El catastrofismo económico de las derechas y su influencia sobre el CIS

Pablo Casado, en el Congreso de los Diputados.

Iñigo Aduriz


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El líder del Partido Popular, Pablo Casado, asegura desde hace meses que España está “en quiebra”. El presidente de Vox, Santiago Abascal, afirma que el país vive una “ruina”. Y la máxima responsable de Ciudadanos, Inés Arrimadas, sostiene que “en cualquier lugar de Europa” el Gobierno “habría caído” con una gestión económica como la que está realizando el Ejecutivo progresista que preside Pedro Sánchez.

El Gobierno logra un acuerdo histórico en la reforma laboral para reducir el trabajo temporal en España

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Ese es el diagnóstico de las derechas sobre España, el primer país de la UE en recibir la partida inicial de 10.000 millones de euros de Next Generation, los fondos comunitarios para hacer frente a la pandemia. Las acusaciones de las derechas no han cesado ni siquiera después de que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, hubiese felicitado al Gobierno español por el cumplimiento de las reformas que reclamó Bruselas para acceder a las ayudas.

Esos mensajes apocalípticos que las derechas de PP, Vox y Ciudadanos llevan defendiendo desde hace meses, sin basarse en cifras concretas que los avalen y con el único objetivo de desgastar al Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, están encontrando un cierto calado entre la sociedad, según se viene reflejando desde hace meses en los sucesivos barómetros que ha hecho públicos el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).



La realidad que conjuga una percepción negativa de la economía del país influenciada por los discursos catastrofistas de las derechas y la evidencia de los datos, que no avalan esas tesis, se ha visto representada en dos preguntas que el CIS suele incluir cada mes en sus barómetros que, además de la tradicional estimación de voto y de valoración de los políticos, incorpora otras cuestiones socioeconómicas, como las principales preocupaciones de la ciudadanía o su visión acerca de la gestión de la pandemia, entre otros asuntos.

Cuando a los ciudadanos se les pregunta sobre la evolución económica del país, una horquilla de encuestados que se sitúa entre el 65% y el 95% ha considerado en los estudios de los últimos doce meses que la situación es mala o muy mala, si bien la percepción ha ido mejorando a lo largo de 2021, a medida que las cifras macroeconómicas y la creación de empleo iban también evolucionando de forma positiva.

Lo que llama la atención es que cuando el encuestador se interesa por la salud de la economía personal del encuestado los resultados son muy diferentes. Entre enero y diciembre, el porcentaje de españoles que en los barómetros del CIS consideró que su situación económica era buena o muy buena se movió en torno al 75% y el 80% del total, frente al entorno al 20% o 25% que consideró que era mala o muy mala.

Los estudios que elabora el instituto que dirige José Félix Tezanos evidencian, en definitiva, que aunque los ciudadanos sí están notando la recuperación en sus propias finanzas y son muy optimistas sobre su futuro, consideran al mismo tiempo que la situación económica del país sigue siendo mala, justo en línea con lo que defienden Casado, Abascal y Arrimadas en sus recientes discursos catastrofistas.

Casado y la cesta de la compra

En la última sesión de control al Gobierno del año, el líder del PP aseguró que “hay un millón de familias que no pueden pagar ya ni siquiera la cesta de la compra, que están haciendo colas del hambre”. “Todos los españoles tienen una cuesta de enero por delante que no les deja ni hacer la cesta de la compra para Navidad. No saben ni siquiera si van a poder pagar la luz. Hay gente que está pasando frío. Tenemos el déficit disparado, la deuda disparada, el paro disparado. Están ustedes a la cabeza de todos los indicadores negativos a nivel internacional”, le espetó a Sánchez.

Una semana antes, el propio Casado le dijo al presidente del Gobierno que, “con su despilfarro”, les “quita la educación y les quita hasta el futuro de las pensiones” a los niños. En esa misma sesión, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, sostuvo que “España es el país que en este momento está afrontando peor la recuperación”.

Y la secretaria general de Vox en el Congreso, Macarena Olona, afirmó que el Gobierno “está consiguiendo que cada vez haya más ciudadanos en España que tengan menos que perder”. “Y cuando a uno le arrebatan el pan, la esperanza y la protesta, lo último que se pierde es el miedo. Cuando los obreros pierdan el miedo, recuperarán la esperanza”, advirtió.



Ese pesimismo se ha extendido entre la población pese a que las estadísticas reales las desmienten, evidenciando una importante recuperación tras la pandemia, tanto en las cifras del avance de la economía como en la creación de empleo. Tras el hundimiento por la emergencia sanitaria, España vuelve a crecer, a pesar de hacerlo a un ritmo más lento de lo que se pronosticó inicialmente por los distintos organismos internacionales.

En la penúltima semana del año, el Instituto Nacional de Estadística (INE) corrigió al alza sus previsiones de crecimiento para el tercer trimestre, incrementándolas en seis décimas y pasando del 2% inicial al 2,6%. Las últimas cifras del paro, correspondientes a noviembre –un mes tradicionalmente malo para el empleo–, dejaron una reducción del desempleo histórica para ese mes de 74.381 personas, lo que supuso que la cifra total de parados cayó por primera vez por debajo de los niveles previos a la pandemia.



El total se situó en 3.182.687 personas paradas, la cifra más baja en un mes de noviembre desde 2008. La creación de empleo continuó con más fuerza y dejó 61.768 trabajadores afiliados más de media, también el dato más elevado de la serie histórica. Además, se registraron cifras récord en el número de afiliados a la Seguridad Social, llegando a los 20 millones de personas empleadas, una cifra que no se recordaba desde la época de la burbuja previa al estallido de la crisis financiera.

Además de la recuperación del empleo, otra cifra relevante es la de la recaudación fiscal, que también está en máximos históricos. Nunca antes el Estado había ingresado tanto: es más que nunca y también más de lo que había calculado el Gobierno.



En lo que llevamos de año –datos de enero a octubre– la recaudación fiscal ha crecido un 16,3% frente al periodo equivalente de 2020. Es un aumento que no se explica porque hayan subido los impuestos –al contrario, alguno, como el de la electricidad, en estos meses ha bajado–. Tiene que ver con la recuperación.

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