La deriva emocional en política
Esto no es nuevo. La deriva emocional es la respuesta irracional y evasiva que proponemos en nuestro discurso para evitar que surjan elementos de apreciación objetiva, que amenazan con destruir el conglomerado de ilusiones que nos hacen flotar por encima de la realidad.
La emoción en sí misma es uno de los componentes principales de la vida humana. Como tal, es necesario. Sin embargo, incluso un breve análisis de la emoción o simplemente nuestra experiencia personal muestra que tiene un fuerte poder irracional. Esto es muy peligroso, sobre todo en el contexto de nuestra sociedad actual, porque este componente contribuye a aislarnos de lo que realmente nos rodea haciendo que nuestras acciones se vean guiadas por nuestras emociones exclusivamente.
Esto viene a cuento a causa de las reacciones generadas en buena parte del electorado de izquierdas por el resultado de las últimas elecciones en Madrid.
Resulta muy difícil encontrar reacciones que no estén parasitadas por esta deriva emocional. Pocas son las voces que plantean una mirada crítica sobre lo acontecido. Es mucho más confortable refugiarse en lo puramente emocional para, de esa manera, tratar de encontrar una explicación que no contravenga a nuestro sentido de lo moral. La deriva emocional camina de la mano de la auto compasión generando una visión completamente distorsionada y acrítica de lo sucedido durante el proceso electoral en la capital madrileña. Para esta franja de la población es mucho más fácil y confortable dar una respuesta emocional al fallido intento, por parte de la izquierda madrileña, que el plantearse de manera objetiva cuales han sido las causas finales de esta derrota en clave electoral. Es mucho más satisfactorio el sacar a relucir el “ buenismo ” de unos y afrontarlos al “ malismo ” de los demás, porque de esta manera nos pone a salvo dándonos una especie de pasaporte moral que nos sitúa por encima de los demás.
Durante toda la campaña electoral se ha tratado de ridiculizar hasta extremos insospechados la figura de Isabel Ayuso.
Pocas son las críticas que ponen de relieve la verdadera personalidad y su poder de persuasión de cara a la población a la que solicita su voto. Todas las críticas a Ayuso, todas sin excepción, han llevado el marchamo de la burla, del desprecio, de la incapacidad, de su increíble facilidad para los traspiés verbales durante sus apariciones públicas. Todas estas imágenes de Ayuso tienen un factor común: la emocionalidad.
¿ Como es posible que esta mujer salga elegida? Todas y cada una de las comparaciones llevadas a cabo entre la supuesta incapacidad de esta mujer, al lado de alguien como Pablo Iglesias, tienen el denominador común de lo emocional. Resulta insultante para la inteligencia que este personaje, digno de una corte de los milagros, pueda competir con candidatos que tienen un bagaje cultural netamente superior.
No nos hemos dado cuenta de que al oponer emociones en vez de objetividad, críticas y lucidez analítica, despertamos en el enemigo las mismas características emocionales haciendo de un debate político, que debería basarse únicamente en la denuncia del conglomerado político-económico que sirve de base a Isabel Ayuso, un enfrentamiento emocional en donde se mezclaban las balas enviadas, la auto compasión por como de mal lo estaba pasando Pablo Iglesias y la injusticia que representa que se metan tanto con él, víctima del odio de la derecha y un largo etcétera.
Esta visión victimista es un error garrafal. El objetivo final de esta encarnizada campaña mediática no es Pablo Iglesias! El enemigo no es él, sino lo que él representa. No reconocer esto es, de nuevo, emponzoñar el debate y rebajarlo a la deriva emocional. Hacer mártires, auto compadecerse es la mejor manera de asegurar la derrota. Oponer la emoción de tener un candidato honesto, capaz, culto y encima perseguido, calumniado, insultado, etc. a la candidatura de una incapaz, inculta, risible ha permitido que lo más bajo y pasional de los debates políticos salga triunfante.
Ha ganado la emoción a la objetividad. Ha triunfado lo pasional a lo real, porque no se ha sabido llevar el debate fuera del campo de lo emocional. Lo vemos ahora, el terreno político está lleno de lloros y lamentaciones por el hecho de que nuestro candidato emocional nos haga parte de su deseo de marcharse. Simbólicamente, mucha gente se siente “ huérfana ” por la marcha del líder descabalgado. Muy poca gente se pregunta cual es el sentido de esta marcha producida por un supuesto fracaso. Sin embargo, un análisis menos emocional y más lúcido trataría de reintroducir al debate un elemento de realidad que transciende las personas: no se ataca a Iglesias, se ataca a lo que, a ojos de los poderes que aúpan a Ayuso, representa el enemigo de clase. Esta es la visión y dimensión verdadera del problema. Iglesias no representa otra cosa que un símbolo contra el que carga el sistema capitalista. Todo lo demás es equivocarse de debate y de lucha. Rearmar la izquierda, diversificar su poder de actuación, escapar de los cultos personales y establecer una estrategia en base a postulados ideológicos objetivos de lucha de clases es lo que procede. Aunque el camino sea largo, de nada vale dejarse arrastrar por las emociones que tal o tal líder genera en nosotros. Todo aquel que se enfrenta al poder capitalista y a su infinita maquinaria destructiva, sabe a lo que se expone. Es por ello, que el verdadero líder debe de ser un movimiento construido desde la diversidad, el respeto y la coherencia en la lucha contra un enemigo que, ni es estúpido, ni es inculto, ni hay que subestimarlo.
A ver si esta “ derrota ” sirve para darnos la posibilidad de desterrar de nuestro discurso y acciones todos los elementos de irracionalidad que nos procuran exclusivamente nuestras emociones.
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