertos, pero Fernando Simón no los escuchó. Todos los organismos internacionales pidieron que los países se preparasen para la mayor crisis planetaria en un siglo, pero Fernando Simón dijo que tranquis. Todo el mundo sabía que sería una masacre ir a las manis del 8 de marzo, pero Fernando Simón nos animó a ir.

4.- No mires lo que sucede en otros países, cómo otros gobiernos gestionan la crisis. Ni caso a los que dicen que todos han llegado tarde, incluso más tarde que España, y que la diferencia de impacto no está en la falta de previsión sino en otras causas estructurales o políticas previas (la inversión en sanidad e investigación, por ejemplo). No atiendas a quienes reconocen el esfuerzo de España (de su ciudadanía confinada sobre todo) para controlar el estallido y revertirlo poco a poco (muy poco a poco, sí). Y deja de mirar las cifras de muertos por países, no sea que otros nos acaben adelantando y nos chafen el odio.

5.- No disculpes ni un error, ni de Simón, ni del resto del equipo de crisis, ni por supuesto del gobierno. No concedas nunca el beneficio de la duda. Castiga por igual los titubeos iniciales para tomar medidas o la gravísima desprotección de los trabajadores sanitarios, que un malentendido en una rueda de prensa, o una medida torpe y en seguida rectificada (¡los niños en el súper!). No aceptes en ningún momento que puedan ser humanos falibles, sometidos a enorme presión, desbordados por la peor crisis en décadas, agotados, tomando decisiones en tiempo real y sin precedentes ni experiencias a seguir. ¡Leña al mono!

6.- No te fijes en quiénes son sus odiadores. Insisto: no sus críticos, hablo de sus odiadores. Quiénes son los políticos y periodistas que en los últimos días han dicho todo esto de Fernando Simón: irresponsable. Supuesto experto. Epidemiólogo celebrity. Inepto. Negligente. Mentiroso. Adoctrinador de niños. Al servicio del socialcomunismo. Servil. Marioneta. Muñeco de ventrílocuo. Siniestro. Sinvergüenza. Indecente. Doctor Muerte. Psicópata. Imbécil. Payaso. Monigote ridículo. Mamarracho. No quieras saber quiénes han pronunciado todos esos calificativos que he recogido de intervenciones, columnas, tertulias o tuits, no sea que no te guste estar en el mismo equipo con ellos.

Si has seguido estos seis sencillos pasos, enhorabuena: ya puedes odiar a Fernando Simón. Si aun así se te resiste y todavía te entran ganas de darle las gracias y un abrazo (¡distancia social, recuerda!), lo sentimos. Tendrás que conformarte con criticarlo, a él y a su equipo y al gobierno para el que trabaja, seguir señalando sus errores pasados y los que vendrán, y esperar pacientemente a cuando pase la urgencia y estemos en condiciones de exigir responsabilidades, y también ceses, incluido el del propio Fernando Simón. Si es que no dimite él antes, que bastante está aguantando.

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Publicado el
21 de abril de 2020 - 22:45 h

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