CRÓNICA

Cuando la derecha mediática saca los cuchillos, llama a urgencias

Jiménez Losantos en la presentación de uno de sus libros en 2015.

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En 'Alien Resurrección' unos científicos locos crían las célebres criaturas en una nave espacial con vistas a utilizarlas como armas biológicas. No cuentan con la inteligencia de los bichos que idean una forma imbatible de escapar de la zona donde están recluidos. Dos de ellos se abalanzan sobre un tercero para hacerlo pedazos y que su sangre, tan corrosiva como el peor ácido, termine abriendo un agujero por el que huir. 

En la última semana, el olor de la sangre ha vuelto loca a una parte de la derecha mediática, precisamente cuando tendrían que haber unido esfuerzos para promover la manifestación de este sábado de grupos conservadores contra el Gobierno de Sánchez. Han acabado devorándose entre ellos.

La costumbre de disparar a todo lo que se mueve entró en combustión con la polémica provocada por Vox en Castilla y León con la intención de presionar a las mujeres para que no ejerzan el derecho al aborto. Al PP no le interesa nada ese asunto, como quedó patente cuando Rajoy vetó el intento de Ruiz Gallardón de restringir al máximo los abortos. No hay una postura única en el partido. La incompetencia de Mañueco, que tardó cuatro días en desmentir los planes de Vox, fue un regalo para el Gobierno que este supo aprovechar.

Dos de las principales figuras mediáticas de la derecha reaccionaron con perplejidad ante la estrategia de un partido al que respetan siempre que acepte que su papel es el de contribuir a la derrota de la izquierda en las próximas elecciones. Le dan cancha pero no hasta el punto de poner en peligro el objetivo que han diseñado para él. Por la misma razón, no entienden que no se limite a ser el mayordomo del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso en Madrid cuantas veces sea necesario. 

Quien mostró más agresividad fue Federico Jiménez Losantos, un artista del insulto en su programa de radio en el que la información es sólo el gancho con el que ir hilando toda una serie de invectivas contra sus enemigos. Es un poco el Capitán Haddock de la radio. No necesita un guion para lanzar sus epítetos ofensivos. Le salen de la boca a borbotones.

Juan García Gallardo, vicepresidente de Vox en Castilla y León, es “un joven majaderín que en su puñetera vida ha hecho nada”. “Un mendrugo”. “Con una fatuidad. Con una chulería. ¿Pero este qué se ha creído? ¿Que es ministro de Franco?”.

Un día antes, Gallardo había tenido un duro enfrentamiento con Ana Rosa Quintana. La presentadora de Telecinco le criticó por intentar dar lecciones a las mujeres sobre cómo tener hijos y el trato despectivo que dan a los medios de comunicación que no les bailan el agua –“ustedes no tienen respeto por la libertad de opinión, ni por la libertad de los medios de comunicación”–, lo que es llamativo en un programa en que Santiago Abascal siempre recibe un trato preferente. 

En la entrevista con Rocío Monasterio, Jiménez Losantos casi no dejó hablar a la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid. En cuatro ocasiones, el periodista dijo que había votado a Vox y que ahora le estaban decepcionado con su estrategia: “Yo soy votante de Vox y a mí me estás desengañando”.

A diferencia de otras entrevistas en las que Monasterio sonríe cuando se niega a responder las preguntas o descalifica al periodista, en esta ocasión estaba tensa y seria, consciente de que era incapaz de colar su mensaje. Su intento de despreciar a Losantos diciendo que sólo estaba difundiendo “el mensaje de la SER” fue respondido por su airado interlocutor: “El único medio que ha apoyado a Vox cuando no lo apoyaba nadie es esta casa. ¡El único!”. Fue como la separación de Shakira y Piqué, pero con más veneno en los ataques.

En una demostración de que no hay peor cuña que la de la misma madera, Losantos ridiculizó a Monasterio cuando esta intentó explicar que a las mujeres les falta información sobre el embarazo, y eso que llevan un cierto tiempo teniendo hijos.

Monasterio: “No vaya a ser que nos den demasiada información. No vaya a ser que escuchemos el latido...”.

Losantos: “¿Cómo que demasiada información?”.

Monasterio: “El latido de un niño...”.

Losantos: “Pero si ya lo has oído”.

Monasterio: “Un niño que llevamos en el vientre. Ese es el tema”.

Losantos: “Bueno, te lo puedes poner en el politono del móvil si te hace ilusión”.

Fue un momento insólito en el panorama mediático de la derecha. Losantos tiene un pasado del que creía que le hacía inmune a estas acusaciones, y no sólo por haber votado a Vox. La sentencia de la Gürtel declaró probado que el Partido Popular colaboró con la financiación de Libertad Digital, el medio de Losantos, con 400.000 euros de dinero negro, lo que Luis Bárcenas llamó la “contabilidad extracontable” del PP.

Seguir la pista del dinero es esencial en estos casos. Una vez que las navajas aparecen en primer plano, cualquier cosa es posible. Iván Espinosa de los Monteros respondió a la humillación que había sufrido Monasterio. No se le ocurrió otra cosa que decir que todo se debía a que Losantos tenía miedo de que “su financiación esté en entredicho”. Las pulsaciones del periodista se pusieron al máximo y amenazó a Espinosa con una querella: o hay una “rectificación inmediata, concluyente y clara” o tendrá que “sentarse en el banquillo”.

Sólo el Gobierno de Madrid gasta centenares de miles de euros al año en campañas institucionales que favorecen a algunos medios de derecha como OK Diario por encima de lo que les correspondería por sus datos de audiencia. Por eso, se vigilan entre ellos con miedo a perder un pedazo de la tarta frente a un competidor del mismo espectro ideológico. Es la razón de que el medio de Javier Negre, que es poco más que una cuenta de YouTube, aprovechara esta polémica para incitar a Espinosa a que respondiera a las críticas de Jiménez Losantos. Lo que hizo que este último llamara “el negro del Negre” al que hizo la pregunta al diputado de Vox.

Cuanto más se acerque la fecha de las elecciones, más ejemplos se producirán de estas guerras mediáticas y políticas de la derecha. La histeria es mala consejera. Un buen ejemplo de esta semana ha sido el manifiesto firmado por 254 expolíticos e intelectuales de la derecha. Muchos de ellos hubieran sido situados hace tiempo en lo que se podría llamar el campo de los moderados. Ahora la moderación les ha abandonado y también se han levantado en armas. Sostienen que las decisiones del Gobierno coinciden con las de los independentistas en su intento de “ruptura flagrante de la Constitución” y alertan de que pueden originar un proceso que “acabaría destruyendo la nación política española”.

Una idea similar apareció en el manifiesto de la concentración de este sábado contra el Gobierno, apoyada por el PP, Vox y Ciudadanos. “Estamos ante un plan de mutación constitucional que se mantiene oculto a los ojos de la ciudadanía”, decía. Cómo es posible que se pueda decir que ese plan maligno está “oculto” cuando forma parte de la dieta que suministran cada día los partidos políticos y los medios de comunicación conservadores.

Lo que no está nada oculto es que algunos de ellos se van a devorar por los pies en este año de elecciones. Les va la vida en ello.

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