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De putas y jueces

Algunos de los integrantes de 'la manada', durante un juicio en 2019 por otra agresión sexual, en Pozoblanco, Córdoba.

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La madrugada del 7 de julio de 2016, una mujer de 18 años fue violada en un portal de Pamplona por un grupo de cinco hombres. Aquí comenzó una historia de víctima y verdugos que parece no acabar nunca. En 2018, la Audiencia de Navarra ratificó la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, que impuso la pena más alta para un delito de abusos sexuales continuados –nueve años–. El problema era que, para los jueces, fue abuso y no agresión porque no quedó probada la violencia o la intimidación capaces de doblegar la voluntad de la víctima. La víctima no se había resistido suficiente para ser considerada violada, no había habido ni violencia ni intimidación. 

Es y ha sido la historia de siempre, el famoso “si te comportas como una puta mereces ser violada” y la gota que colmó el vaso de los abusos y violaciones no denunciados y no castigados. Durante el juicio se escuchó lo de “seguro que lo pasó bomba, disfrutó, necesitaba unos buenos polvos”. Y se pagó a dos detectives para demostrar que aquella chiquilla no era una santa ni se encerraba en casa vestida de luto. Fue lo de siempre de te lo has buscado y ellos, al fin y al cabo, son hombres. A ti esto te ha pasado por puta.

Aquella sentencia prendió la llama del movimiento feminista que pidió, en las calles y de una vez por todas, que nadie, tampoco un juez, pudiera decidir cuánto ha de resistirse una víctima de agresión sexual para serlo. La sociedad y los partidos políticos tomaron nota y el ministro de Justicia en aquel momento, Rafael Català (PP), decidió encargar a un grupo de expertos la revisión del Código Penal. Aquel grupo estuvo integrado, en un principio, por 20 hombres. No hay que decir nada para decirlo todo. Ante el estupor general, al final 15 mujeres y 13 hombres revisaron el Código Penal para llegar a las mismas conclusiones a las que llegó después el maléfico ministerio de Igualdad y el gobierno de coalición con su Ley del Sí es Sí: había que unificar tipos penales y revisar el concepto de consentimiento.

Como nunca hay paz para las buenas intenciones, el agujero que dejó la ley del Sí es Sí en su aplicación transitoria abrió la posibilidad de revisión de penas a los agresores sexuales que ya estaban condenados. Sospecho que el in dubio pro reo no se ha aplicado nunca con tanto entusiasmo. Hay que tener en cuenta que el mismo Tribunal Superior de Justicia de Navarra que no vio violación a meter a una chica en un portal ente cinco y usarla sexualmente consideró que procedía rebajar la pena.

La revisión de la condena a uno de los integrantes de 'la manada' parece contraria a la doctrina del Tribunal Supremo y cuenta con el voto discrepante de tercera magistrada, Esther Erice. A la espera de lo que diga el Supremo, la realidad es que no hay marcha atrás. Nunca hemos ganado tantas batallas. Que ya no hace falta decirlo una vez más. Sólo sí significa sí.

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