Un café, unas risas y un gobierno con Abascal
Estuvo el líder ultraderechista Santiago Abascal en un programa informativo de la cadena de televisión más vista de España, y las pasó canutas: la presentadora le puso contra las cuerdas, sin dejarle escapatoria, preguntándole y repreguntándole sobre sus planteamientos de extrema derecha, su posición en temas sensibles, sus muchos negacionismos, su vínculo con líderes ultras mundiales o las cuentas de su partido, entre otros asuntos que, en un ejercicio impecable de periodismo, mostraron a Abascal como lo que es: un peligro para la democracia.
No, no pasó nada de eso. Abascal estuvo invitado en un programa de la cadena más vista, sí, pero se pareció más bien a eso que llaman “entrevista-masaje”. Sobre un rótulo que decía “Un café con Santiago Abascal” (que ya da el tono relajado), al líder ultraderechista le faltó quitarse los zapatos. Lo más comprometedor que le preguntó la periodista fue sobre Ortega Smith. El resto, temas fáciles, actualidad política, las negociaciones con el PP, y dándole tiempo para que se explicase a sus anchas.
Para rematar, le propusieron “un juego” basado en la polémica artificial de los “therians”: le invitaron a comparar políticos con animales, a partir de fotos en una pizarra escolar. Abascal fue emparejando: Ayuso es un gato, Pedro Sánchez una hiena, Feijóo un Camaleón…, y él mismo se equiparó a un caballo, “noble y que no se deja domar”. Todo entre risas, un “divertido momento” que la presentadora despidió con simpatía: “Señor Abascal, gracias por jugar”.
Ya sé lo que pensaréis: ¿de qué te escandalizas, Isaac? Si lleva siendo así desde hace siete años, desde que Vox entró por primera vez en el parlamento andaluz y se le abrieron todos los platós televisivos, en algunos casos con alfombra roja. Llamadme ingenuo, pero me sigue pasmando la normalización mediática y política de la ultraderecha en España, que haya sido tan fácil y tan rápida. Mientras en otros países europeos la ultraderecha necesitó décadas para ser aceptada y tratada como un partido político más, en España fueron facilidades desde el primer minuto. Pase por aquí, señor Abascal, ¿un cafecito? ¿Jugamos un rato?
Normalización mediática, y normalización política. Escuchar a Tellado decir que a PP y Vox “son muchas más las cosas que nos unen de las que podrían separarnos”, y a Feijóo rogando el apoyo de la ultraderecha para sus gobiernos autonómicos y para un futuro gobierno estatal, no ha sido el resultado, como en el resto de Europa, de décadas de cordón sanitario y distancia: desde el primer momento la derecha “moderada” aceptó a la ultraderecha como un partido más y un posible socio, le ha ido comprando toda su agenda, y ahora mendiga su apoyo para gobernar. Lo último, el “decálogo” de principios del PP, al que ha quitado importancia en cuanto Abascal se ha quejado por tratarlo “como un salvaje”.
Llamadme ingenuo, pero me sigue escandalizando que los grandes medios y el primer partido de España se lo hayan puesto tan, pero tan fácil a la extrema derecha. Si seré ingenuo, que todavía pienso que algún día esos mismos medios y ese mismo partido se darán cuenta de su error y, arrepentidos, pedirán perdón por haberle puesto alfombra roja a los enemigos de la democracia.
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