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La penúltima jugada de Putin

Marcelo Noboa | socio de elDiario.es

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A estas alturas de la invasión de Putin a Ucrania pocas cosas se nos escapan, salvo dos: ¿Cuándo terminará? y ¿Cuál será el resultado de las investigaciones sobre violación de los Derechos Humanos y crímenes de lesa humanidad? Porque su penúltima jugada, la tenía prevista independientemente de que la guerra durara lo que durara.

Putin decidió el ataque a Ucrania, el 24 de febrero (hace 7 meses) convencido de que sería una especie de “marcha triunfal” en cuestión de 2/3 semanas. El ejército ucraniano se rendiría y colocaría un gobierno títere al estilo de Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia. Ni en sus peores pesadillas contaba con una resistencia como la demostrada por Ucrania en estos meses hasta salir huyendo con el “rabo entre las piernas” de algunas zonas, bajo el pretexto de que iba a concentrar las tropas en el Donbás.

Desde entonces, la retórica de una amenaza nuclear no ha cesado, “Y esto que anuncio no es un farol”, lo ha repetido en todas y cada una de las ruedas de prensa en estos días, con una vuelta de tuerca más dentro de su estrategia de huida hacia adelante: la convocatoria de pseudo-referéndums de anexión de los territorios ucranianos pro-rusos en las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk (RPD) y Luhansk (RPL), violando todos los acuerdos internacionales en vigor, especialmente aquellos que impiden la celebración de los mismos durante un conflicto bélico y la necesaria presencia de observadores internacionales.

Es su penúltima “carta marcada” porque, previamente ya había advertido que cualquier ataque a sus sagrados territorios sería considerado una declaración de guerra en toda regla. Ya tiene preparado el decreto de anexión de los territorios ucranianos una vez finalizados los pseudo-referéndums y que serán territorios rusos desde el minuto cero de su proclamación.

¿Cómo reaccionara la UE? ¿Cómo reaccionará EE.UU y el resto del mundo democrático?...China no moverá un dedo (como lo ha hecho durante toda la invasión) y seguramente le ha dado el plácet para su penúltima jugada.

Hace unas semanas en una encuesta hecha sobre el terreno en Rusia, se preguntaba a sus ciudadanos si estaban de acuerdo con la “operación especial” en Ucrania. El 75 % contestaba, “Si, siempre que a ellos no les afecte”. Unas semanas después, cuando Putin ordena el reclutamiento forzoso, salen despavoridos, huyendo de Rusia (los que pueden), otros manifestándose en contra, en calles y ciudades, con la represión habitual del sátrapa (manifestaciones que brillaron por su ausencia mientras Putin bombardeaba a la población ucraniana)…y alguno quemándose a lo bonzo.

“Que Dios nos coja confesados”.

A estas alturas de la invasión de Putin a Ucrania pocas cosas se nos escapan, salvo dos: ¿Cuándo terminará? y ¿Cuál será el resultado de las investigaciones sobre violación de los Derechos Humanos y crímenes de lesa humanidad? Porque su penúltima jugada, la tenía prevista independientemente de que la guerra durara lo que durara.

Putin decidió el ataque a Ucrania, el 24 de febrero (hace 7 meses) convencido de que sería una especie de “marcha triunfal” en cuestión de 2/3 semanas. El ejército ucraniano se rendiría y colocaría un gobierno títere al estilo de Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia. Ni en sus peores pesadillas contaba con una resistencia como la demostrada por Ucrania en estos meses hasta salir huyendo con el “rabo entre las piernas” de algunas zonas, bajo el pretexto de que iba a concentrar las tropas en el Donbás.