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Cuidado con el dark side del teletrabajo

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A estas alturas, nadie puede negar que el teletrabajo ha venido para quedarse en muchos sectores laborales. Por fin. O pese a todo. Cada cual decide donde se posiciona: en sus virtudes como poder trabajar desde casa, planificar su propio horario, poder trasladarse a cualquier parte del mundo, el ahorro de los desplazamientos; o en sus inconvenientes como poder trabajar desde casa, planificar su propio horario, poder trasladarse a cualquier parte del mundo, el ahorro de los desplazamientos. En ambos casos, el lector me estará entendiendo. Pero algo de lo que aún no se habla tanto es sobre los efectos de la implementación masiva de todas esas tecnologías, apps y plataformas; ese dark side tras la interfaz minimalista y moderna, la promesa por optimizar el rendimiento o la automatización de ciertas tareas. ¿Qué hay detrás y qué pasa con todas las herramientas online con las que cotidianamente teletrabajamos?

Muy recientemente, están apareciendo estudios y análisis que nos ofrecen algunas pistas. Por ejemplo, hace poco la socióloga Shoshana Zuboff nos alertaba de cómo las plataformas digitales y sus algoritmos no solo recopilan nuestros datos, sino que ya pueden predecir nuestro comportamiento e influir en él. En el mismo sentido, el filósofo Byung-Chul Han advierte que estos dispositivos nos están convirtiendo en seres continuamente expuestos, pero no como el clásico Gran Hermano que nos espía desde la sombra, sino activamente desde nuestra propia voluntad por compartir continuamente todo lo que hacemos, producimos, dónde estamos, qué nos gusta con cada like, etcétera. No es difícil trasladar esta lógica del terreno del ocio al del trabajo.

Por tanto, si algo nos deja claro todo esto a los teletrabajadores pandémicos (aquellos que súbitamente empezamos a teletrabajar en marzo de 2020) es que el trabajo que hacemos se ha transformado radicalmente, y eso merece el esfuerzo de analizar sus consecuencias más allá de la productividad o las ganancias. Hace no mucho, La Unión Europea estableció el Reglamento General de Protección de Datos, pero gran parte de los mecanismos que usan las apps y plataformas escapa de él: la tecnología siempre va un (o varios) paso por delante. Los fondos NextGenerationEU (conocidos como fondos COVID) prometen llevar a cabo una transición digital en muchos sectores económicos, siempre bajo la premisa de la competitividad y la necesidad de una urgente actualización y mejora laboral. Pese a que esto es innegable, estos mismos fondos son una excelente oportunidad de abrir el camino para la discusión ciudadana, los análisis académicos y el debate político sobre el alcance que las plataformas digitales tendrán en nuestro trabajo y en nuestras vidas.

En caso contrario, la llegada masiva del teletrabajo que recién empezamos a atisbar y que es llamada a ser una nueva revolución industrial o laboral, se limitará a la implementación de nuevos mecanismos de vigilancia, de presión y accountability que solo profundizará el dark side que todas y todos conocemos: problemas psicológicos relacionados con el burnout y la depresión, desigualdad en el acceso a los puestos de trabajo, precariedad laboral o un empobrecimiento del sentido y la identidad laboral de cada trabajador y trabajadora.

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Publicado el
11 de junio de 2021 - 16:26 h

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