Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

En este blog publicamos los artículos y cartas más interesantes y relevantes que nos envíen nuestros socios. Si eres socio/a puedes enviar tu opinión desde aquí. Consulta nuestras normas y recomendaciones para participar.

Órdago

0

Dos hombres se enfrentan en un duelo a muerte con el humilde armamento de dos gruesos garrotes de madera. El dinamismo y la brutalidad son absolutos, sus piernas hundidas en la tierra convierten la huida en una fantasía imposible. Así ha de ser, están condenados a golpearse hasta que uno de los dos muera.

Irene contempla la escena en el cuadro que decora el salón del definitivo encuentro. A su frente, su pareja improvisada, Gabriel, con su cara redonda y su barba cincelada, sostiene una expresión seria y penetrante.

A su lado, Mónica esboza la sonrisa nerviosa de quien se sabe en el momento definitivo, por eso se apoya en su compañero Emilio, más sereno, y rápido de reflejos. Sobre él descansa la esperanza de leer los faroles del “pillo” Rufián.

Mónica reparte las cartas, cuatro para cada uno.

Gabriel, de mano, dice “mus” de inmediato buscando agilizar el juego para llegar el terreno de los envites.

— No hay mus, replica Emilio que tiene buenas cartas y ninguna intención de tregua.

— Vamos a la grande.

El juego comienza a encallarse en la primera ronda. Mónica mira a sus rivales con el aplomo de quien maneja las listas de espera de la sanidad pública (y ni siquiera siente vergüenza).

— Envido dos — dice Mónica.

Gabriel y Emilio pasan. Irene apostilla…

— Nosotras no nos achicamos ante las tibias, ¡Queremos cuatro!

Ante el envite, Emilio sale de su silencio y replica:

— Se quieren las cuatro, Irene. Y si quieres más ponlas sobre la mesa, pero me da la impresión de que vuestra grande es más relato que realidad.

Gabriel Rufián interviene entonces, cortando el diálogo con su pausada y lapidaria cadencia:

— Órdago. Al todo o nada. De casa se viene llorado Emilio.

La mesa enmudece. El órdago de Rufián en la primera mano es el equivalente a sus agudas preguntas en las sesiones de control.

Mónica mira a Emilio, buscando, sin encontrar, algo de complicidad detrás de los hirientes rescoldos que todavía abrasan entre ambos.

Rufián mantiene la mirada fija al frente, evitando los ojos de Irene entregada, al fin, a la contemplación del “duelo a garrotazos” que ha secuestrado sus pensamientos. Esto debe ser eso que llaman una epifanía. Por eso está llorando.

— Quiero—, dice Emilio…

Al final no hubo ganadores. Solo se pudo identificar un claro perdedor, el pueblo, que como siempre, acabaría pagando un alto precio, plagado de sacrificios, pérdida de derechos y lo peor de todo, huérfano de toda esperanza.

Sobre este blog

En este blog publicamos los artículos y cartas más interesantes y relevantes que nos envíen nuestros socios. Si eres socio/a puedes enviar tu opinión desde aquí. Consulta nuestras normas y recomendaciones para participar.

stats